miércoles, 17 de septiembre de 2014

Hoy en Dialogar, Dialogar (AHS): El desmontaje de la historia y cómo enfrentarlo


La injusticia de la dependencia

Alberto Híjar Serrano
Poca difusión tiene el informe “Fuera de control: tortura y malos tratos en México” de Amnistía Internacional fechado el 4 de septiembre. Las conclusiones advierten el incremento de la tortura y los malos tratos a la par de la militarización del país. Son frecuentes las denuncias de confesiones inculpatorias forzadas, de siembra de pruebas, de encarcelamiento de inocentes que se resistieron a arbitrariedades policiacas donde los culpables acusan a la víctima y logran su encarcelamiento con la complicidad de ministerios públicos y jueces venales. El informe señala como recurrente la detención arbitraria, sin orden de aprehensión ni flagrancia, para luego incluir en la investigación pruebas fabricadas y delitos que a la larga pueden ser disueltos. El arraigo ya prohibido, es práctica habitual en lugares clandestinos. Todo sin presencia de defensor alguno ni atención médica ni orden del juez para atender e investigar la tortura. La negativa de excluir pruebas ilícitas es uso y costumbre y parece que más vale callar las arbitrariedades policiacas y militares porque la inculpación injusta puede ser definitiva.
La impunidad es uso y costumbre hasta el punto de que el hoy Presidente de la República empezó su campaña con una declaración pública de autoelogio por ordenar los crímenes contra Atenco. Abundaron entonces las violaciones sexuales con la novedad de su ejecución en los transportes de inocentes y maltratados manifestantes conducidos en montón al penal de Almoloyita. Algunas mujeres denunciaron en vano, las internacionalistas fueron expulsadas del país, los hombres no se atrevieron a narrar su forzamiento al sexo oral. La impunidad llegó al extremo de atribuirle a los criminales un delito menor por el que el gobierno del Estado de México pagó las fianzas de quienes regresaron a su empleo. El Movimiento 132 no fue suficiente para insistir en el castigo a los culpables, incluyendo a los autores intelectuales principales. Monte Rubido, ejecutor de la brutal represión contra el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, hoy ocupa un cargo principal federal en la seguridad del Estado.
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos no cuenta. En 2013 recibió 3842 quejas y sólo emitió 35 recomendaciones. Amnistía Internacional documenta numerosos casos en los que se cierra la investigación y se niega a las víctimas el acceso al expediente “por el contrario -dice AI- (la CNDH) anima a los miembros de la policía, la marina y el ejército, a que contacten a las victimas directamente a veces acompañados por funcionarios de la Comisión antes del proceso, para ofrecer una indemnización económica”. Esta intimidación y amenaza obliga a recibir la propina para no sufrir la misma suerte de la víctima. El mismo sentido tiene el ofrecimiento de terapia psicológica por militares especialistas instalados en una base militar. Perseo Quiróz, el joven director de AI México, enarboló el informe “Fuera de control” con Yuli Baltazar, sobreviviente de la tortura agravada por su bella piel de mulata. Discriminación, impunidad y complicidad de todos los niveles de la injusticia de Estado, no tienen remedio: en 2003 la CNDH reportó 219 quejas por tortura, en 2013 recibió 1505. La mayoría de las víctimas prefiere sufrir el terror de Estado sin atreverse a la denuncia.
Todo bajo control del Estado. La forzada militarización del país, la exaltación propagandística de las fuerzas armadas, la prepotencia de los contratistas funcionarios en todo iguales a los lectores de noticias por televisión y radio, convocan a la criminalización de los justos, callan la tragedia de los familiares de asesinados y desaparecidos y aplauden la represión por grupos policiacos y paramilitares. En Michoacán, Guerrero y Chiapas, el terrorismo de Estado se agravó a raíz de la oficialización de bandas criminales orientadas a liquidar la resistencia organizada y la autodefensa.
La Asociación Americana (sic) de Correccionales, AKA in english, interviene ahora en el diseño y en la reorganización de las existentes. Ante esto, 50 mujeres del Penal de Atlacholoaya, se declararon en huelga de hambre por la prohibición de tener libros y todo aquello que les permita saber del mundo de fuera. “Hermanas en la sombra”, un colectivo de antropólogas, advierte la injerencia yanqui para liquidar del todo el carácter correccional de las prisiones para imponer el terror en ellas. “Universidades del crimen”, se llama en lenguaje coloquial a las prisiones porque direcciones, custodios, servicios médicos y sistemas de control por las mafias y los sicarios capaces de asesinar como garantía de comer, dormir bien y no hacer fajina en los escusados, forman un sistema con apariencia de orden. Vale recordar mi despedida nocturna de Lecumberri en febrero de 1974 con mis por mí desconocidos compañeros de las Fuerzas de Liberación Nacional de Monterrey, puestos a trapear conmigo a rodilla y entre golpes y cubetazos de agua helada todos los patios. Si hubo visitas al día siguiente, se habrán asombrado de lo limpio de la prisión. 16 penales federales y 6 estatales, la correccional llamada tutelar de Tlalpan en el Distrito Federal donde el adolescente José Revueltas sufrió su primera prisión por vocear El Machete, son orientadas al orden brutalmente represivo de las prisiones yanquis de total aislamiento, represión sin descanso con trabajos forzados, maltratos y extorsiones que alcanzan a los familiares, al estilo norteamericano.
El Estado sabe que hay que hacer más prisiones como la que el año próximo inaugurará el dizque revolucionario y democrático gobierno de la capital de México. Todo a la manera del sistema con más prisioneros en el mundo, Estados Unidos que cuenta 2 millones y 5 millones libres bajo fianza, además de las muy ilegales cárceles clandestinas como Abu Ghraib a cargo de militares educados para odiar a los que no comparten simulaciones electorales, contratos y exterminan la vida de ríos, playas y bosques e imponen reformas legalizadoras de la explotación extrema del campo y la ciudad. La injusticia es la esencia del Estado depredador.
Numerosas organizaciones de familiares de desaparecidos, asesinados y presos sin razón, trabajan esforzadamente y entre ellas, Fuentes Rojas distribuye nombres y situación de las víctimas, incluyendo empleados del Estado, para bordar su memoria en pañuelos cuadrados exhibidos en plazas públicas gracias al trabajo solidario extendido hasta Europa, África, toda América, Australia. Crece la solidaridad internacionalista con México pero crece a la par con mucho dinero y poder la Iniciativa Mérida.   

lunes, 15 de septiembre de 2014

Obama, Cuba y el nuevo terrorismo

Atilio A. Boron
El Estado Islámico ha producido una lamentable innovación en la forma de la muy larga historia del terrorismo. Las ejecuciones ejemplarizadoras de antaño, cuyos testigos directos eran unos pocos, ahora son transmitidas por internet tiempo real y su horrendo impacto llega a los cuatro rincones del planeta. Pero este cambio no oculta el primitivismo del método, la decapitación, utilizado por las más distintas culturas desde tiempos inmemoriales. La opinión pública mundial se estremece y escandaliza ante esta nueva muestra de barbarie, reforzando la satanización del Islam y, por contraposición, exaltando los valores humanistas de la (muy) mal llamada “civilización occidental y cristiana”, esa misma que asistió indiferente ante los hornos crematorios de Hitler, para poner apenas uno de los tantos ejemplos a los que podría apelarse en esta materia. Tampoco se estremeció ante el terrorismo de estado que Israel perpetró con calculado salvajismo hace apenas unas pocas semanas en Gaza, correctamente caracterizada como la cárcel a cielo abierto más grande del mundo. Tal vez porque sus víctimas eran palestinos, o árabes, y por lo tanto sus vidas no valían tanto como la de los periodistas norteamericanos o el rehén británico recientemente ejecutado; o porque el bombardeo indiscriminado de civiles ya ha sido naturalizado y como dice un gran estudioso norteamericano de estos temas, Chalmers Johnson, estamos inundados de eufemismos que ocultan los crímenes con palabras tales como “daños colaterales”, o “cambio de régimen” para no hablar de subversión, de “contratistas” para no decir que son mercenarios, o de “embargo” para no hablar de bloqueo. [1]
Pero hace poco tiempo apareció una nueva forma de terrorismo, más sutil que la de la daga y la cimitarra pero cuyas víctimas se cuentan por millones: el terrorismo financiero. Su principal cultor y exponente no es el repugnante verdugo islámico vestido de negro sino un afrodescendiente de suaves modales, galardonado en el año 2009 con un insólito Premio Nobel de la Paz y que ocupa la presidencia de los Estados Unidos. Resulta que este sujeto ha lanzado una furiosa ofensiva para lograr el “cambio de régimen” en Cuba, es decir, para subvertir el orden constitucional y social de la Isla reemplazando al gobierno de la revolución por un protectorado norteamericano que cierre el paréntesis (según la derecha imperial) abierto el 1º de Enero de 1959. Para el logro de tan innoble finalidad a ahora apela al terrorismo financiero, empequeñeciendo en este terreno lo hecho por su indigno predecesor, George W. Bush. No sólo ha mantenido el ilegal, inmoral y criminal bloqueo en contra de Cuba, caso único por su duración e intensidad en la historia universal, sino que en los últimos meses ha redoblado su patológica agresividad al imponer durísimas sanciones a bancos de terceros países por el imperdonable pecado de participar en negociaciones o transacciones comerciales originadas en, o destinadas a, la isla caribeña. El objetivo terrorista de este empeño es infringir un brutal castigo a toda una colectividad, la sociedad cubana, para que se arrodille ante sus verdugos. No hay aquí daga ni cimitarra, pero el objetivo es el mismo y las víctimas, muchas de ellas mortales, de este nuevo terrorismo, se pueden medir por centenares, o miles, según el caso. Ratificando en los hechos que Estados Unidos es un imperio, y que sus leyes, como las de su antecesor romano, se aplican en todo el mundo, ha hecho de la extraterritorialidad de su legislación un poderoso instrumento de dominación. Aplicando las leyes Torricelli y la Helms-Burton, Washington dispuso recientemente sancionar al banco BNP Paribas con una multa de 8.834 millones de dólares por su intervención en distintas transacciones realizadas por los  gobiernos de Cuba, Sudán e Irán,  caracterizados como “enemigos” e incluidos en la lista de países que promueven, amparan o protegen al “terrorismo”.[2]       
A raíz de esta descomunal sanción –sin precedentes por su monto- el banco canceló todas sus operaciones con organismos y entidades cubanas, ejemplo que fue velozmente imitado por numerosas instituciones bancarias de todo el mundo aterrorizadas también ellas ante esta nueva muestra de prepotencia imperial, ilegal hasta el tuétano, pero que Obama ejerce con una impunidad que supera con creces aquella de la que hace gala el verdugo jihadista.  Según un informe dado a conocer recientemente por al MINREX cubano, en el período comprendido entre enero del 2009 y el 2 de junio del 2014, es decir, con anterioridad a la megamulta en contra del BNP Paribas, el Nobel norteamericano aplicó sanciones a 36 entidades  de Estados Unidos y del resto del mundo por un valor de casi 2.600 millones de dólares por el “delito de relacionarse con Cuba y otros países”. Semejante acto de terrorismo financiero se fundamenta en las citadas leyes, la última de las cuales fue concebida por dos trogloditas sobrevivientes del Paleolítico inferior:  el senador republicano ultraconservador de Carolina del Norte, Jesse Helms, un fascista homofóbico de marca mayor de la nueva derecha evangélica norteamericana, y el representante republicano por Indiana, Dan Burton, adscripto al Tea Party, amante de las armas de fuego y acérrimo opositor  a la vacunación obligatoria establecida por la legislación federal porque, según este eminente tribuno, “producen autismo” en niños y jóvenes. Va de suyo que entre tantas aberraciones estos dos cavernícolas -que ya han se han sumergido en las inmundas cloacas de la historia de la reacción mundial-  se caracterizaban también por su ardoroso anticomunismo, que los llevó a redactar la ley que lleva sus nombres. Esa pieza legislativa se denomina “Ley de la Libertad Cubana y Solidaridad Democrática”, un eufemismo más de los tantos denunciados por Johnson. Su verdadero nombre debería ser “Ley para destruir a la Revolución Cubana, apelando a cualquier recurso.”
Ahora bien, el terrorismo financiero de Obama tiene eficacia, en el caso que nos preocupa, por la cobardía de los gobiernos que consienten la extraterritorialidad de la legislación estadounidense. Si naciones pequeñas y débiles no tienen otra opción que resignarse ante la prepotencia imperial no ocurre lo mismo con Francia, cuyo presidente François Hollande demostró no sólo que de socialista no le queda ni el nombre sino también que carece de las más elementales agallas políticas requeridas ya no para ser presidente de ese país sino para ser un humilde alcalde de cualquier ciudad del Tercer Mundo. Se arrastró para suplicarle al Nobel de la Paz 2009 que intercediera por el banco francés, a lo que Obama respondió que se trataba de un asunto exclusivamente jurídico y que nada podía hacer al respecto. La misma respuesta en relación a la ofensiva de los “fondos buitre” sobre la economía argentina. Estados Unidos crea una norma legal, que es política hasta la médula, y luego la aplica a rajatabla escudándose en la supuesta rectitud  jurídica y el carácter “apolítico” de la misma. Si Hollande hubiera poseído la milésima parte de la valentía que exhibieron sus compatriotas en la Comuna de París (o, en un ejemplo más cercano, Charles de Gaulle) le habría dicho a Obama que la legislación que apruebe el Congreso de los Estados Unidos le tiene sin cuidado y que no tiene vigencia en Francia, así como las leyes que apruebe la Asamblea Nacional de su país no la tienen en Estados Unidos. Pero la descomposición moral del socialismo francés ya es irremediable. Lo prueba también la actitud de su Ministro de Finanzas , Michel Sapin, quien dijo que la medida aplicada por Washington era “desproporcionada”  –no que era ilegal, inmoral e ilegítima, sino sólo “desproporcionada”- y que confiaba en que el BNP Paribas podría “financiar su actividad económica de manera satisfactoria” seguramente enterado de que la multa en cuestión representa alrededor del 80 por ciento de las ganancias del banco durante el año 2013. Pero, ¿qué queda del “grandeur de la France” después de este papelón? Napoleón y de Gaulle se revolverían en sus tumbas si supieran de este descenso de su amado país a la condición de una indigna colonia yankee, lo que hizo que el banco se declarase culpable de los dos cargos criminales por los cuales fue acusado por las autoridades norteamericanas: la falsificación de informes financieros y conspirar contra los Estados Unidos. No sólo eso: abandonado por su propio gobierno el BNP Paribas admitió también la prohibición impuesta por la justicia norteamericana de efectuar ciertas transacciones en dólares durante un año, a partir del 1º de enero del 2015 y, por último, la orden de despedir a 13 empleados del banco por su intervención durante las diversas transacciones objeto de la penalización.  En otras palabras: el inquilino de la Casa Blanca tiene el poder para cometer todas estas tropelías que violan desde la A hasta la Z de la legalidad internacional y luego se declara impotente para conceder el indulto que haría justicia a los tres luchadores antiterroristas cubanos que continúan presos en las mazmorras imperiales. ¿Omnipotencia para un lado, como para llegar hasta el extremo de exigir que una institución bancaria del extranjero despida a 13 empleados, e impotencia para el otro, a la hora de conceder un más que merecido indulto a tres inocentes que llevan 16 años en prisión?
Conclusión: estamos en presencia de una nueva forma de terrorismo, tanto o más letal que la primitiva y con un alcance muchísimo mayor. Un terrorismo que responde a las recomendaciones de teóricos y estrategas imperiales como Joseph Nye Jr. cuando aconseja a Washington navegar en las turbulentas aguas del sistema internacional  haciendo uso de una adecuada combinación del “poder duro” de los militares con el “poder blando” de la industria cultural y la ideología.[3]  La síntesis de ambos sería el “poder inteligente”, más eficaz que aquel que sólo se apoya en la elocuencia de las armas. El acoso financiero sería, según esta corriente de pensamiento, una expresión de ese “poder inteligente” que somete y oprime apelando a recursos distintos a los convencionales pero, decimos nosotros, igualmente terroríficos. Sólo que los crímenes del terrorismo financiero no son exhibidos como tales por el inmenso aparato mediático de la derecha mundial sino que se lo hace aparecer como una cuestión de técnica jurídica,  de respeto a los contratos y a la ley, aunque se trate de la ley de un estado imperial que con prepotencia la impone sobre el resto del planeta. Un terrorismo disimulado pero letal que, a diferencia del caso del verdugo jihadista,  no ofende -¡por ahora, como dijera el Comandante Hugo Chávez!- a la conciencia universal de nuestro tiempo. Pero que más pronto que tarde será repudiado por la gran mayoría de los países que componen este atribulado planeta. De esto que a nadie le quepa la menor duda.  

NOTAS
[1] Ver su excelente Dismantling the Empire. America’s last best hope (New York: Metropolitan Books, 2010), pp. 99-103.
[2] Una crónica sobre esto se encuentra en “¿Qué hizo BNP Paribas para enfrentar una multa récord de Estados Unidos?”,  un cable de la BBC que puede leerse en: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/07/140630_economia_eeuu_multa_bnp_parisbas_ng.shtml
[3] Cf. The future of power (New York: Public Affairs Book, 2011) y su obra previa, Soft Power: The means to success in world politics (New York: Public Affairs Book, 2004).

viernes, 12 de septiembre de 2014

“Tenemos muchos amigos en EE.UU.”

Gustavo Veiga
Tomado de Página/12
Desde la Prisión Federal de Marianna, Florida, el ingeniero Antonio Guerrero respondió a las preguntas de Página/12. Hoy se cumplen dieciséis años de su detención en Estados Unidos. Es uno de “los cinco héroes”, como se considera en Cuba a los agentes de inteligencia que se habían infiltrado en el exilio anticastrista de EE.UU. para frenar una ola de atentados terroristas en la isla, allá por 1998. La Justicia de ese país lo condenó a 22 años de cárcel por espionaje. El, Ramón Labañino y Gerardo Hernández continúan presos. Sus compañeros René y Fernando González fueron liberados después de cumplir también largas penas.

¿Qué significa para usted la palabra libertad cuando acaba de cumplir 16 años de prisión en EE.UU.?
Hay una libertad que nadie puede quitarte, es la libertad cuando uno se siente haciendo un bien, es la libertad de cuando se es útil a una causa justa, es esa libertad que se siente cuando se tiene amor de tanta gente hermosa y valiente, es la simple libertad del hombre inocente al que han condenado injustamente a una larga prisión, incluso, a morir en una prisión.

¿Cuánto lo ayudaron a tolerar el prolongado encierro sus convicciones políticas, su formación dentro de la Revolución Cubana?
Más que de convicciones políticas se trata de nobles principios en los que nos educó la Revolución y que aprendimos de nuestro pueblo y su historia. Hablo de los principios martianos por los que nos guiamos y llegamos un día a comprender todo lo que encierra ese pensamiento del apóstol de nuestra independencia: “Patria es humanidad”. La Revolución nos dio la oportunidad de estudiar en excelentes escuelas con grandes maestros, a mí me dio la oportunidad de graduarme de una carrera universitaria en las lejanas tierras de la actual Ucrania, y con un ingreso muy modesto; sin la presencia de mi padre fallecido muy joven, mi familia nunca tuvo que preocuparse de si podían o no pagar mis estudios. Todos los estudios eran gratuitos. Y ese gran logro de la Revolución de la enseñanza gratuita se mantiene en Cuba.

¿Sus creaciones como los poemas o las acuarelas pueden considerarse una parte de su lucha o son tan sólo expresiones artísticas que contribuyeron a paliar en algo su detención?
Mis creaciones poéticas y plásticas no sé a veces explicar cómo surgieron. Creo que son el resultado de mi formación, tanto en el hogar como en las escuelas. En cada etapa esas creaciones han sido un arma para la resistencia, pero por sobre todo son una muestra de la esencia humana de los Cinco.

La prensa de Miami fue determinante para influir sobre el jurado que los condenó, según se denunció judicialmente, y la de EE.UU. en general casi no trató sus casos. ¿Cree que los medios pueden modificar esa postura?
Voy a responder con una vivencia. Cuando comenzó nuestro juicio, aquel 27 de noviembre de 2001, en la Sala de la Corte había reporteros de muchos medios de prensa, no sólo de los medios de Miami. Los grandes periódicos fueron muy cautelosos al comentar el inicio de nuestro proceso judicial. Un buen día desaparecieron todos de la sala, ¿dejando sólo a quiénes? Pues a aquellos reporteros que eran pagados por el gobierno para crear una campaña contra Cuba y contra nosotros. ¿Quién dio la orden de retirada? No sé. ¿Quién puede dar la orden para modificar eso? Tampoco lo sé. Pero hay preguntas que, aunque no se sabe la respuesta exacta, uno deduce de una manera u otra. Es increíble que el juicio más largo de la historia de una corte de la Florida, y creo que hasta de todo el país, con una cantidad significativa de testigos, algunos que ocuparon y ocupan altos cargos militares y de gobierno, con toda la repercusión en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, se haya silenciado de la manera en que se ha hecho.

Entre los 16 años en prisión y otros ocho que llevaba en EE.UU. antes de ser detenido suma casi 24 fuera de Cuba, ¿cómo imagina hoy a su país?
Por varias vías recibimos constantemente noticias de Cuba. Las leemos con mucho interés. Miro las fotos en cada publicación con mucho amor. Interrogamos a nuestros familiares hasta los mínimos detalles sobre cada cosa del barrio, del pueblo, de la vida diaria. Sabemos que no es lo mismo que estar allí, donde se palpa el calor del pueblo y nuestros cotidianos avatares. Pero la verdad es que a Cuba siempre la imagino hermosa, digna, sonriente, habladora, jaranera, hospitalaria, tal y como es nuestro pueblo.

Alguna vez dijo que mirar a sus dos campeones, sus hijos Antonio y Gabriel, equivalía a hacer desaparecer todos los muros de la prisión. ¿Cómo y cuándo se imagina el día de su liberación?
El día de mi liberación, como dice mi adorada madre, será “mucho para un solo corazón”. Pero tenemos el corazón preparado para ese día. Sabemos que llegará para los tres que quedamos del lado de acá. Y lo imagino como otro punto de partida para otras tareitas, rodeado del amor de mis campeones y de muchos otros amores, a quienes deseamos darles un fuerte abrazo.

¿Qué sensación le deja el gran movimiento de solidaridad internacional que recibió y sigue recibiendo la causa de los Cinco?
La primera sensación que siento cuando pienso en la inmensa solidaridad, creciente e indetenible que nos rodea, es el amor que tienen tantas personas a Cuba y a nuestro pueblo. Muchas personas, que incluso nunca han estado vinculadas con el proceso revolucionario cubano. Cuando han conocido de nuestra situación nos escriben, nos muestran su apoyo, asisten a una actividad, preguntan, buscan más información. Saber que todos ellos de una u otra manera reclaman nuestra libertad nos hace sentir muy optimistas y fuertes.

¿Cómo analiza ciertas demostraciones de respaldo que tienen dentro de EE.UU. como, por ejemplo, las de los maestros de Seattle que apoyan la exposición de sus cuadros o de varios intelectuales?
Tenemos muchos amigos dentro de los Estados Unidos. En mi caso, tengo amigos de donde vivía, la pequeña ciudad de Key West, una islita situada lo más al sur del territorio estadounidense. Esos amigos desde mi arresto me escribieron cartas y aún me escriben. Nunca se han olvidado de mí ni yo de ellos. En verdad fueron mi mayor apoyo en los momentos más difíciles y fueron un apoyo para los Cinco, porque todos nos poníamos contentos con cada carta que me llegaba.

Otras formas de decir (por la libertad de #LosCinco)

Tonito e Irmita, hijos de Tony y de René, durante el panel de los hijos de los Cinco
Enrique Ubieta Gómez

El discurso hablado tiene límites. Cuando se desoyen argumentos y razones bien expuestas, el diálogo se frustra. Entonces, aparecen otras formas de decir. Los Cinco lo saben. El rostro callado y serio de Fernando, habla. Trato de recordarme que ese ser gigante de pequeña estatura estuvo 15 años preso sin doblegarse. Que hace seis meses, todavía estaba preso. Él se escabulle del elogio, rehuye las miradas de admiración, contraataca con la imagen de un hombre común. Nadie puede asomarse al abismo de sus recuerdos. Hay otras formas de decir. Cuenta Irmita, la hija mayor de René, que el día de la sentencia, no estaban en la sala los familiares de Ramón (no habían recibido la visa estadounidense); pero, recuerda “entró sonriendo, sonriéndome”. Y ella supo que también lo representaba a él.
Tony escribe poemas, dibuja y transforma las palabras en imágenes poéticas o visuales. Son detalles: un pie desnudo, un reloj en la pared, unas cadenas, el absurdo de los llamados documentos secretos del juicio. Como los jueces no quieren escucharlo, se transforma en un pintor minimalista. El día del injusto veredicto, escribe, “al llegar a la unidad de dormitorio, para nuestra gran sorpresa, fuimos recibidos con fuertes aplausos por la gran mayoría de la población penal con la que habíamos convivido durante esos meses de juicio”, y dibuja unas manos que aplauden, y esos aplausos preludian los que vendrían después, desde todos los rincones del planeta.
Pero hay rostros que necesitan esconderse, porque pueden revelar vergüenza o compasión de sí. Así son los carceleros. Nadie mejor que una niña de 5 años para comprenderlo. Lo cuenta la hija intermedia de Ramón, que ya es una muchacha. Dice que tuvo la ingenua y muy cubana pretensión de compartir el dulce de la visita con el carcelero que los observaba imperturbable. Recibió un no frío, cortante, y me atrevo a decir, sorprendido. Desde la memoria infantil recuerda: el carcelero es un hombre lleno de llaves que suenan al caminar, de trato y miradas frías, ceño fruncido, y actitud hostil.
Todo esto lo escuché o lo vi ayer, 11 de septiembre, un día para luchar contra el terrorismo: el que asesinó al presidente Allende, en 1973, y a miles de jóvenes chilenos que soñaban con un mundo más justo, más bello; y el que muchos años después, en el 2001, hizo caer las Torres Gemelas. Pero, ¿acaso no es el mismo? Y aunque se confundan víctimas y victimarios, los que apoyaron y conspiraron contra Allende, armaron y entrenaron también a los talibanes que luego, según la versión al uso, colocaron los explosivos en Nueva York. Y los que entrenaron y protegen a los autores del atentado de 1976 al avión civil cubano o mantienen un bloqueo económico, comercial y financiero contra mi pueblo, son los que entregan armas y protegen a los gobernantes israelitas, empeñados en aniquilar al pueblo palestino.
Fue una reunión de amigos de todos los continentes que reclaman el regreso inmediato a la Patria de Tony, Ramón y Gerardo, los héroes que aún quedan en prisiones estadounidenses –ya están Fernando y René con nosotros–, después de 16 largos años, por luchar contra el terrorismo. Y escuchamos los testimonios de sus hijos, pequeñitos en los primeros años de encierro, hombres y mujeres hoy, y apreciamos las acuarelas de Tony, y conspiramos a favor de la justicia, de la verdad, de la belleza.
Y comprendí que a veces son más efectivas, más elocuentes, otras formas de lenguaje: una sonrisa, un poema, una acuarela, un aplauso.

El Premio Nobel de la Paz va a la guerra

Omar Rafael García Lazo
Ocurrió lo que se necesitaba: un pretexto más sólido, más limpio, aunque igual de cínico. Obama ha anunciado la formación de una coalición internacional para combatir, sin desplazar tropas, al grupo terrorista Estado Islámico, tanto en Iraq como en Siria.
Se esperaba algo así, sobre todo después de que ningún satélite, ningún medio de exploración aéreo o terrestre, ningún espía de la OTAN, EE.UU., Israel o algún fraticida Estado árabe, advirtiera que un grupo “irregular” de miles de bandidos terroristas con medios de transporte y armamento pesado, que hace más de tres años combate en Siria, avanzaba desde ese país en dirección a Iraq.
Pero el sentido común, en un esfuerzo por no sucumbir a la marea mediática que trata de nublar la realidad, nos indica que es absolutamente imposible que en Washington se hayan enterado de la ofensiva terrorista contra Iraq solo cuando estos ya tenían plantada su bandera en la provincia iraquí de Saladino, o que se enteraran de las atrocidades de los terroristas por dos videos difundidos en la red, cuando antes, mucho antes, ya esos bandidos habían cometido fechorías igual de repugnantes en territorio sirio, mientras que en Washington solo se pensaba en cómo apoyar a esa “oposición”.
Pero si faltara algo para convencerse, solo hay que observar cómo los terroristas mercenarios comercian con total tranquilidad el petróleo que emana del suelo iraqui que hoy ocupan. ¿Cómo es posible que la primera potencia mundial y sus aliados occidentales y árabes unido a Israel no consigan saber quién compra ese petróleo, cómo lo transportan, cómo hacen las transacciones financieras, dónde compran el armamento y quién se los vende?
Ni Reagan, ni Bush padre, ni siquiera Bush Jr. fueron tan cínicos como Obama en los momentos en que anunciaron al mundo la decisión de ir a algunas de las tantas guerras imperiales que ese país ha iniciado. Esta vez la desfachatez política alcanzó ribetes inimaginables, pues a los cuestionamientos anteriores, debemos sumar la imagen de pacifista y hombre de diplomacia que el sistema le ha construido a uno de sus hombres, el mismo que promovió los golpes de Estado en Honduras, Paraguay, Ecuador y Bolivia, el que mantiene una ofensiva contra Venezuela, recrudece el cerco financiero contra Cuba, desangró a Libia y Siria, alienta la violencia en Ucrania y cerró los ojos frente al crimen israelí en Gaza.
Bastante se ha denunciado la catadura moral de la “oposición siria”, compuesta en su mayoría por mercenarios árabes, europeos y hasta asiáticos. Muy claro también está qué intereses representan y defienden. Llama poderosamente la atención que siendo árabes no se hayan inmutado ante la ofensiva sionista de Israel contra Gaza. ¿Por qué no dirigieron sus efectivos para defender a los palestinos? ¿Acaso no es el sionismo el enemigo histórico de todos los árabes, tengan la confesión que tengan?
La movida está muy clara. Después de las victorias del Ejército de Siria contra los grupos mercenarios y terroristas, EE.UU. y sus aliados cambiaron el juego táctico hacia Iraq con el fin de darle cobertura política a la decisión de bombardear Siria.
De paso, removieron al incómodo Primer Ministro shiíta Nuri Al Maliki, amigo de Damasco y Teherán y golpearon a HAMAS en Gaza. Todo parece indicar que en el Pentágono y el Departamento de Estado existe la convicción de que ha llegado el momento de reequilibrar a su favor la balanza geopolítica en la zona y retomar la iniciativa contra Siria e Irán en el plano táctico, pues el objetivo estratégico sigue siendo Rusia.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Putin, el judo y Fidel

Ángel Guerra Cabrera
El cese del fuego conseguido en el sureste de Ucrania el 5 de septiembre constituye otra derrota de los intentos estadunidenses de usar ese Estado como ariete contra Rusia y saquear sus riquezas. Anteriormente, el golpe de Estado de Maidán facilitó la brillante jugada geopolítica del presidente ruso Vladimir Putin que permitió la reintegración de la península de Crimea a Rusia mediante la abrumadora decisión soberana de sus ciudadanos y con ello el regreso a territorio ruso de la estratégica Flota del Mar Negro.
Más de un observador internacional ha afirmado que mientras Obama es jugador de damas chinas, Putin es un diestro ajedrecista, juicio con el que coincido. Pero, al parecer, Putin, quien practicó también el judo, ha desarrollado como Fidel Castro la habilidad de aplicar a la política el principio fundamental de ese deporte, al utilizar contra el contrario toda su fuerza para derrotarlo. Washington ha tenido que calarse unas cuantas palizas de Fidel a lo largo de los años en que el comandante, como ahora Putin, ha hecho gala de una excepcional destreza para reducir al adversario sin apenas despeinarse.
Los intentos de Estados Unidos para cercar y destruir a Rusia y a China no se han detenido nunca pese a la desaparición de la Unión Soviética y a los estrechos vínculos económicos que unen a Washington con Pekín. Se suponía que la OTAN, aunque fue creada primero(1949), tenía como razón de ser el enfrentamiento a los ex estados socialistas de Europa agrupados en el Pacto de Varsovia(1955).
De modo que la alianza atlántica debió disolverse una vez que dejó de existir su contraparte(1991) y que se dio por oficialmente concluida la llamada Guerra Fría. Pero no fue así. De la misma manera que se vulneró escandalosamente por Washington la promesa realizada a Mijail Gorvachov por George W.H. Bush de que la OTAN no se ampliaría hacia el este, en dirección a la antigua frontera soviética. Resulta que la casi totalidad de los ex países socialistas europeos han ingresado a la alianza occidental desde 1999 y en varios de ellos se han instalado bases militares del grupo.
La criminal campaña de bombardeos de la alianza contra las ciudades e infraestructura civil de la antigua Yugoslavia(1999), llevada a cabo totalmente al margen de la legalidad internacional, pues no tuvo la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU, fue una clara señal de la deriva antirrusa contenida “en el ADN” de la OTAN, según la gráfica definición realizada por la diplomacia de Moscú después de la ridícula cumbre de la OTAN de la semana pasada en Reino Unido.
Mientras esta concluía entre histéricos graznidos antirrusos, los nazis instalados por Washington en el gobierno de Kiev se veían obligados a aceptar íntegramente el plan de cese el fuego en el este de Ucrania propuesto por Putin. No tenían de otra pues simplemente el ejército que habían lanzado en abril a lo que se llamó una operación antiterrorista, reforzado por los nazis del Sector Derecho y los mercenarios reunidos en la Guardia Nacional, había sido puesto de rodillas por los audaces golpes y maniobras de las autodefensas de las repúblicas autónomas de Donetsk y Lubansk, proclamadas y refrendadas en plebiscito por la gran mayoría de sus habitantes.
El antiterrorismo consistió en una cobarde guerra contra la población civil de la región, cuyas ciudades fueron bombardeadas por aire y tierra durante semanas, mientras los facinerosos del Sector Derecho asesinaban prisioneros y ni siquiera daban digna sepultura a sus muertos.  Esta carroña, admiradora del criminal de guerra nazi y asesino de judíos y campesinos polacos Stepan Bandera, es la que Estados Unidos y sus socios europeos están alebrestando y tratando como heroicos combatientes por la libertad. Otro Estado Islámico pero derrotado ignominiosamente al nacer.
Rusia tuvo que imponer la llegada de la ayuda humanitaria a la zona por la renuencia criminal de Kiev a que le fuera proporcionada a una población que no tenía ni agua que tomar desde hacía semanas.
Si los militares rusos dieron algún apoyo y asesoría a las autodefensas, estaban en todo su derecho, como antes en la recuperación de Crimea, aunque nadie ha podido presentar prueba alguna de ello.
Lo que sí está muy claro es que los agitadores y protagonistas del golpe en Kiev han estado empujando las cosas hacia una guerra nuclear, pues un enfrentamiento bélico de Washington y Moscú no puede terminar de otra manera.

jueves, 4 de septiembre de 2014

A propósito de Canción de barrio: las coordenadas de la Utopía

Enrique Ubieta Gómez
Vivimos tiempos difíciles. La tierra que antes se divisaba en el horizonte y que nos compulsaba a remar con fuerza, sin reparar en obstáculos y sacrificios, se desdibuja; alguien al parecer ha dicho –o existe un mal sobreentendido al respecto–, que no podrá alcanzarse, que apenas era un motivo literario que nos ayudaba a crecer, lo que de repente nos deja a solas con el presente, un presente que sin pasado y sin futuro, sin una visión móvil, un desde y un hacia, se convierte en charco sucio, en agua estancada. El llamado realismo sucio en la literatura, el teatro o el cine –y fuera o dentro del arte, en la crítica social–, es la expresión artística o científica del corte de luz, de la falta de percepción de (o la renuncia a) un destino. Es el tipo de arte o de ciencia cubanos que las trasnacionales promueven, el que establece el nuevo dogma que debe paralizar la navegación. Un profesor de fotografía decía a sus alumnos, mientras mostraba la foto de un anciano desvalido que pasaba junto a un almendrón roto: esta es la imagen típica de Cuba en el mundo. Es una verdad a medias decir que el arte refleja la realidad, también la construye.
Digamos que el capitalismo jamás renuncia a fabricar destinos, aunque falsos y de corte individualista: las mayorías que respiran en puntas de pie sobre el agua, sueñan con un golpe de suerte que los catapulte hacia el éxito económico personal. Los que habitan las favelas de Río no se ofenden si las telenovelas brasileñas presentan a sus coterráneos en lujosas mansiones: ellos aspiran a vivirlas. Pero si se cancelan los sueños, los destinos, el mundo colapsa. Obama (el sistema, caramba, no hablo del vocero) lo sabe, y le dice a los suyos, a los estadounidenses simples, que tienen una misión, divina o histórica, da igual. Si durante el viaje perdemos los puntos cardinales, si el socialismo, que solo puede entenderse como un viaje hacia otro mundo, pierde los referentes de partida y de llegada, todo termina: decir que el pasado que nadie vivió era peor y que un futuro capitalista que nadie ha vivido también sería peor, es pura abstracción. Pésima explicación para los jóvenes. El futuro es esperanza, y si lo queremos socialista, no basta con alertar sobre las seguras consecuencias de uno capitalista. Son los límites sobre los que se encuadra el dilema, pero el dilema es el hoy.
Si los ciudadanos perciben que ha comenzado la era post revolucionaria, buscarán sus islas personales, harán maletas para sus viajes privados. Nadie puede vivir sin destino. Y la cultura del tener, la capitalista, nos rodea como la maldita circunstancia del agua por todas partes. Nuestros ciudadanos descreídos no reparan en lo obvio que tienen, quieren al fin dos pantalones vaqueros, un celular “inteligente” y un auto; los jóvenes descreídos del mundo tienen los dos pantalones, el teléfono y el auto (no importa el año, o la marca), y pelean en la calle contra las fuerzas antimotines por aquello que los nuestros tienen. Si los jóvenes cubanos soñaran bajito, a ras de tierra, el futuro de la Patria estaría hipotecado.
¿Pero por qué los jóvenes deben defender la Revolución, el presente al que llamamos Revolución? ¿Por lo que han hecho sus padres y abuelos? No es poco lo que han hecho, pero ese es apenas el punto de partida. Debemos defenderla por lo que ellos (los jóvenes) harán. Para los que no han perdido la fe –y creo que son suficientes en número y en capacidades– no basta lo mucho e imperfecto que hicimos: la Revolución debe defenderse porque todas las pequeñas, medianas y grandes imperfecciones actuales (pueden dársele otros nombres), las que ellos detectan con justa indignación, y todas las conquistas invisibles (porque ya se asumen como naturales), podrán superarse o mantenerse solo si esta se preserva. Es decir, si la pasión por la justicia social no cede, si no se renuncia a la búsqueda de un camino alternativo que garantice el consumo y dignifique la vida, pero que eluda el consumismo y las visiones pragmáticas; si los sueños no se domeñan, si no se nos cortan las alas en nombre de una racionalidad castrada. Donde no hay “imposibles” por conquistar, no hay revolucionarios.
Ser revolucionario es defender a los humildes, a los pobres de la tierra. No puede existir otra interpretación. Esta es una Revolución de, por y para los humildes. Raúl lo ratificó el pasado primero de enero, cuando recordó las palabras fundacionales de Fidel: “La Revolución llega al triunfo sin compromisos con nadie en absoluto, sino con el pueblo, que es al único que le debe sus victorias”, y reiteró Raúl: “Cincuenta y cinco años después, en el propio lugar, podemos repetir con orgullo: ¡La Revolución sigue igual, sin compromisos con nadie en absoluto, solo con el pueblo!”. A veces, sin embargo, ante la ausencia de una teoría que salve y demuela, que restaure el concepto de socialismo por caminos nuevos, nos acecha el espejismo socialdemócrata. En justo escape de los esquemas soviéticos (estalinistas), caemos en los brazos de la socialdemocracia: una puerta llena de artificiales luces rojas, que nos conduce de vuelta al capitalismo. Los cambios en Cuba son imprescindibles y están en marcha. Hay quienes los empujan hacia aquella puerta. Y hay quienes se oponen a ellos, porque viven cómodamente instalados en las telarañas de la burocracia o ya no pueden modificar sus hábitos y conceptos. Ni los primeros ni los segundos se interesan por el pueblo. “Canción de barrio”, el documental de Alejandro Ramírez Anderson –en el espíritu de Santiago Álvarez, como nos recuerda Rebeca Chávez, ajeno a la moda del realismo sucio, comprometido con el destino de la sociedad en la que vive– es un latigazo a la conciencia. Esos marginados son nuestros, y los revolucionarios cubanos tendremos que pelear por ellos; son los insalvados del bloqueo estadounidense y de la burocracia, de la abrupta caída del imperfecto pero justo sistema socialista de relaciones comerciales y de la impericia, el despilfarro y la corrupción. Que no mueran de hambre, puedan estudiar y reciban atención médica gratuita de primero, segundo y tercer nivel, los diferencia de sus pares latinoamericanos. Pero la Revolución quería más, los revolucionarios queremos más. Son sobrevivientes de una guerra interna y externa que ya sobrepasa las cinco décadas. Para ello tendremos que ser eficientes, a pesar del implacable bloqueo económico, financiero y comercial, de la guerra abierta y solapada, de la subversión y de los funcionarios ineptos. Me apunto en la guerra de Silvio: a los errores y desvíos del pasado reciente no podemos regresar. Todo lo que frene o entorpezca a la Revolución –que no puede acabar–, es un pasado inadmisible; como aquel que le antecede, el de los años cincuenta, el de la Cuba “de charanga y pandereta”, parafraseando un verso de Antonio Machado. La defensa del proyecto hoy permitirá que avancemos hacia un futuro anticapitalista, hacia un destino patrio. Solo desde la pelea del hoy podrán visibilizarse las coordenadas del movimiento: lo que fuimos y lo que queremos y podremos ser.

Brasil: Marina deja en claro a qué vino

Emir Sader*
Después de algunas semanas, Marina Silva lanzó su programa de candidata a la presidencia de Brasil. Tres puntos se destacan por su relevancia: independencia del Banco Central, baja del perfil del pré sal y baja del perfil del Mercosur, sustituido por acuerdos bilaterales. Los tres puntos no podrían ser más significativos, porque se chocan directamente con las orientaciones de los gobiernos de Lula y de Dilma. Los tres, en su conjunto, apuntan hacia un proyecto de orientación netamente neoliberal.
La autonomía del Banco Central es una de las tesis más pregonadas por el recetuario neoliberal. Repone el debilitamiento del Estado y el fortalecimiento de la centralidad del mercado, porque se sabe que la mentada independencia es respecto del gobierno. En este caso, sobre un modelo de desarrollo económico indisolublemente vinculado a la distribución del ingreso. Restar al gobierno el control de la política monetaria y dejarla sometida a la influencia directa de los agentes del mercado –en particular del sistema bancario privado– es desplazar la capacidad de ese modelo de someter el equilibrio fiscal a las políticas distributivas y someterse a la centralidad del ajuste fiscal, buscado por el neoliberalismo.
Bajar la importancia del pré sal es tirar por la borda la capacidad de Brasil para independizarse en términos de política energética, de disponer de gran cantidad de recursos provenientes de la exportación y, además, conforme a una decisión ya aprobada por el Congreso, dedicar el 7,5 por ciento de esos recursos para la educación y el 2,5 por ciento para la salud.
Sería una política suicida también en términos de desarrollo tecnológico de Brasil, y no sería eficaz como impulso económico, por las inmensas demandas que la exploración del Pré sal requiere.
Esas posiciones se complementan –y ganan su pleno sentido– cuando se analiza qué puede querer decir bajar la importancia del Mercosur y desarrollar acuerdos bilaterales. El Mercosur significa aquí la política de prioridad de los acuerdos regionales respecto del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, pregonado por el gobierno de Fernando Henrique Cardoso y bloqueado por la victoria de Lula en 2002.
Bajar la importancia del Mercosur entonces, en verdad, significaría bajar la importancia de toda la gama de instancias de integración desarrolladas y creadas en los últimos años: Banco del Sur, Consejo Sudamericano de Defensa, Unasur, Celac, así como los mismos Brics y sus acuerdos recién establecidos, que incluyen el Banco de Desarrollo y el Fondo de Reservas de apoyo a países con problemas de divisas.
No queda claro qué tipo de acuerdo bilateral es referido en el programa, pero se teme que sea, antes que nada, con Estados Unidos y los países del centro del capitalismo. A partir del cual es imposible que Brasil siga en el Mercosur, apuntando, a lo mejor, hacia una decisión de ruptura total de Brasil con todos esos organismos y una reinserción radical y subordinada a Estados Unidos, con todas las consecuencias regionales y globales que ello tendría.
No hay duda de que cambia la forma del enfrentamiento electoral, con la polarización alrededor de Marina Silva y de Dilma Rousseff, pero el contenido sigue siendo el mismo: continuidad del gobierno posneoliberal del PT o retorno de un proyecto neoliberal, ahora disfrazado de algunas –pocas– remanentes proclamas verdes –Marina ya declaró que nunca fue contra los transgénicos–, por ejemplo, una supuesta renovación de la política por encima de los partidos y de la polarización izquierda-derecha, reagrupando a la derecha detrás de sí.
Es un regalo para la derecha brasileña y para Estados Unidos, que estaban cerca de ver a sus candidatos y sus tesis derrotadas una vez más. El monopolio privado de los medios de comunicación –el verdadero partido de la derecha– sin duda obtendría una gran victoria, en caso de que su nueva candidata lograra derrotar al gobierno del PT –objetivo único, por medio de cualquier vía, de la derecha brasileña y de Washington–. Eso es lo que está en juego ahora en Brasil.
Marina deja en claro la naturaleza de su proyecto, por las posiciones que explicita y porque tiene en la coordinación de su campaña electoral a renombrados nombres del neoliberalismo –Andre Lara Resenda, ex ministro de los gobiernos Collor de Melo y de Cardoso; Giannetti da Fonseca, connotado ideólogo neoliberal, y Neca Setubal, heredera del Banco Itaú, uno de los más grandes bancos privados brasileños–. Con esas posiciones y ese equipo, la ex líder ecologista Marina Silva se convierte de lleno al neoliberalismo.
*Sociólogo y filósofo brasileño, director del Laboratorio de Políticas Públicas (LPP) de la Universidad del Estado de Rio de Janeiro. Master en filosofia política y doctor en Ciencia política.En sección opinión del diario argentino Página12

Oliver Stone hace trizas la historia oficial de EEU

Luis Matías López* - Público.es
Como de tapadillo, en pleno agosto, La 2 de Televisión Española ha repuesto la notable producción propia La forja de un rebelde, dirigida por Mario Camus y basada en la trilogía autobiográfica de Arturo Barea cuya publicación estuvo prohibida durante el franquismo. Hace dos años, con ocasión de su anterior reestreno, le dediqué ya una columna, por lo que me limito ahora a remarcar lo insólito de que, incluso en esta época en que la escasa audiencia del canal se ha reducido al mínimo, se emita una serie, rodada en 1989, en tiempos del PSOE, cuyo contenido choca abruptamente con la línea que impregna hoy la televisión pública. El capítulo del pasado domingo se centró en las elecciones de febrero de 1936, los preparativos del golpe militar y el inevitable estallido de la guerra civil.
Ese duende progresista infiltrado en la programación de La 2 parece que ha aprovechado de los ardores de agosto para colar también la emisión de un documental de 10 horas en el que Oliver Stone desmonta la historia oficial de su país desde la II Guerra Mundial hasta la presidencia de Obama. Con La historia no contada de Estados Unidos, el director de Platoon, JFK, Nixon y Comandante escapa del patrioterismo que anega el cine norteamericano para ofrecer una visión diferente y transgresora que le ha ganado feroces ataques desde los sectores derechistas que se han adueñado del partido republicano.
“Absurda regurgitación de propaganda estalinista” no es lo peor que ha tenido que leer o escuchar el cineasta sobre una obra que pretende nada más y nada menos que desmontar la sarta de mentiras con la que se construye la imagen que gran parte del mundo (y la inmensa mayoría de los propios norteamericanos) tienen de Estados Unidos: que se trata de una nación elegida por Dios, con un irrenunciable destino manifiesto, con el deber moral de difundir la democracia, un poder blando al servicio de causas justas, una sólida vocación por el intervencionismo humanitario, un ejército que garantiza la paz y la estabilidad mundiales, un altruista cruzado anticomunista que acabó con el imperio del mal soviético, y un misionero y desinteresado deseo de compartir parte de su riqueza con los países en desarrollo.
Tal es la potencia del aparato propagandístico de la gran superpotencia que esta verdad oficial construida a golpe de manipulación, dinero e incluso talento aplasta casi siempre a esa otra verdad basada en datos casi siempre incontestables, que supone el negativo de la versión que se ha impuesto de forma abrumadora. Ese otro Estados Unidos, mucho más ajustado a la realidad, es el que ha emprendido guerras injustas, defendido dictaduras y golpes militares fascistas, tomado decisiones brutales como utilizar la bomba atómica, contribuido a empobrecer aún más a los más pobres y basado su acción exterior en objetivos imperialistas de exclusivo interés económico e ideológico. Un poder, en fin, que no duda en actuar por motivos egoístas como policía del mundo.
La historia no contada de Estados Unidos, con Stone de director, narrador y guionista (junto a Peter Kuznick), es un documental que, sin dar tregua al aburrimiento, destila buen cine, sin apenas cabezas parlantes, construido con un habilidoso montaje de impactantes imágenes de archivo y una acertada selección de fragmentos de películas de Hollywood. No es un panfleto, aunque no oculta su clara carga ideológica, a contracorriente de la atmósfera que se respira en el país. Se entiende que haya levantado las iras de los sectores más conservadores, rabiosos porque se carguen las culpas de la Guerra Fría y de la catastrófica carrera de armamentos en las espaldas de sucesivos presidentes empeñados en debilitar a toda costa a la Unión Soviética, desaprovechar las oportunidades de paz y servir los intereses del todopoderoso complejo militar-industrial.
Stone peca quizá de ingenuo cuando sugiere que las cosas pudieron haber sido diferentes si el exvicepresidente izquierdista Henry Wallace, y no Harry Truman, hubiera sustituido en 1945 al fallecido Franklin D. Roosevelt. Wallace, acusado de comunista y agente del KGB por reconocer el papel vital de la URSS en la derrota del nazismo, defensor de un seguro sanitario público, opuesto radicalmente a la segregación racial, que incluso en campaña se negaba a hablar en locales en los que separase a negros y blancos, fue derrotado estrepitosamente tres años más tarde cuando se presentó a la Casa Blanca como candidato del Partido Progresista. Tal vez si hubiese ganado, opina Stone, la posguerra habría sido otra, sin carrera nuclear, crisis de los misiles de Cuba, Vietnam, Corea, Chile, Guatemala, Muro de Berlín, Granada, Panamá, 11-S, Afganistán, Irak…
El cineasta no es un cínico, sino un idealista que se atreve a soñar en utopías. Y su manera de hacerlo es mostrar, con hechos difícilmente rebatibles, los pies manchados de sangre y explotación de políticos, militares y grandes conglomerados industriales de su país.
La historia no contada de Estados Unidos es, también, la constatación de un fracaso. Imagen a imagen, palabra por palabra, muestra la atormentada historia del planeta desde la II Guerra Mundial y la decisiva participación norteamericana en ella, la muerte brutal de millones de personas en injustas guerras imperialistas, la impotencia de las protestas masivas, el lacerante aumento de la desigualdad incluso en la cuna del imperio, la incapacidad y falta de decisión para aprender de los errores del pasado, la frustración que siempre ha seguido a los escasos momentos de esperanza, como el último: la llegada de Obama a la Casa Blanca.
Stone demuestra que con escasos cinco millones de dólares (de los que él aportó uno), una mínima fracción de lo que cuesta cualquier mediocridad made in Hollywood, puede armarse un producto cinematográfico de factura impecable, perfecto en su composición, y destinado a quedar como referente de buen cine, político pero sobre todo histórico, por mucho que su difusión quede restringida, como en España, a las épocas de menor audiencia de un canal que solo frecuentan los cinéfilos y amantes de los documentales.
*Exredactor jefe y excorresponsal en Moscú de EL PAIS, miembro del Consejo Editorial de PUBLICO hasta la desaparición de su edición en papel

El Foro de Sao Paulo y la actual arremetida yanqui contra nuestra América (II)

Ángel  Guerra Cabrera
El arrasamiento de la Venezuela bolivariana y chavista constituye el objetivo central de la contraofensiva yanqui contra los  gobiernos antineoliberales latino-caribeños. El derrocamiento del presidente Maduro exigiría el desencadenamiento de un gigantesco baño de sangre contra el pueblo que no se va a dejar arrebatar las conquistas sociales, económicas, educacionales y culturales logradas en los últimos 15 años.
De allí que en Venezuela se esté aplicando cabalmente  la llamada guerra de cuarta generación desarrollada por el Pentágono en los últimos años. Ella incluye una feroz campaña antivenezolana del conglomerado imperial mediático -sin precedente por su intensidad- una guerra económica sin tregua  y el uso de tácticas de terrorismo urbano a través de las llamadas guarimbas cada vez que las condiciones lo permiten.
La capacidad de contragolpe del chavismo, unida a la enérgica acción del gobierno y sus instituciones en la aplicación de la ley, así como el patriotismo, disciplina y lealtad a la Constitución  de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana  derrotaron la intentona golpista, cuyos activistas se reducían a una parte exigua de la población y de los estudiantes en menos de una decena de municipios.
En contraste, la imagen que ofrecían los medios imperialistas era el de una guerra civil en la totalidad del país. Por otra parte, pese al desabastecimiento y la inflación es muy remota la posibilidad de una victoria contrarrevolucionaria en elecciones presidenciales dado el  desprestigio de la oposición y sus interminables guerras internas, aunque ello dependerá también del éxito del chavismo en la derrota de la guerra económica.
Pero es tanta la importancia política  del bastión revolucionario bolivariano para la unidad, la integración y la trasformación social latino-caribeña, así como la codicia del imperialismo yanqui sobre sus gigantescas reservas de petróleo, que por ello no cejará –junto a la contrarrevolución- en su intento de derrocarlo por la fuerza. Insisto, eso es lo que hace tan importante una sistemática solidaridad con Venezuela.
En los últimos 15 años las fuerzas populares integradas en el Foro de Sao Paulo no han podido ser desalojadas del poder por vía electoral en ningún país de América Latina. Solo en Honduras y Paraguay pudieron lograrlo acudiendo al golpe de Estado.
Recientemente el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional de El Salvador ganó de nuevo la presidencia con su abanderado, el ex comandante guerrillero Salvador Sánchez Cerén. En Costa Rica y Honduras las fuerzas antineoliberales consiguieron una inédita representación parlamentaria. En el caso de Honduras pese a los constantes asesinatos de opositores y periodistas. En Nicaragua, el Frente Sandinista de Liberación Nacional ha consolidado notoriamente el apoyo popular con sus políticas sociales.
En octubre habrá elecciones presidenciales en Bolivia, Uruguay y Brasil. Sin embargo, mientras la clara y contundente victoria de Evo Morales en el primer país está fuera de duda, no ocurre lo mismo en Uruguay, donde las encuestas no permiten augurar una victoria segura del Frente Amplio en segunda vuelta.
Pero mucho más preocupante es el escenario creado con la inesperada candidatura de Marina da Silva en Brasil, pues según los sondeos si las elecciones se celebraran hoy impediría que Dilma Rousseff se impusiera en primera vuelta y en la segunda le ganaría a la actual presidenta por entre 10 y 15 puntos. No obstante, en mi opinión la candidatura de da Silva muy probablemente se hunda bajo el peso de su escandalosa demagogia y oportunismo, así como de la acción concertada del dúo Dilma-Lula, considerando la enorme autoridad política de este y su condición de político más popular de Brasil.
El hecho de que la vigésima reunión del Foro de Sao Paulo se haya celebrado en Bolivia, cuyos avances sociales y la fortaleza de su movimiento popular son tan relevantes contribuyó seguramente a la calidad de sus debates y a los vigorosos pronunciamientos de su Declaración Final(http://alainet.org/active/76713&lang=es) . En ella se condena en términos muy enérgicos el bloqueo a Cuba, se confirma el derecho de Argentina a recuperar las Malvinas y a actuar como lo viene haciendo ante los fondos buitres, se apoya el derecho de Puerto Rico a la independencia de Estados Unidos y se condena la reciente agresión de Israel contra el pueblo palestino, entre otros temas de gran importancia.

jueves, 28 de agosto de 2014

El Foro de Sao Paulo y la actual arremetida yanqui contra nuestra América (I)

Ángel  Guerra Cabrera
El Foro de Sao Paulo (FSP), que agrupa a los partidos políticos de izquierda, progresistas y antineoliberales de América Latina y el Caribe (ALC) celebra esta semana en Bolivia su encuentro número veinte. Tal vez el más importante de cuantos se hayan realizado, se produce en un momento signado por importantes avances de las fuerzas populares de la región y persistentes intentos de Estados Unidos para hacerlos retroceder.
A tono con esa circunstancia, los anfitriones bolivianos se han esmerado en la preparación de la cita con el activo concurso de los partidos miembros para lo que se ha tomado muy en cuenta las experiencias en las luchas de masas latinoamericanas y caribeñas de los últimos años. En ellas encontramos formas organizativas diversas, no siempre estrictamente partidistas y menos vanguardistas, y casos como los de Bolivia y Ecuador donde la importancia de los movimientos sociales ha sido decisiva en la llegada al gobierno de las fuerza antineoliberales así como en su consolidación.
El FSP realiza una evaluación sobre la gestión de los gobiernos progresistas de la región así como un debate a fondo y un diagnóstico sobre las tareas que se derivan de la actual coyuntura regional para las fuerzas antiimperialistas y populares de ALC, tomando en cuenta, además, la dinámica situación geopolítica internacional orientada a la multipolaridad y la insondable crisis multifacética del sistema capitalista mundial, particularmente agudizada por la  mega crisis estadunidense de 2008, que continúa su curso.
El FSP se fundó en 1990 cuando en ALC, después del derrumbe de la Unión Soviética, solo en Cuba, contra viento y marea, se mantenía viva y en el poder la voluntad política de alcanzar la utopía socialista. Justamente el objetivo de aquella primera reunión fundadora en la urbe brasileña fue el de trazar pautas de acción que permitieran replantearse la acción conjunta de las fuerzas de izquierda de nuestra América en condiciones tan adversas y distintas de las vividas hasta muy poco antes.
Se habían producido ya el “caracazo”(1989) y el levantamiento indio de Chiapas(1994), y existían evidencias de que un gran movimiento de masas encabezado por la izquierda  había ganado las elecciones de 1988 en México, arrebatadas fraudulentamente. Estos acontecimientos, ocurridos sin previa coordinación entre sí o incluso totalmente espontáneos como el gran levantamiento popular venezolano, tenían en común el combativo rechazo de los pueblos latino-caribeños a las políticas neoliberales inauguradas por la dictadura militar pinochetista, extendidas rápida y drásticamente a toda la región.
Pero como consecuencia de esas luchas populares, en alrededor de una década y a partir de la elección en 1998 como presidente de Venezuela de ese meteoro llamado Hugo Chávez, llegaron al  gobierno opciones antineoliberales en Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Honduras, Paraguay y El Salvador.
Un momento trascendental fue la gran derrota política de Estados Unidos al no lograr la aprobación del Alca en la Cumbre de las Américas de Mar del Plata(2005), resistida principalmente por la acción conjunta de Chávez, Lula da Silva y el enérgico anfitrión Néstor Kirchner apoyados por una gran movilización popular en las calles.
La derrota del Alca había sido precedida por la fundación del Alba entre Venezuela y Cuba en diciembre de 2004, luego extendida a Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Dominica, San Vicente y las Granadinas, Antigua y Santa Lucía. Surgió Petrocaribe, y la fundación de Unasur y la Celac constituyeron acontecimientos históricos en los que cobraban vida las concepciones de unidad e integración bolivarianas y martianas.
Frente a estos extraordinarios avances, Washington ha montado una contraofensiva para acosar, aislar y derrocar a los gobiernos latino-caribeños que no se le someten. El caso más evidente es Venezuela, donde se emplea a fondo para derrocar al presidente Nicolás Maduro con las tácticas de la llamada guerra de cuarta generación. De allí el deber solidario de nuestros pueblos con la Venezuela bolivariana y chavista.
Pero al mismo tiempo el gobierno de Obama impulsa una compleja trama desestabilizadora contra todos los gobiernos independientes de la región, que incluyen una arremetida mediática sin precedente, golpes de Estado frustrados o exitosos (Honduras y Paraguay) e intentos subversivos como los recientemente revelados por la agencia AP contra Cuba.