martes, 2 de febrero de 2016

Fernando Martínez Heredia, ¿a la mitad del camino?


(Palabras de presentación de la obra A la mitad del camino, publicada recientemente por la Editorial de Ciencias Sociales)
Elier Ramírez Cañedo
Foto de Rosa Encinas
He sido lector permanente de la obra de Fernando Martínez Heredia. Recuerdo que el primer libro de su autoría que cayó en mis manos fue “El corrimiento hacia el rojo”,[i] obra que me dejó una huella profunda no solo en el plano intelectual, sino en la manera de asumir mi condición de revolucionario. Quedé enganchado de tal manera que de inmediato comencé a buscar otros textos de este autor, del cual había oído mucho, pero conocía muy poco, su historia de vida también era una especie de acertijo para mí, ante tantos y diversos comentarios que había escuchado en mi etapa universitaria. Cuando pude profundizar en ella, creció aun más mi admiración hacia él.
CONSECUENCIA, creo es la palabra que mejor pudiera definir la vida de Martínez Heredia. Fernando ha sido un ortodoxo de la herejía anticapitalista y contra todas las dominaciones posibles. No creo que sea, como algunos pudieran verlo, un hombre de los 60, que dejó su mayor huella como Director del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana y de la Revista Pensamiento Crítico. Percibo en su actitud posterior -después de cerrado el departamento y la revista-, al no permitir convertirse -ni que lo convirtieran- en un amuleto de museo, sino aferrarse a la utilidad de la virtud, la mayor trascendencia. Fernando ha dejado su impronta en todas las etapas de la Revolución Cubana, porque precisamente ha sido uno de los descollantes hombres de la Revolución. Más que un intelectual revolucionario, ha sido un revolucionario intelectual.
Pude con el tiempo hacerme de otras de las obras de Martínez Heredia como: En el horno de los 90;[ii] El ejercicio del pensar;[iii] La revolución cubana del 30. Ensayos;[iv] Las ideas y la batalla del Che;[v] A viva voz;[vi] Si breve[vii] y Andando en la Historia.[viii] Todos están llenos de marcas y anotaciones, pues se han convertido en referencias a las cuales acudo con regularidad para desarrollar mi trabajo científico. De estos títulos que he mencionado, Andando en la Historia quizás sea uno de los menos conocidos de Fernando y sin embargo, de un valor extraordinario para los que nos dedicamos a la ciencia histórica. Andando en la Historia es un libro de análisis y de profunda reflexión teórica sobre la historia de Cuba en sus distintas etapas.
Nunca pensó el joven que leía y buscaba estos textos de Fernando con gran fascinación, que un día tendría la oportunidad de conocerlo, establecer una amistad entrañable, compartir luchas y desvelos comunes y, mucho menos, llegar a ser el presentador de uno de sus libros. Pero la vida da esos giros increíbles que lo colocan a uno en estas posiciones insospechadas; retadoras y honrosas a la vez.
Como sabemos, la obra de Martínez Heredia se ha convertido en un referente para el pensamiento de izquierda en nuestro continente y el mundo. Es en nuestro país uno de los mayores estudiosos y divulgadores del pensamiento del Che y de Antonio Gramsci, figuras que ocupan un lugar especial en la base de su pensamiento teórico y su praxis revolucionaria. Aunque su infinita modestia hace que en sus libros apenas aparezcan datos de sus resultados investigativos, obras publicadas, premios y reconocimiento obtenidos, sabemos que darían para varias cuartillas. El título de este libro que hoy presentamos, A la mitad del camino, tiene que ver también con esa sencillez y permanente espíritu creador del autor al considerar que, a pesar de los recién 76 años cumplidos, apenas ha realizado la mitad de sus anhelos y planes y de todo lo que aun pudiera servir a la Revolución, como intelectual orgánico de la misma que es. Fernando ha tenido que alternar y en mayor parte postergar la realización de sus proyectos de investigación, ante la movilización constante a la que es sometido en tareas coyunturales de divulgación y promoción cultural, ese maremagno en el que anda metido hace años. Rara vez, a pesar de los límites físicos que ya le impone la edad, Fernando se niega a alguna encomienda que signifique dialogar, polemizar, trasladar ideas y convicciones, incentivar esa gimnasia imprescindible que es el ejercicio del pensar, del pensar con cabeza propia. Ha ejercido la oralidad con tanta devoción como la ensayística. En esa labor, los jóvenes han sido sus principales interlocutores, pues en ellos ha cifrado las esperanzas fundamentales para el presente y el futuro de la nación y la revolución cubanas.
Por eso, de todos los premios[ix] que ha recibido Martínez Heredia, el que más me complace y estoy seguro que lo ha hecho más feliz, es el de Maestro de Juventudes que otorga la Asociación Hermanos Saíz, organización con la que ha mantenido una hermosa y estrecha relación durante años.Es imperioso que los jóvenes no permitan que llegue a haber dos Cubas en la cultura”,[x] fue la idea fundamental que nos trasmitió al recibir ese premio y hablar en nombre de los homenajeados en el 2011. Pero en sus palabras ese día –las cuales aparecen íntegramente en este libro- también señaló algo que creo está en la clave del por qué Fernando ha logrado siempre una conexión especial con los jóvenes: “Que los alumnos de todos nosotros –de los maestros de hoy- puestos a la tarea de realizar y cumplir, no nos hagan caso en nada que hayamos dicho que pueda estorbarles para cumplir los ideales que estamos compartiendo hoy. Que sientan siempre con su propio corazón, y piensen con cabeza propia. Solo así serán capaces de hacer a Cuba cada vez más libre, más justa y más próspera”.[xi]
Creo que hay que agradecer al Instituto del Libro y la Editorial de Ciencias Sociales que hoy nos permitan contar con esta obra, A la mitad del camino, que recoge parte de lo que ha sido la vida intelectual de Fernando en los últimos años, convertido en una especie de maestro ambulante tan necesario en nuestro tiempo, llevando su mensaje y su voz a los escenarios más disímiles, tal si fuera una misión cristiana en pos de la salvación del socialismo y la superación del horizonte capitalista, esa “prehistoria de la humanidad”.
A la mitad del camino es una especie de calidoscopio: prólogos, presentaciones de libros, intervenciones en eventos académicos y científicos, textos publicados en distintos sitios digitales o revistas y periódicos impresos, homenajes a grandes amigos y entrevistas realizadas al autor. También se incluyen varios textos inéditos. Sin embargo, no deja de tener organicidad e intencionalidad. El primer trabajo es un hermoso recuento de la marcha de los lazos amarillos que encabezó nuestro héroe René González y el presidente de la UNEAC, Miguel Barnet, y que movilizó a gran parte del pueblo habanero en reclamo por el regreso de Fernando, Ramón, Toni y Gerardo, mientras que el último, titulado Días históricos. Épocas históricas, que por fortuna fue publicado en Granma, ya con la alegría del regreso de los héroes a la patria y restablecidas las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos, es un aldabonazo para aquellos que se confunden o caen en el embeleso a la hora de analizar el nuevo escenario de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba.

martes, 26 de enero de 2016

Hay sangre Lilian, hay sangre

Ángel Martínez Niubó*
colaboración epecial
Mucho se habla por estos días de Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López, uno de los líderes (mejor cabecilla) de la oposición venezolana. Leopoldo está encarcelado pues se le acusó de organizar, favorecer o propiciar las acciones de violencia ocurridas en febrero de 2014 en Venezuela. Es responsable de los hechos de terror que enlutaron a la sociedad venezolana y que causaron 43 muertos y 878 heridos.
Pero quizás debí comenzar señalando que Lilian Tintori es una mujer con ciertos atractivos físicos y esto articula perfectamente con el discurso melodramático que sobre ella y su esposo, intenta tejer la prensa opositora venezolana.
Lilian Tintori es atractiva, joven, tiene dos hijos,  durante años practicó deportes y condujo además programas infantiles en el país suramericano. O sea: todo lo que necesitaban: una bella mujer, unos hijos, un padre preso... y listo: a tejer toda una historia de anillos, sufrimientos y esperanzas. Eso hace hoy la prensa de la oposición en
Venezuela. E incluso hasta exportan esa imagen de ternura y sufrimiento. Es una historia de amor cuidadosamente “enlatada” sólo que, no han logrado ocultarlo: los envases van cubiertos de sangre.
Lilian Tintori cometió el mayor desliz de su vida en mayo de 2007 cuando se casó  con Leopoldo López. Quizás hoy no lo vea así. Pero un día –porque la belleza pasa – será una ancianita y repasará sus años sentada en un portal (aunque quizás los ricos no se sientan en los portales). Para ese entonces Lilian verá demasiada agitación en su existencia y reconocerá –quizás muy tarde- que si algo hay tan importante como el amor, es la  paz. Lilian Tintori no tendrá paz porque las muertes que hay sobre su esposo no la abandonarán nunca.
Pero volvamos a lo que hoy teje la presa opositora venezolana. Una y otra vez “retocan” el día en que Lilian y Leopoldo se conocieron y hasta dibujan a un Leopoldo de rodillas pidiéndole matrimonio. Sin dudas todo un melodrama. Pero hay más: Leopoldo le pidió –según esos medios- que se casara con él y además con Venezuela porque “casarse con él, significaría un compromiso con Venezuela”. Sin dudas un sainete demasiado meloso como
para creerlo.
Y no sé si fue Leopoldo lo que llamó la atención a Lilian Tintori el día en que se conocieron; o si ella vio en él la posibilidad de convertirse en una figura pública de mayor relieve y sobre todo, con mejores dividendos. Ya lo dije, creyendo ganar el amor y la fortuna, perdió la paz y el sosiego para siempre. Lástima entonces que la Tintori –como dice el poeta- no se encontrara con un obrero (o con un poeta). Un día pensará en ello. Pero ya lo dije: será tarde en el tiempo.
Hace pocas semanas a Lilian Tintori se le ocurrió que su vida corría peligro... e incluso “consiguió” trasladar a sus hijos de Venezuela. ¿A dónde? A los Estados Unidos... Y he ahí un gesto, un destino, en el que se pueden hacer las más disímiles lecturas. No los llevó a Cuba –donde los niños viven en paz absoluta y en seguridad extrema- ni los llevó a
Europa... Los llevó, como señalé, a Estados Unidos. Casi era lo mismo que los enviara a la embajada norteamericana en Caracas. Pero quizás resultaría demasiado evidente.
En fin, es mejor ver cualquier telenovela de doscientos capítulos que creerse la historia de Lilian y Leopoldo. Lo cierto es que en febrero de 2014 murieron 43 venezolanos y 878 fueron heridos. Esas muertes –y esa sangre- pesarán para siempre sobre el matrimonio López-Tintori.
La prensa opositora debería entrevistar a las madres, a las esposas, a los hijos de los fallecidos. ¿Por qué centrarse en Lilian y en Leopoldo? Ya lo dije antes, la orden es tejer el melodrama: la mujer bella, los hijos pequeños, el padre preso... Es conveniente para ellos olvidar las muertes.
Y lo siento por la Tintori, pero lo que soy yo creo en la belleza cotidiana. En la divinidad de la joven que ríe en cualquier parque de Caracas, o en la muchacha que camina las calles de Bolivia,  o quizás en esas que sientan en el malecón habanero. Es la gracia que cura y fortalece. En Lilian hay zozobra e inquietud. En ellas magia y regodeo. No
tengo dudas: a la historia de Leopoldo López y de Lilian Tintori le falta inocencia y –por mucho que quieran ocultarlo- le arruina la sangre.
Poco ha dicho la prensa opositora de los 43 venezolanos muertos ese día. Yo sé, por ejemplo, sobre Ramzor Ernesto, un joven de 36 años a quien su esposa no le vio llegar esa noche. Y sé de él porque son conocidas las palabras de su esposa cuando en acto público le dijo a la Tintori: “Tu esposo está vivo, el mío está muerto gracias al tuyo”.
Con toda seguridad, Lilian recibe cada día el guión de este penoso melodrama: Hoy te toca llorar en acto público. Mañana harás viaje a la Argentina, la semana entrante vas a los Estados Unidos, luego ofrecerás una conferencia de prensa... pero antes vas a la prisión e inventarás la historia de un registro o dirás que te desnudaron...
Así no Lilian. Todos conocemos los fabricantes de estos guiones y estamos al tanto de los productores de esta farsa. Así lo que logra la belleza es lastimar... porque la belleza es armonía, cadencia, afinación y proporción con lo mejor del alma. A ti te falta el equilibrio y le sobran los muertos a Leopoldo. Ya fuiste una buena deportista, y quizás hasta conducías con cierta prestancia. Pero eres pésima actriz... y eso duele, sobre todo cuando mientes e intentas esconder la culpa.
La derecha apuesta una y otra vez a sus guiones melindrosos y te ordena mentir, timar, embaucar a la opinión pública. Por suerte son ya muy pocos lo que se creen la historia del prisionero bueno y de la ingenua esposa. No Lilian. Hay dramaturgia y sangre.  Dile al guionista que debe asumir la realidad. A estas alturas, cuando hay muertos y familias enlutadas, nadie se cree la historia del príncipe cautivo y la princesa hermosa. Hay sangre, Lilian, hay sangre.

*Poeta y escritor cubano.

sábado, 23 de enero de 2016

Obama: time is running out!

Atilio A. Boron
En menos de un año volverá a las sombras, corriendo la suerte de todos los presidentes de Estados Unidos que, como lo observara con clarividencia Juan Bosch en El Pentagonismo, una vez que dejan la Casa Blanca su voz se desdibuja por completo hasta tornarse inaudible en medio de la engañosa vocinglería que fomenta la dictadura mediática. Como salvo escasísimas excepciones no son estadistas sino apenas funcionarios surgidos de una tramposa maquinaria electoral, una vez que salen del locus del poder formal rápidamente se convierten en oscuros “don nadies.” Sus promesas y opiniones sólo cuentan mientras habiten en la Casa Blanca. Una vez salidos de ella nada pueden hacer.
A Obama le queda menos de un año para hacer lo que dijo que quería hacer: normalizar las relaciones con Cuba –digo: normalizarlas en serio, sin bloqueos ni agresiones financieras- e iniciar una nueva etapa en las relaciones bilaterales. A ello se le opone una importante parte del Congreso, que en su decadencia se convirtió en el refugio de una turba impresentable de ignorantes y reaccionarios de diversos pelajes (salvo unas pocas excepciones, por supuesto) y no pocos sectores de su administración. Pero la mayoría del pueblo norteamericano quiere acabar con esa escandalosa rémora de la Guerra Fría y poder viajar y conocer a Cuba y sus gentes; disfrutar de la maravilla de su cultura, su música, sus bailes, sus playas y el sabor de sus rones y sus puros. De la misma opinión es buena parte del mundo empresarial, que ve como algunos jugosos negocios se le escurren entre los dedos por el intransigente veto de algunas agencias del gobierno federal. En suma, si Obama quisiera debilitar significativamente al bloqueo está en él poder hacerlo. Pero no lo hace.
Esta disyunción entre palabras y acciones obliga a preguntar si hay uno o dos Obamas. Uno dice que quiere que “el pueblo cubano sea libre”. Se sobreentiende que el pueblo norteamericano ya lo es: por ejemplo, libre para tener más afroamericanos entre 20 y 24 años en las cárceles que en las universidades; libre para tener un 15 % de la población bajo la línea de pobreza; libre para que la mayoría de los niños de Estados Unidos viva en la pobreza; libre para que policías blancos maten a unos mil quinientos afroamericanos en el último año sin tener que rendir cuentas ante la justicia. Libres para no poder pagar la matrícula universitaria, o comprar los medicamentos que necesitan. Libres también para ver como el 1 % más rico se enriquece cada día más mientras que el 90 % inferior en la distribución del ingreso reduce su patrimonio a lo que poseía hace treinta años, en 1986, mientras que el 3 % más rico hoy se adueña de algo más de la mitad del total de la riqueza de ese país según los datos de la Oficina del Censo. El Obama de las bellas declaraciones se esfuma detrás del otro que persiste en no utilizar las atribuciones que tiene como presidente de Estados Unidos para ir desarmando la infernal maquinaria del bloqueo. ¿Quiere que los cubanos elijan libremente su futuro? Entonces, ¿por qué mantiene el bloqueo informático a la Isla?  Basta con observar el diagrama de los cables submarinos que distribuyen el tráfico de la Internet para comprobar como todos ellos sortean cuidadosamente a Cuba. ¿Por qué mantiene la criminal política migratoria, la Ley del Ajuste Cubano, que incentiva la migración ilegal de cubanos a Estados Unidos y facilita la corrupción de las autoridades migratorias norteamericanas y los negocios de la mafia de los “polleros” encargados de introducirlos en territorio americano?  ¿Por qué insiste en sancionar a empresas estadounidenses o extranjeras que intermedian en actividades económicas de Cuba? Días atrás la Oficina de Control de Activos Extranjeros, OFAC, le aplicó una multa de 260.000 dólares a Watg Holdings, una consultora con base en Irvine, California, porque había participado en un proyecto arquitectónico para la industria hotelera cubana. Luego de las alegaciones correspondientes la sanción se redujo a 140.000 dólares, y ahí se  mantuvo firme.
En otras palabras: ¿cuál es el verdadero Obama? ¿El que habla bonito o el que sigue actuando como un frío cancerbero imperial? Su dualidad desvirtúa el valor de sus palabras. Si quiere pasar a la historia como el presidente que puso fin a una injusticia tan enorme como el bloqueo impuesto contra la Cuba revolucionaria tiene que comenzar a actuar ya, sin más demoras. Si lo hace habrá probado que tiene pasta de estadista, poseedor de una visión que se eleva por encima de las presiones y los aprietes de la mafia anticastrista y sus poderosos lobistas. Si cede ante ellos su suerte estará echada. No sé si será consciente que su único mérito real al concluir su presidencia sería el haber sentado las bases para acabar con el bloqueo. De la lectura de su reciente, y final, discurso sobre “El Estado de la Unión” del 13 de Enero del corriente año se desprende que su política migratoria fracasó, la reforma financiera fue un fiasco, y casi otro tanto puede decirse de la que intentó en el sector salud. El desempeño económico es apenas mediocre y en la arena internacional cosechó un traspié tras otro. Por una de esas raras paradojas de la historia sólo le queda Cuba para anotarse un éxito duradero y aprobar el examen. Pero tiene que apurarse. Le queda muy poco tiempo.

martes, 5 de enero de 2016

Los jóvenes bolivarianos

Bertha Mojena Milián
Hace unos meses nuestro equipo de la prensa cubana en Caracas entrevistó al entonces Vicepresidente para el Área social y las Misiones y ministro de Educación Héctor Rodríguez Castro, uno de esos jóvenes revolucionarios, luchador incansable y erguido en su sencillez infinita - esa que lo hacía aún más grande- y aprendimos, no solo a apreciarlo, a respetarlo, sino también a admirar mas a un grupo de jóvenes que dentro del proceso bolivariano daban la batalla todos los días por un país, por un mundo mejor, por impulsar el legado de Chávez. Hoy lo vi hablar en la AN de Venezuela, como diputado, hombre de ley, valiente, lo admiré aún más... y crecieron las esperanzas, y creí nuevamente en lo que se construye, más allá de tropiezos y osbtáculos. Recordé entonces parte de aquella conversación...
"¿Cómo sería la participación de los jóvenes en esa tarea histórica?
—Determinante. Yo no creo que esta sea una batalla generacional, como han planteado algunos. A veces hay más juventud en hombres y mujeres de 80, 90 años que en algunos que están en la adolescencia pero ya están envejecidos por dentro. La característica de la juventud es creer que el futuro puede ser distinto. Entonces, todos aquellos hombres y mujeres que creen que el futuro puede ser distinto, que lo podemos cambiar, que lo podemos hacer más parecido a nuestros sueños, estamos convocados a esta batalla.
—¿Qué los convoca?
—Yo soy de la vieja juventud ya, la que vivió su adolescencia en los años 90. Y el trato que le daban los gobiernos de ese momento era de que la juventud era un enemigo, por eso existía la recluta obligatoria, la ley de vagos y maleantes, la privatización de la universidad, cero inversión en deporte, en cultura; un país donde los jóvenes no conseguían estudios porque tenías que pagar por ellos; no conseguías trabajo. Y si no trabajabas o estudiabas eras un vago o un maleante y por ley ibas preso. El joven sentía que era un perseguido. Lo que veías era nuestras espaldas correr delante de la policía.
La llegada de la Revolución, la llegada de Chávez, eliminó el cobro de la matrícula, la privatización de las universidades, la recluta obligatoria, la ley de vagos y maleantes y en vez de ver nuestras espaldas correr lo que vio fue nuestras manos venir para construir juntos la Patria.
La Revolución nos convocó. Nos dio estudios, nos dio canaimas, nos dio libros, nos dio apoyo en el deporte, la cultura. Es lógico que la juventud, la que vivimos los últimos residuos del capitalismo en Venezuela y el renacimiento de la patria con Chávez tengamos cómo comparar. Ahora nuestro reto es que la nueva juventud, la de 15 años, la que nació al calor de la Revolución, que no vio la privatización de las universidades, de la educación, tenga conciencia de esto. El Che decía que cuando lo extraordinario se hace cotidiano estamos en Revolución y eso es verdad. Pero a veces cuando lo extraordinario se hace cotidiano para algunos es muy fácil no tener conciencia de dónde venimos.
La derecha siempre dice que nos discutamos la historia, claro, porque la historia los condena. Nosotros tenemos la obligación de tener mucha claridad de dónde venimos para no volver a cometer los errores del pasado, no estancarnos en el presente pensando que esto es lo mejor, no, hay que ir por más. Tenemos la obligación de construir una sociedad más justa pero siempre tenemos la obligación de tener mucha claridad de dónde venimos, cuál es el pasado que hemos recorrido para estar aquí hoy.
Somos miles de miles de jóvenes que amamos este país y queremos hacer el proyecto de Bolívar y de Chávez, ese proyecto de la patria grande. Hoy en cualquier liceo o universidad se habla con los jóvenes y se encuentra mucha pasión cuando se habla de esta patria, de esta tierra.
Héctor Rodríguez vicepresidente para el Área Social y ministro del Poder Popular para la Educación de Venezuela. (El Universal)
—Hay muchos jóvenes en el gabinete del presidente Nicolás Maduro…
—Eso es bueno y le inyecta mucha energía, pero no porque alguno de nosotros sea excepcional, sino porque el momento histórico que está viviendo Venezuela es excepcional, y hay una juventud que está enamorada de lo que está pasando y dispuesta a poner no solo su vida, sino todo su amor y nuestras energías.
—Hay quienes hablan de una nueva era sin Chávez.
—Yo no creo que Chávez no esté. Yo creo que Chávez está más vivo que nunca. Quienes creyeron que Chávez con su partida física se iba a desaparecer de la escena política y social sacaron muy mal sus cuentas. Ahorita estábamos viendo unas encuestas y el nivel de aceptación del chavismo ya roza el 90 %.
Ya el cuerpo de Chávez era una limitante para Chávez. Chávez es mucho más grande que un ser humano. Se ha convertido en un sentimiento. Ya el problema para la derecha no era sacar a Chávez de Miraflores, sino sacarlo del corazón del pueblo venezolano.
Chávez está más vivo que nunca, en nuestras conciencias, en los corazones, en nuestros amores, y yo creo que esa consigna de que Chávez se multiplicó, es una realidad, más allá de consigna. Cuando tú vas al pueblo, le ves los ojos a las señoras, los niños, los escuchas hablar. Ves un pueblo que a pesar de todas las dificultades está levantándose, andando, soñando y haciendo sus sueños realidad; te das cuenta que Chávez sí está aquí y está más presente que nunca.
—¿Cómo lo conoció y lo recuerda?
—Creo que todavía lo conozco. A mí me tocó en la última etapa junto a él ser el dirigente de la juventud del PSUV, y en casi todos los actos en que estuvo él con la juventud los organicé, los hice, estuve presente y escuché todos sus discursos. Hace poco recopilamos todos sus discursos hacia la juventud y así los leí de nuevo y para mí era como si estuviera escuchándolos por primera vez.
Creo que a Chávez no lo he terminado de conocer, continúo conociéndolo, en cada discurso, en cada video, en cada esquina donde me paro a hablar con una señora lo estoy conociendo más. Y ojalá nos de la vida completa para poder conocerlo en realidad en su dimensión, en su magnitud, en lo que significa.
Yo creo que con Chávez va a pasar lo mismo que está pasando con Bolívar, que todavía lo estamos conociendo, todavía lo estamos descubriendo, que todavía están haciendo cosas juntos."

Venezuela: la tentación de una dictadura parlamentaria

Atilio A. Boron
La derecha venezolana se apresta a inaugurar su mayoría calificada en la Asamblea Nacional con un grito de guerra: desandar el camino iniciado en enero de 1999 cuando Hugo Chávez Frías juró sobre la moribunda constitución de la Cuarta República que impulsaría las transformaciones políticas, económica y sociales que el pueblo de Venezuela reclamaba desde hacía mucho tiempo. Más allá de las especificidades y los innegables problemas del momento actual lo cierto es que la irrupción de Chávez marcó un antes y un después en la historia no sólo de su país sino de América Latina y el Caribe. Después de Chávez nada seguirá siendo igual, y se engañan quienes piensan -en Venezuela como en la Argentina de Mauricio Macri- que se puede hacer andar hacia  atrás al reloj de la historia. Así como la izquierda sabe que una circunstancial mayoría electoral no basta para garantizar el triunfo de la revolución, no es menos cierto que aquella tampoco es suficiente para hacer lo propio con un proyecto reaccionario. Las clases y capas populares pueden estar muy descontentas con la gestión macroeconómica o con los estragos de la corrupción, pero parece muy poco probable por no decir imposible que la paciente labor pedagógica de Chávez y el aprendizaje popular de todos estos años hayan caído en el olvido. Los problemas económicos del momento no alcanzan para cancelar los notables cambios en la conciencia de las clases y capas populares. El pueblo sabe lo que fue la Cuarta República, al servicio de quienes gobernó y quienes fueron sus personeros. Y el chavismo, antes y ahora, podrá haber cometido muchos errores pero sus aciertos históricos superan ampliamente sus desaciertos. En ese sentido, el balance deja un saldo positivo que los problemas del momento no alcanzan a eclipsar. Y si la derecha se confunde y cree que una transitoria mayoría en la Asamblea Nacional equivale a una carta blanca para volver al pasado más pronto que tarde caerá en la cuenta de que el poder social es una construcción mucho más compleja y que excede los límites del ámbito parlamentario. Este es importante, sin duda, pero está lejos de ser una plataforma desde la cual impulsar un proyecto que recorte ciudadanía, atente contra derechos económicos y sociales y socave la soberanía nacional. Si, ensoberbecida, la derecha tuviera la osadía de pretender avanzar por este camino -que en términos históricos sería retroceder- se enfrentaría con una encarnizada resistencia social y sus temerarios mentores tropezarían rápidamente con los límites de una dictadura parlamentaria. Aprenderían, rudamente, lo que es la dualidad de poderes. La calle asumiría bien pronto un inesperado (para ellos) protagonismo, demostrando la eficacia práctica de un contrapoder que se nutre de la memoria histórica de un pueblo y de los sueños emancipatorios que Chávez supo inculcar entre los venezolanos y que son como las brasas aún vivas debajo de las cenizas engañosas del momento, que un simple soplo las hará renacer con fuerza. Y ese soplo lo puede originar la tentación de la derecha al incurrir en lo que Marx llamó el “cretinismo parlamentario”: pensar que una mayoría legislativa equivale a una mayoría social, y que una momentánea supremacía electoral autoriza a ejercer una dictadura parlamentaria. Por una de esas trampas de la dialéctica histórica, o de una hegeliana astucia de la razón, probablemente ese mal paso sea lo que necesita el chavismo para re-encenderse con fuerza en la noble tierra venezolana.  

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Argentina: de la República al Régimen

Atilio A. Boron
En escasas tres semanas el sistemático e incesante atropello del oficialismo a las normas, procedimientos y valores propios de una democracia precipitó la vertiginosa transición desde la república hacia una forma estatal diferente, que en la ciencia política se conoce bajo el nombre de régimen. Este se caracteriza por su desprecio por la legalidad, el autoritarismo en el ejercicio de las atribuciones presidenciales y la violación de las reglas del juego y de la cultura dialógica propias de la democracia. También por la supeditación de los otros poderes del estado a los designios del poder central y la esterilización de la voluntad popular resultante de la parálisis producida en el funcionamiento del Congreso. Todo esto motivado por un afán incontenible de cancelar algunos de los más importantes logros del kirchnerismo, para lo cual no existen escrúpulos de ningún tipo y se apela a un torrente de decretos de necesidad y urgencia, cuando no existen ni la una ni la otra. O a “aprietes” para destituir a funcionarios que gozan de una designación vitalicia, como la Procuradora General Alejandra Gils Carbó; o cuyo mandato legalmente estipulado todavía no había expirado, como Alejandro Vanoli al frente del Banco Central. O recurrir a monstruosidades jurídicas e institucionales, como la disolución de una agencia del estado como la AFSCA, establecida por una ley del Congreso que, además, había sido declarada constitucional por la Corte Suprema. Una profunda restauración conservadora está en marcha, y cuando finalmente comience el período ordinario de sesiones del Congreso el próximo 1° de marzo el paisaje institucional y jurídico de la Argentina será casi por completo irreconocible. Si se trata de un régimen por sus formas, por su contenido clasista es una plutocracia que instaura un país “atendido por sus dueños”, una “CEOcracia” en donde los gerentes de las más grandes compañías en diversas ramas de la economía toman por asalto las estructuras del estado y ejercen  -claro que por ahora, ya se verá por cuanto tiempo- un poder omnímodo y en beneficio de la riqueza. CEOcracia, además, que registra un número sin precedentes de individuos procesados o imputados en diferentes estrados judiciales. Un poder desnudo y carente de las mediaciones resultantes de las luchas democráticas, y completamente irresponsable ante el Congreso (por lo menos durante los próximos dos meses) y ante la ciudadanía, atónita por un frenético despliegue de prepotencia institucional nunca visto desde la recuperación de la democracia. No hace falta ser demasiado perspicaz para comprobar que este tránsito decadente constituye además una impostura que contrasta escandalosamente con los mensajes de “paz y amor” que el hoy presidente propalaba con estudiada beatitud durante su campaña así como su promesa de reconstruir la unión de la familia argentina mediante el diálogo y el acuerdo político, intención enfáticamente anunciada en su mensaje inaugural al Congreso y groseramente desmentida en la práctica pocas horas después. Impostura, también, de aquellos supuestos vestales de la república y la democracia que ayer vociferaban sin pausa desde todos los megáfonos de la oligarquía mediática y que hoy, para su irremediable deshonra, guardan un cómplice e incalificable silencio ante la prepotencia del régimen.

martes, 29 de diciembre de 2015

¿Baby Lores protesta?

Enrique Ubieta Gómez
Tomado de La Calle del Medio No. 91
Dice Baby Lores que tiene “el arte de aprovechar la oportunidad”, y quiero entender sus palabras en el buen sentido. Aprovechó el seguimiento morboso que sus fanes hacían de una aparente o real desavenencia con El Insurrecto, su ex socio –como se hace en el negocio internacional de la música–, para vender a cien fulas la real o supuesta reconciliación de ambos en el Salón Rojo del Capri. El talento para vender no siempre coincide con el de componer canciones, aunque a veces sí. Pero eso es agua pasada. La Calle del Medio lo entrevistó en junio de 2008 y en julio de ese año comentó su insólita afirmación de que se había propuesto reunir a “la gente VIP” de La Habana. Como si ser importante en Cuba tuviese algo que ver con la capacidad adquisitiva de una persona.
Pasó el tiempo, y Baby Lores empezó a compartir escenario con autores e intérpretes de mayor calidad. A diferencia de otros reguetoneros, él se había formado en un emblemático proyecto musical educativo de Cienfuegos: Ismaelillo. En ese proceso de redefinición, dio un paso inusual, diría que sorpresivo: se tatuó el rostro de Fidel en un hombro. Muchos dudaron de su sinceridad, pero La Calle del Medio lo defendió. Si era un acto oportunista, la propia vida lo juzgaría. Ahora, una publicación digital denominada On Cuba –cuyo perfil editorial se construye desde el cinismo– lo entrevista. Es cierto que las preguntas mantienen cierto tono irónico, pero el contexto editorial no propicia una lectura crítica (crítica del capitalismo, del “todo vale” y de sus manifestaciones individuales en Cuba) a partir de sus desenfadadas respuestas.
Baby Lores siente que tiene que regresar al más puro reguetón: “Tú puedes estar cantando con Pablo Milanés, que si no estás sonando en las discotecas, la gente en la calle te dice que estás ‘apagado’. ¡Fíjate qué cosa! ¿Por qué? Porque no les estás dando lo que ellos quieren”. Y en otra de sus respuestas canónicas, afirma categórico: “Para mí la fama lo es todo”. Expone con naturalidad su “drama”: “Por desgracia no tuve primos o tíos en Miami que me mandaran zapatos. Yo veía que a todos mis amiguitos les mandaban algo. Y yo decía: ¿Por qué no aparece un primo aunque sea lejano?”.
Como en el 2008, vuelve a confundir el éxito con las ganancias, porque cree que tener y ostentar (especular, en el argot cubano) define lo que se es. Dice: "Una vez un periódico me criticó diciendo que cómo yo iba a hablar de Revolución, si andaba en un Mercedes Benz, con los últimos Nike del mercado y una cadena de más de 15 mil dólares en el cuello. Esa es mi forma de protestar. Marcar la diferencia en una sociedad es ya una protesta, aunque sea solo desde lo visual. En Puerto Rico es normal que te pase por al lado un Ferrari, un tipo con una prenda, con un traje caro o con un celular moderno. En Cuba no lo es. El poder salir de la pobreza con nuestro reguetón, y darle a la gente la esperanza de que nosotros, a base de talento, pudimos hacerlo, demuestra que sí se puede.
Bueno, bueno. Creo recordar que Sotomayor, el imbatible recordista mundial de salto de altura, en cierta ocasión obtuvo como premio un Mercedes Benz del año. El problema es que Sotomayor es Sotomayor con o sin carro –no es VIP porque tenga una marca de carro, ni siquiera porque tenga carro–, y cuando saltaba, no estaba pensando en el Mercedes. Baby Lores revela una faceta importante de su personalidad, es un prisionero de las marcas, de las cosas. Los zapatos que deseaba, los que no pudo tener, no son unos cómodos y bonitos –no importa si caros o baratos–; son “los últimos Nike del mercado”. Si tiene 15 mil dólares, necesita colgárselos al cuello aunque camine de medio lado. Está instalado, probablemente sin saberlo, en la cultura del tener: las personas valen por lo que tienen y por lo que muestran. Seguir de manera mimética las exigencias de la cultura del tener –que es la oficial, la dominante en el mundo–, en una sociedad alternativa que no repudia el dinero que se gana con honestidad y talento, pero que se sustenta en la cultura del ser, ¿es su manera de protestar? Tengo el derecho de creerme que soy lo que tengo, lo que me pongo, diría él. Por cada Ferrari que circula en las calles de cualquier ciudad del mundo, diría Calle 13, hay mucho más que “un niño en la calle”. Y los de Puerto Rico, en bancarrota por cierto, sobran. Precisamente, ser como ese Puerto Rico colonial, es lo que no queremos.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Elecciones en España: la agonía del bipartidismo

Atilio A. Boron
Con las elecciones de ayer el orden político posfranquista parece haber llegado a su fin. Este reposaba sobre un bipartidismo en el cual el Partido Popular, el heredero directo del franquismo, y el PSOE, convergían en un consenso eminentemente conservador que muchos analistas y publicistas edulcoraron calificándolo de “centrista” y que, perversamente, erigieron como el modelo a imitar por las nacientes democracias latinoamericanas en la década de los ochentas. En realidad esa convergencia hacia el centro no era tal: la preservación de la monarquía y los privilegios de la Iglesia Católica, la invisibilización de la historia de la república, la impunidad de los crímenes de la dictadura franquista, la adhesión a la OTAN, la indigna sumisión a la hegemonía estadounidense,  y la capitulación ante el gran capital y, más recientemente, ante la Troika que realmente gobierna en Europa definen una agenda que sólo como producto de una malintencionada confusión podría ser caracterizada como de centro. Al igual que ocurre en la Argentina y el resto de América Latina, la noción de “centro” es un eufemismo para evitar decir “derecha”. Este proyecto no sólo se desmoronó en España a causa del impacto de la crisis capitalista y su inusual virulencia sino también debido al descubrimiento de una trama mafiosa de corrupción que mientras empobrecía a la ciudadanía y condenaba a uno de cada cinco españoles al desempleo enriquecía escandalosamente a la oligarquía financiera e industrial.
A partir de los resultados conocidos anoche no hay sino una chance de formar un gobierno: una gran coalición entre el PP y el PSOE, pero esto sería la institucionalización del proceso de putrefacción del segundo –antaño referencia obligada de la clase obrera española- y su conversión en un partido neoliberal más; y de confesión de impotencia política del primero, que para gobernar tendría que asociarse a su otrora rival histórico. Es la vieja España, aquella que según el hermoso verso de Antonio Machado podía helarte el corazón, la que parece a punto de morir. Pero hay momentos históricos en los que, recordaba Gramsci, “lo nuevo no acaba de nacer, y lo viejo no termina de morir”. Y esta es la situación que hoy presenta España. Hay síntomas que preanuncian la llegada de lo nuevo, pero por ahora este carece de la fuerza suficiente para derrotar definitivamente el viejo orden. Tal vez el PP y el PSOE sellen esa alianza. Sus homólogos lo hicieron en Alemania y hoy, en Nuestra América, lo están haciendo en Venezuela, donde los socialdemócratas y socialcristianos, adecos y copeyanos, se sientan en torno a la MUD para acabar con la revolución bolivariana.  Pero si tal cosa ocurriera en España los días del PSOE estarían contados. PODEMOS y sus aliados han logrado 69 escaños en el Congreso de Diputados, pero con una estrategia electoral más inteligente y unitaria -incorporando a Izquierda Unida en la coalición de izquierdas y abandonando el absurdo macartismo del que PODEMOS hizo gala durante la campaña- esta coalición podría haber desplazado al PSOE del segundo lugar y convertirse en el eje de cualquier alternativa de gobierno. Esto no tiene nada de ilusorio pues esta coalición logró plasmarse en Cataluña y  obtuvo la primera mayoría; y entró en segundo lugar en Madrid, Valencia, Navarra y Galicia e hizo una estupenda elección en el País Vasco. Para resumir: la unidad de las izquierdas no ocurrió esta vez, pero la lección parece que ha sido aprendida: la unidad paga. En ese sentido, el discurso del líder de PODEMOS, Pablo Iglesias, al darse a conocer los resultados reflejó un viraje hacia la izquierda de sus titubeantes definiciones anteriores, cuando eludía definirse como tal. Y lo hizo incorporando dos innovaciones originarias en la experiencia de la izquierda latinoamericana. La noción de una España Plurinacional, como Bolivia; y el voto de confianza ciudadano a mitad de mandato, lo que la Constitución Bolivariana designa como “referendo revocatorio”. Estas son propuestas que conmueven hasta sus cimientos el consenso conservador dominante durante cuarenta años en España, con un gobierno como el del PP que cosechó la repulsa de dos de cada tres españoles y que, por lo tanto, no puede desconocer el rotundo mensaje que le enviara la ciudadanía española. La inestabilidad y la incertidumbre serán los signos de los tiempos que se vienen. Los observadores no dejan de apelar al adjetivo “histórico” para definir al momento actual. Sectores políticos que carecían por completo de representación parlamentaria en el estado español ahora cuentan con un bloque de 69 diputados. No es suficiente para decir que se abre un nuevo período histórico, o se produce un cambio de época; pero, sin duda, es un alentador punto de partida. Habrá que ver qué es lo que hacen y cómo actúan esos representantes de la voluntad popular y si demuestran su capacidad para sortear las trampas que las democracias burguesas le tienen reservadas a quienes pretenden cambiar al mundo para hacerlo mejor.

POR SIQUEIROS

Alberto Híjar Serrano
La etiqueta contra el culto a la personalidad, inhibe la crónica del homenaje por mi cumpleaños 80. Pero aprendí de Siqueiros, nacido un 28 de diciembre quizá de 1896 porque cambió año y lugar al incorporarse al ejército del General Manuel M. Diéguez, la aceptación de reconocimientos para destacar los trabajos colectivos irreductibles a nadie en particular por más que cuente cierta capacidad individualizada. En fin, resultaron tres libros, un bello panfleto, un disco y un festín irrepetible. Acompañaron una mesa redonda en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía de la UNAM, otra sesión a cargo del homenajeado y sus comentaristas, una sesión en un salón insuficiente para el libro de Miguel Ángel Esquivel Alberto Híjar: lucha de clases en la imaginación. Estética y marxismo en América Latina, un coloquio de jóvenes en el Museo Estudio Diego Rivera y el festín en local de la UPREZ de por sí ornamentado con mantas zapatistas y de los 43 (Omar García, el vocero, permaneció asomado en un pasillo con su habitual discreción). Barricada Sur en la música con todo y Fernando Morán llegado exprofeso de Los Ángeles para entregar el disco de León Chávez Teixeiro, Salario Mínimo, Barricada Sur y la voz de Híjar diciendo Checa al Che. Ahí se repartió el libro Praxis estética del XX al XXI y el disco. "Praxis estética" es un titulo-consigna inspirado en Marx que en 1844 propuso el comunismo como “vivir conforme a las leyes de la belleza”. Un tríptico de 21 Filosofemas del XX al XXI propone líneas de practica teórica como dice Althusser para escándalo de los antidialécticos aferrados a que la práctica es la práctica y la teoría la teoría. Estamos con el Che contra la ley del valor desde ya y asumimos la consigna cubana de “convertir el revés en victoria”. Recordamos una pancarta del español Podemos: “no somos antisistema, ellos son antinosotros”. Intentamos ir más allá de la resistencia porque sabemos que la mejor defensa es el ataque y procuramos desbordar los cauces populares organizados y combativos, o sea, estamos por el desmadre en tanto significa sacar de madre el torrente. De aquí el sarcasmo y la ironía a lo Roque Dalton, Omar Cabezas y Ali Gómez García “El Ñángara” porque respondemos a la pregunta de Benedetti “¿de que se ríe señor ministro?” porque sabemos que la crisis de muerte es propiciada por nuestros enemigos. Débiles aún, la de nosotros es crisis de vida. Queda bien terminar esta arenga con el fragmento de "La Magnífica" aprendida por Lucia Vidales de las Comunidades Eclesiales de Base de Santo Domingo-Pedregales en lucha contra la Ciudad del Futuro, futuro de muerte empresarial, sobre el nacido y celebrado en la Nochebuena: “disipó el orgullo de los soberbios, trastornando sus designios, desposeyó a los poderosos y elevó a los humildes, a los necesitados los lleno de bienes y a los ricos los dejo sin cosa alguna”. Magnífica ruta, la única justa. Amen.   

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Posponen formación de la comisión que debatirá si se abre un proceso a Rousseff

Eric Nepomuceno 
Río de Janeiro. 
La Jornada
Si había dudas sobre las dimensiones del movimiento golpista que se desarrolla en Brasil, este lunes ha sido pródigo en dirimirlas. Primero: luego de un día de alta tensión y fuerte expectativa, Brasilia fue sacudida por otra maniobra del inagotable repertorio de artimañas del presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha. Faltando poco más de media hora para que se agotara el plazo para que los partidos con representación en la cámara baja indicaran, a las seis de la tarde, los nombres de los integrantes de la Comisión Especial encargada de pronunciarse sobre la aprobación del pedido de apertura de un juicio político para destituir a la presidenta Dilma Rousseff, Cunha postergó la sesión para las dos de la tarde de este martes. Y luego, por la noche, se conocieron los términos de una carta personal que el vicepresidente Michel Temer, del mismo partido de Cunha, envió a Dilma Rousseff y que filtró a la prensa. Todo, o casi todo, lo que dice Temer en su carta es justificable. Lo que no se justifica es que, primero, haya tardado tanto en decirlo, y, segundo, haber filtrado la carta personal para que funcionara como claro anuncio de ruptura en un momento crítico. Seguramente, y con su vasta experiencia tras bastidores, Temer sintió que su partido está dividido entre respaldar a la presidenta, de cuyo gobierno no sólo es aliado, sino que ocupa siete ministerios, o contribuir a su destitución, con lo que tendría todos los ministerios (31) para distribuir entre los suyos y los demás conspiradores. No hay que desvincular la decisión de Cunha, investigado por la Corte Suprema y enjuiciado por sus pares, de la iniciativa de Michel Temer, que además preside su partido, el PMDB. El vicepresidente es suave al punto de limitarse, sin declarar ruptura, en la carta que mandó a la presidenta, al enumerar quejas y reiterar que ella y el gobierno jamás confiaron en él, y lo limitaron a un mero papel decorativo. Si no es ruptura, ¿qué será? Ahora se da el alargue para que tanto la oposición como los disidentes y rebeldes de los partidos que integran la base parlamentaria de apoyo al gobierno tengan espacio de maniobra. Por si fuera poco, Cunha rompió el acuerdo que había establecido con los líderes de las bancadas, que nombrarían a los miembros de la Comisión Especial. Al notar que la composición favorecía a Dilma, convino que habrá una votación abierta en el pleno para decidir quiénes integrarán el grupo. Con el respaldo de la carta personal de Temer, el PMDB, ducho en chantajes y traiciones, tendrá terreno fértil para negociar y traicionar. La carta agrega fuerza a la maniobra. Hay un detalle importante: no por casualidad, el Consejo de Ética de la Cámara de Diputados, que deberá determinar la apertura de un proceso a Cunha que seguramente resultará en la pérdida de su mandato, a raíz de una larga y variada serie de delitos que comprobadamente cometió, como recibir 5 millones de dólares en sobornos de Petrobras y sus cuentas de banco en Suiza, se reuniría exactamente a las dos de la tarde de este martes. Como el reglamento interno de la Cámara determina que cuando haya sesión plenaria comisiones y consejos no pueden reunirse, el juicio a Cunha será aplazado por cuarta vez en cuatro semanas. Se diseñan así los pasos de lo que se vivirá en las próximas jornadas. Durante el fin de semana tanto los que pugnan por la destitución de Rousseff como los que defienden su mandato, conquistado por el voto popular y asegurado por la Constitución, prepararon sus respectivas estrategias de acción. La izquierda y la centroizquierda se alinearon en defensa del mandato conquistado por el voto popular. Ya para el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), del ex presidente Fernando Henrique Cardoso, lo único que importa es alcanzar, por la vía de un golpe en el Congreso, lo que las urnas electorales le negaron en cuatro ocasiones consecutivas. Para tanto, cuentan con el respaldo de los partidos de derecha. Y en este punto había la gran incógnita: ¿cómo se situaría el Partido del Movimiento Democrático Brasileño, el PMDB, al cual pertenecen tanto el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, como el del Senado y del Congreso, Renan Calheiros, además del vicepresidente de la República, Michel Temer? Pese a estar muy fraccionado, es el mayor partido en el Congreso y el principal aliado –pese a su imparable deslealtad– del gobierno. Había otra duda: ¿cómo se portaría Michel Temer, quien, en caso de destitución de la mandataria, asumiría la presidencia? Temer pasó el fin de semana y todo el lunes en reuniones con líderes empresariales y altos dirigentes de la oposición, buscando estructurar la base de apoyo de lo que podrá ser su gobierno. Al mismo tiempo, decía auscultar su partido. Ahora, ya se sabe. Cunha, considerado un amoral desequilibrado, juega para postergar su fin. Y Michel Temer juega para acercarse al futuro, es decir, a sus ambiciones. Uno y otro actúan en plena sintonía. La tensión irá en aumento. Serán días duros para el país que tiene la mayor población y la mayor economía de América Latina, y cuyo destino tendrá inevitable influencia sobre toda la región.

¿Sabes quién soy?

Farruco Sesto
¿Sabes quién soy?
Soy la fuerza que no se doblega

Con una idea en el corazón
me hice persona
humana.

Ese es el orgulloso título que llevo
tatuado en la frente.

Me sostengo en pie sobre la dignidad
que en multitud me ha sido
conferida.

En libertad respiro.
La lucha es larga.

Es imposible que me compren.
Es imposible que me acobarden.
Es imposible que me derroten.

Me llamo pueblo
de Chávez.

lunes, 7 de diciembre de 2015

La trampa

Atilio A. Boron
Las elecciones parlamentarias en Venezuela arrojan varias enseñanzas que creo necesario subrayar. En primer lugar que, contrariamente a todas las predicciones de los lenguaraces de la derecha, el comicio se realizó, al igual que todos los anteriores, de una manera impecable. No hubo denuncias de ningún tipo, salvo el exabrupto de tres ex presidentes latinoamericanos, que a las cuatro de la tarde (dos horas antes de la conclusión del acto electoral) ya anunciaban al ganador de la contienda. Fuera de esto, la “dictadura chavista” volvió a demostrar una transparencia y honestidad del acto electoral que más quisieran tener muchos países dentro y fuera de América Latina, comenzando por Estados Unidos. El reconocimiento hecho por el presidente Nicolás Maduro ni bien se dieron a conocer los resultados oficiales contrasta favorablemente con la actitud de la oposición, que en el pasado se empecinó en desconocer el veredicto de las urnas. Lo mismo cabe decir de Washington, que al día de hoy no reconoce el triunfo de Maduro en las presidenciales del 2013. Unos son demócratas de verdad, los otros grandes simuladores.
Segundo, resaltar lo importante de que luego de casi 17 años de gobiernos chavistas y en medio de las durísimas condiciones prevalecientes en Venezuela, el oficialismo siga contando con la adhesión del cuarenta por ciento del electorado en una elección parlamentaria. Tercero, el resultado desplaza a la oposición de su postura facilista y de su frenético denuncialismo porque ahora, al contar con una holgada mayoría parlamentaria, tendrá corresponsabilidades en la gestión de la cosa pública. Ya no será sólo el gobierno el responsable de las dificultades que agobian a la ciudadanía. Esa responsabilidad será de ahora en más compartida.
Cuarto y último, una reflexión más de fondo. ¿Hasta qué punto se pueden organizar “elecciones libres” en las condiciones existentes en Venezuela? En el Reino Unido debían celebrarse elecciones generales en 1940. Pero el estallido de la Segunda Guerra Mundial obligó a postergarlas hasta 1945. El argumento utilizado fue que el desquicio ocasionado por la guerra impedía que el electorado pudiera ejercer su libertad de manera consciente y responsable. Los continuos ataques de los alemanes y las enormes dificultades de la vida cotidiana, entre ellos el de la obtención de los elementos indispensables para la misma, afectaban de tal manera a la ciudadanía que impedían que esta ejerciera sus derechos en pleno goce de la libertad. ¿Fueron muy distintas las condiciones bajo las cuales se llevaron a cabo las elecciones en Venezuela? No del todo. Hubo importantes similitudes. La Casa Blanca había declarado en Marzo que Venezuela era “una inusual y extraordinaria amenaza a la seguridad nacional y a la política exterior de Estados Unidos”, lo que equivalía a una declaración de guerra contra esa nación sudamericana. Por otra parte, desde hacía muchos años Washington había destinado ingentes recursos financieros para “empoderar la sociedad civil” en Venezuela y ayudar a la formación de nuevos liderazgos políticos, eufemismos que pretendían ocultar los planes injerencistas de la potencia hegemónica y sus afanes por derrocar al gobierno del presidente Maduro. La pertinaz guerra económica lanzada por el imperio así como su incesante campaña diplomática y mediática acabaron por erosionar la lealtad de las bases sociales del chavismo, agotada y también enfurecida por años de desabastecimiento planificado, alza incontenible de los precios y auge de la inseguridad ciudadana. Bajo estas condiciones, a las cuales sin duda hay que agregar los gruesos errores en la gestión macroeconómica del oficialismo y los estragos producidos por la corrupción, nunca combatida seriamente por el gobierno, era obvio que la elección del domingo pasado tenía que terminar como terminó. Desgraciadamente, el “orden mundial” heredado de la Segunda Guerra Mundial, que un documento reciente de Washington reconoce que “ha servido muy bien” a los intereses de Estados Unidos, no ha sido igualmente útil para proteger a los países de la periferia de la prepotencia imperial, de su descarado intervencionismo y de sus siniestros proyectos autoritarios. Venezuela ha sido la última víctima de esa escandalosa inmoralidad del “orden mundial” actual que asiste impertérrito a una agresión no convencional sobre un tercer país con el propósito de derrocar a  un gobierno satanizado como enemigo. Si esto sigue siendo aceptado por la comunidad internacional y sus órganos de gobernanza global, ¿qué país podrá garantizar para sus ciudadanos “elecciones libres”? Por algo en los años setenta del siglo pasado los países del capitalismo avanzado bloquearon una iniciativa planteada en el seno de la ONU que pretendía definir la “agresión internacional” como algo que fuese más allá de la intervención armada. Leyendo la reciente experiencia del Chile de Allende algunos países intentaron promover una definición que incluyese también la guerra económica y mediática como la que se descargó sobre la Venezuela bolivariana, y fueron derrotados. Es hora de revisar ese asunto, si queremos que la maltrecha democracia, arrasada hace unas semanas en Grecia y este domingo pasado en Venezuela, sobreviva a la contraofensiva del imperio. Si esa práctica no puede ser removida del sistema internacional, si se sigue consintiendo que un país poderoso intervenga desvergonzada e impunemente sobre otro, las elecciones serán una trampa que sólo servirán para legitimar los proyectos reaccionarios de Estados Unidos y sus lugartenientes regionales. Y pudiera ocurrir que mucha gente comience a pensar que tal vez otras vías de acceso al -y mantenimiento del- poder puedan ser más efectivas y confiables que las elecciones.