Enrique Ubieta Gómez
El Coloso del Cerro guarda silencio. No hay luces, no rugen las gradas. Se parece a mi mar, que en tiempos de calma simula ser manso, inofensivo. El espectáculo ha finalizado. La porfía por el campeonato nacional no regresa a la capital. El estadio avileño y sus alrededores, en cambio, es un hervidero de emociones. Instantes antes del desenlace, la cámara de televisión ha descubierto rostros tensos, jóvenes de manos tomadas, rezos furtivos; juego empatado, décimo inning, dos outs, bases llenas y Castillo, el intratable, al bate. El novato Montesino lo domina. Y gesticula bravucón. Un gran juego digno de una final, excepto por algunos detalles. Rudy Reyes, un pelotero de tacto, se poncha tres veces. Malleta conecta un tubey, pero llega de pie a segunda y se entrega. Vargas no sabe hacer o no quiere, parece que mira el juego por televisión. Industriales deserta, sus estrellas se apagan y casi nos hacen creer que nunca lo fueron, mientras que Ciego crece. He visto al adversario cantar, bailar, gozar cada jugada, junto a su público. Alguien me dice: no trates de entender a los Industriales, ellos juegan cuando quieren y cuando no quieren, no. Ciego merece la victoria. Es un gran equipo. Y lucha, desde hace algunos años, por darle el primer título de la historia a su afición. La bola pica de hit, y entra la carrera decisiva. Ciego campeón. Suspiro extrañamente complacido.
martes, 29 de mayo de 2012
viernes, 25 de mayo de 2012
EL OJO IZQUIERDO DE SALVADOR ALLENDE
De regreso de
Antofagasta, donde participó en la Feria del Libro de esa ciudad representando al Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, el periodista y escritor Yamil Díaz llegó a Santiago de Chile. Desde allí nos envió esta crónica urgente y apasionada (A. A. G.)
Yamil Díaz Gómez
Yamil Díaz Gómez
A través de ese lente, el ojo izquierdo de Salvador Allende lanzó a las multitudes del futuro, piadosamente, su última mirada. A través de ese lente, las palabras saltaban como chispas cuando aquel Salvador que lo dio todo por salvarnos erigía en el aire las grandes alamedas por donde habría de pasar el hombre libre. A través de ese lente, hay un vacío que nos interroga.
El día que lo suicidaron, una mano salvó la mitad de las famosas gafas Magnum del presidente de Chile. Y en el Museo Histórico Nacional, el mismo que anuncia a su entrada ser obra del excelentísimo señor capitán general Augusto Pinochet, ahora se exhibe en la segunda planta. (Por lo menos el tiempo se ha hecho cargo de precisar cuál nombre debe ir debajo y cuál arriba).
También el tiempo, con impactante simbolismo, prefirió conservar solo el lado izquierdo de aquellos espejuelos. Y ahora nos convida a imaginar detrás de ese cristal manchado y partido la pupila anhelante que le quedaba al líder más cerca del corazón. Ese era el ojo con el que más soñaba.
Ahora, en la pequeña Nueva York, esta calle que pasa tan cerca del palacio de la Moneda, me siento a meditar, a superar el impacto que me causa aquella pieza, o media pieza, del museo.
A esta hora debía estar escribiendo yo una crónica sobre la II Feria del Libro de Antofagasta, sobre la grata aventura de un grupo de cubanos que llegamos al desierto con poemas y canciones; pero no logro borrar de mi retina la retadora imagen de una mirada cercenada.
Sentado en la pequeña Nueva York, me siento menos turista. No sé si pisaré las calles nuevamente de una Santiago dramática y hermosa; pero conozco el sitio que nunca dejaré de visitar. Y me imagino cómo podría brillar aquel ojo de Salvador, el mismo que cerraba para disparar, cuando el hombre bromeaba. Luego de varias derrotas electorales, el que jamás se rendía, pidió para su tumba este epitafio:
”Aquí yace Salvador Allende, futuro presidente de Chile”.
Por fin, puedo reírme con ese chiste grande en su utopía. Y siento que aquí yace, sin poder enviar jamás a Cuba la crónica que le pidieron, imperceptible entre los transeúntes de la pequeña Nueva York, un
cubano que solo atina a buscar tras un mínimo cristal al ser humano que no cabe en ninguna vitrina.
Aquí voto, en silencio, por el futuro presidente. Mis palabras se pierden rumbo a sus grandes alamedas. Desde allí, el ojo izquierdo de Salvador Allende todavía nos mira con ternura.
Santiago de Chile, 10 de mayo de 2012.
El día que lo suicidaron, una mano salvó la mitad de las famosas gafas Magnum del presidente de Chile. Y en el Museo Histórico Nacional, el mismo que anuncia a su entrada ser obra del excelentísimo señor capitán general Augusto Pinochet, ahora se exhibe en la segunda planta. (Por lo menos el tiempo se ha hecho cargo de precisar cuál nombre debe ir debajo y cuál arriba).
También el tiempo, con impactante simbolismo, prefirió conservar solo el lado izquierdo de aquellos espejuelos. Y ahora nos convida a imaginar detrás de ese cristal manchado y partido la pupila anhelante que le quedaba al líder más cerca del corazón. Ese era el ojo con el que más soñaba.
Ahora, en la pequeña Nueva York, esta calle que pasa tan cerca del palacio de la Moneda, me siento a meditar, a superar el impacto que me causa aquella pieza, o media pieza, del museo.
A esta hora debía estar escribiendo yo una crónica sobre la II Feria del Libro de Antofagasta, sobre la grata aventura de un grupo de cubanos que llegamos al desierto con poemas y canciones; pero no logro borrar de mi retina la retadora imagen de una mirada cercenada.
Sentado en la pequeña Nueva York, me siento menos turista. No sé si pisaré las calles nuevamente de una Santiago dramática y hermosa; pero conozco el sitio que nunca dejaré de visitar. Y me imagino cómo podría brillar aquel ojo de Salvador, el mismo que cerraba para disparar, cuando el hombre bromeaba. Luego de varias derrotas electorales, el que jamás se rendía, pidió para su tumba este epitafio:
”Aquí yace Salvador Allende, futuro presidente de Chile”.
Por fin, puedo reírme con ese chiste grande en su utopía. Y siento que aquí yace, sin poder enviar jamás a Cuba la crónica que le pidieron, imperceptible entre los transeúntes de la pequeña Nueva York, un
cubano que solo atina a buscar tras un mínimo cristal al ser humano que no cabe en ninguna vitrina.
Aquí voto, en silencio, por el futuro presidente. Mis palabras se pierden rumbo a sus grandes alamedas. Desde allí, el ojo izquierdo de Salvador Allende todavía nos mira con ternura.
Santiago de Chile, 10 de mayo de 2012.
Siguen las incógnitas sobre la misteriosa muerte de Pablo Neruda
¿Cáncer
terminal, paro cardíaco o inyección letal? Treinta y nueve años después de la
muerte de Pablo Neruda, el periodista español Mario Amorós desgrana en un nuevo
libro los misterios de la muerte del poeta chileno sobre la que se ciernen las
sombras de la dictadura.
"En el libro yo pregunto si Neruda pudo haber sido asesinado, pero no respondo a ello", dice a Efe Amorós sobre el libro "Sombras sobre Isla Negra. La misteriosa muerte de Pablo Neruda", que él mismo presentó en la capital chilena.
El Premio Nobel de Literatura en 1971 falleció en una clínica privada de Santiago doce días después del golpe de Estado de Augusto Pinochet, el 23 de septiembre de 1973, debido oficialmente a un avanzado cáncer de próstata, según consta tanto en el certificado como en el acta de defunción.
Sin embargo su tercera mujer, Matilde Urrutia, sostuvo durante los doce años que le sobrevivió que al autor de "Cancionero general" "no le mató el cáncer", sino que su fallecimiento se debió a un paro cardíaco.
"Es muy sorprendente descubrir cómo Matilde Urrutia no dio crédito a que la causa de muerte fuera el cáncer. Habló simplemente de un paro cardíaco. (Aun así), ella jamás denunció que su marido hubiera sido asesinado", recalca Amorós.
Esa versión es la que defiende Manuel Araya, antiguo chófer de Neruda que actualmente vive en la localidad costera de San Antonio, y que en 2011, en una entrevista a la revista mexicana Proceso, insistió en que Neruda fue asesinado por agentes del régimen.
Su hipótesis recuerda al caso del expresidente Eduardo Frei Montalva (1964-1970), que falleció en 1982 en la misma clínica, la Santa María, cuando encabezaba una incipiente oposición al régimen.
Oficialmente, su muerte se debió a una septicemia, pero desde 2009 la Justicia investiga si en realidad se debió a un homicidio por envenenamiento.
En el caso de Neruda, fue la denuncia del chófer lo que dio lugar a que el Partido Comunista, en el que Neruda militó, presentara en mayo de 2011 una querella que fue admitida por la Justicia, con lo que se abrió así una investigación sobre su muerte.
En esa indagatoria, el juez Mario Carroza se ha topado con que ninguno de los tres centros hospitalarios en que Neruda fue atendido durante 1973 conservan sus informes médicos, pese a que la ley obliga a mantenerlos durante 40 años, dice Amorós.
"La tesis del libro es que la muerte de Pablo Neruda es una muerte envuelta en el misterio. Hay una infinidad de interrogantes sobre si pudo ser asesinado, como sostiene su chófer e investiga ahora el juez Mario Carroza, o si es una muerte natural", señala.
"En ese último caso, desde mi punto de vista, habría sido inducido por el terrible sufrimiento que supuso para él el golpe de Estado", añade el autor, que ha escrito varios volúmenes dedicados a Chile, entre ellos, "Antonio Llidó, un sacerdote revolucionario".
En este nuevo libro recorre el último año de vida del poeta desde su regreso a Chile como embajador en Francia en noviembre de 1972 hasta su muerte y entierro. Además, el último capítulo repasa la vida de su viuda Matilde Urrutia hasta su deceso, en 1985.
De todo el relato, los hechos clave se concentran en los dos últimos días de vida del poeta, aunque sus principales testigos, Matilde Urrutia y Manuel Araya, difieren en sus relatos.
Según la versión de Araya, el 23 de septiembre, Pablo Neruda les pidió a Urrutia y a él que viajaran a Isla Negra para recoger algunas pertenencias de la casa que poseían en esa apacible localidad del litoral chileno, a unos 100 kilómetros de Santiago.
Neruda y su mujer se disponían a partir al exilio en México tras recibir una invitación a través del entonces embajador de ese país, Gonzalo Martínez Corbalá.
Cuando estaban en Isla Negra, "recibieron una llamada de Pablo Neruda, que les alertó de que le habían colocado una misteriosa inyección en el estómago", relata Amorós.
Al retornar a Santiago, encontraron a Neruda con fiebre. Un médico pidió entonces a Araya que saliera a buscar un medicamento fuera y en ese momento fue detenido y conducido al Estadio Nacional, donde fue torturado.
En cambio, Urrutia siempre afirmó que el viaje a Isla Negra se produjo un día antes, el 22 de septiembre, y que al regresar a la capital encontraron a Neruda muy alterado y afectado por las noticias sobre la sangrienta represión del régimen.
En ese momento, según contó en sus memorias, llamó a una enfermera y le colocaron una inyección, un tranquilizante, que le sumió en un sueño del que nunca más despertó. Tras pasar un día en estado de coma, el gran poeta falleció en la noche del día 23.
"Hay contradicciones en los dos relatos, principalmente en el de Araya", admite Amorós.
Esas contradicciones alimentan las dudas, y esas dudas, según este periodista, "hay que despejarla con la exhumación" de los restos del poeta, que hoy descansan frente al mar, en Isla Negra, junto a los de Matilde Urrutia.
(Con información de EFE)
"En el libro yo pregunto si Neruda pudo haber sido asesinado, pero no respondo a ello", dice a Efe Amorós sobre el libro "Sombras sobre Isla Negra. La misteriosa muerte de Pablo Neruda", que él mismo presentó en la capital chilena.
El Premio Nobel de Literatura en 1971 falleció en una clínica privada de Santiago doce días después del golpe de Estado de Augusto Pinochet, el 23 de septiembre de 1973, debido oficialmente a un avanzado cáncer de próstata, según consta tanto en el certificado como en el acta de defunción.
Sin embargo su tercera mujer, Matilde Urrutia, sostuvo durante los doce años que le sobrevivió que al autor de "Cancionero general" "no le mató el cáncer", sino que su fallecimiento se debió a un paro cardíaco.
"Es muy sorprendente descubrir cómo Matilde Urrutia no dio crédito a que la causa de muerte fuera el cáncer. Habló simplemente de un paro cardíaco. (Aun así), ella jamás denunció que su marido hubiera sido asesinado", recalca Amorós.
Esa versión es la que defiende Manuel Araya, antiguo chófer de Neruda que actualmente vive en la localidad costera de San Antonio, y que en 2011, en una entrevista a la revista mexicana Proceso, insistió en que Neruda fue asesinado por agentes del régimen.
Su hipótesis recuerda al caso del expresidente Eduardo Frei Montalva (1964-1970), que falleció en 1982 en la misma clínica, la Santa María, cuando encabezaba una incipiente oposición al régimen.
Oficialmente, su muerte se debió a una septicemia, pero desde 2009 la Justicia investiga si en realidad se debió a un homicidio por envenenamiento.
En el caso de Neruda, fue la denuncia del chófer lo que dio lugar a que el Partido Comunista, en el que Neruda militó, presentara en mayo de 2011 una querella que fue admitida por la Justicia, con lo que se abrió así una investigación sobre su muerte.
En esa indagatoria, el juez Mario Carroza se ha topado con que ninguno de los tres centros hospitalarios en que Neruda fue atendido durante 1973 conservan sus informes médicos, pese a que la ley obliga a mantenerlos durante 40 años, dice Amorós.
"La tesis del libro es que la muerte de Pablo Neruda es una muerte envuelta en el misterio. Hay una infinidad de interrogantes sobre si pudo ser asesinado, como sostiene su chófer e investiga ahora el juez Mario Carroza, o si es una muerte natural", señala.
"En ese último caso, desde mi punto de vista, habría sido inducido por el terrible sufrimiento que supuso para él el golpe de Estado", añade el autor, que ha escrito varios volúmenes dedicados a Chile, entre ellos, "Antonio Llidó, un sacerdote revolucionario".
En este nuevo libro recorre el último año de vida del poeta desde su regreso a Chile como embajador en Francia en noviembre de 1972 hasta su muerte y entierro. Además, el último capítulo repasa la vida de su viuda Matilde Urrutia hasta su deceso, en 1985.
De todo el relato, los hechos clave se concentran en los dos últimos días de vida del poeta, aunque sus principales testigos, Matilde Urrutia y Manuel Araya, difieren en sus relatos.
Según la versión de Araya, el 23 de septiembre, Pablo Neruda les pidió a Urrutia y a él que viajaran a Isla Negra para recoger algunas pertenencias de la casa que poseían en esa apacible localidad del litoral chileno, a unos 100 kilómetros de Santiago.
Neruda y su mujer se disponían a partir al exilio en México tras recibir una invitación a través del entonces embajador de ese país, Gonzalo Martínez Corbalá.
Cuando estaban en Isla Negra, "recibieron una llamada de Pablo Neruda, que les alertó de que le habían colocado una misteriosa inyección en el estómago", relata Amorós.
Al retornar a Santiago, encontraron a Neruda con fiebre. Un médico pidió entonces a Araya que saliera a buscar un medicamento fuera y en ese momento fue detenido y conducido al Estadio Nacional, donde fue torturado.
En cambio, Urrutia siempre afirmó que el viaje a Isla Negra se produjo un día antes, el 22 de septiembre, y que al regresar a la capital encontraron a Neruda muy alterado y afectado por las noticias sobre la sangrienta represión del régimen.
En ese momento, según contó en sus memorias, llamó a una enfermera y le colocaron una inyección, un tranquilizante, que le sumió en un sueño del que nunca más despertó. Tras pasar un día en estado de coma, el gran poeta falleció en la noche del día 23.
"Hay contradicciones en los dos relatos, principalmente en el de Araya", admite Amorós.
Esas contradicciones alimentan las dudas, y esas dudas, según este periodista, "hay que despejarla con la exhumación" de los restos del poeta, que hoy descansan frente al mar, en Isla Negra, junto a los de Matilde Urrutia.
(Con información de EFE)
miércoles, 23 de mayo de 2012
La pelota es como la vida ¿o es al revés?
Enrique Ubieta Gómez
Foto: Ismael Francisco
La verdad es que sin lanzadores no hay béisbol. Y Ciego los tiene más ajustados o inspirados, no sé. Coraje e inteligencia, son los atributos imprescindibles de un buen lanzador. A veces, mucho coraje y poca inteligencia resultan nefastos, como sucedía con el admirable Lázaro de la Torre, el brazo de hierro, cuando se empecinaba en pasar sus rectas duras por el mismísimo centro. A veces, falta el coraje, y es peor, el bateador lo percibe, deja pasar las bolas elusivas y espera la buena, que llega mansa y temerosa. La lógica de Vargas al elegir a cada relevista es, por otra parte, enrevesada, como si lo importante fuese el juego siguiente y no el que se dirime hoy. La pelota es como la vida, ¿o es al revés? En los portales de la manzana de Gómez, el edificio que albergaba las oficinas del magnate Gómez Mena, frente al hoy Museo de Bellas Artes (Arte Universal), han inscrito las definiciones extradeportivas de las frases con las que el béisbol explica la vida: estar "en tres y dos", esto es "al duro y sin guante", "coger movido" a alguien, etc., etc. Buena iniciativa. Así que todo puede suceder todavía –así lo establece la vida, ¿o el béisbol?: nada se acaba hasta que se acaba, es decir, hasta el último out de la temporada–, porque Industriales es un equipo grande y ha remontado ventajas y vaticinios mas lúgubres. El lunes pensé ir al estadio, pero llovió y el juego quedó suspendido. Ayer preferí quedarme en casa, frente al televisor, traguito de ron incluido. Pero cuando la ventaja contraria se hizo excesiva cambié de canal. Mi barrio se comporta como el estadio: si impera el silencio, las cosas marchan mal. Si Industriales anota o realiza un gran fildeo, estalla. Allí uno puede respirar los olores del triunfo o del fracaso cercanos, sin necesidad de seguir los pormenores. Hoy supe el score final: 8 x 3, a favor de los avileños. El cielo ha perdido el color azul industrialista de la semana pasada, pero espero que el nubarrón pase. Y que la muchacha de la foto pueda sonreir mañana.
Foto: Ismael Francisco
La verdad es que sin lanzadores no hay béisbol. Y Ciego los tiene más ajustados o inspirados, no sé. Coraje e inteligencia, son los atributos imprescindibles de un buen lanzador. A veces, mucho coraje y poca inteligencia resultan nefastos, como sucedía con el admirable Lázaro de la Torre, el brazo de hierro, cuando se empecinaba en pasar sus rectas duras por el mismísimo centro. A veces, falta el coraje, y es peor, el bateador lo percibe, deja pasar las bolas elusivas y espera la buena, que llega mansa y temerosa. La lógica de Vargas al elegir a cada relevista es, por otra parte, enrevesada, como si lo importante fuese el juego siguiente y no el que se dirime hoy. La pelota es como la vida, ¿o es al revés? En los portales de la manzana de Gómez, el edificio que albergaba las oficinas del magnate Gómez Mena, frente al hoy Museo de Bellas Artes (Arte Universal), han inscrito las definiciones extradeportivas de las frases con las que el béisbol explica la vida: estar "en tres y dos", esto es "al duro y sin guante", "coger movido" a alguien, etc., etc. Buena iniciativa. Así que todo puede suceder todavía –así lo establece la vida, ¿o el béisbol?: nada se acaba hasta que se acaba, es decir, hasta el último out de la temporada–, porque Industriales es un equipo grande y ha remontado ventajas y vaticinios mas lúgubres. El lunes pensé ir al estadio, pero llovió y el juego quedó suspendido. Ayer preferí quedarme en casa, frente al televisor, traguito de ron incluido. Pero cuando la ventaja contraria se hizo excesiva cambié de canal. Mi barrio se comporta como el estadio: si impera el silencio, las cosas marchan mal. Si Industriales anota o realiza un gran fildeo, estalla. Allí uno puede respirar los olores del triunfo o del fracaso cercanos, sin necesidad de seguir los pormenores. Hoy supe el score final: 8 x 3, a favor de los avileños. El cielo ha perdido el color azul industrialista de la semana pasada, pero espero que el nubarrón pase. Y que la muchacha de la foto pueda sonreir mañana.
martes, 22 de mayo de 2012
Cumpleaños 80 de Mirta, madre del héroe Tony Guerrero
E.U.G.
Ayer en la tarde, un numeroso grupo de familiares, amigos y activistas por la liberación de los Cinco, nos reunimos en el Memorial José Martí para homenajear a Mirta Rodríguez en su 80 cumpleaños. Madre del héroe Tony Guerrero, Mirta ha luchado incansablemente, durante más de una década, por su liberación y por la de sus compañeros. Espera poder sobrevivir al injusto encierro del hijo. Obsequiada con una obra del pintor Ernesto García Peña, a quien acompañó en la apertura de su exposición personal, y agasajada por los asistentes, Mirta apagó la simbólica vela con forma de Giraldilla sobre el cake, para después disfrutar de un pequeño concierto del pianista Frank Fernández. A su lado, durante toda la velada, como una hermana mayor, estuvo nuestra entrañable Fina García Marruz, quien recientemente recibiera el Premio Reina Sofía de Poesía. Precisamente, fueron estos versos de Tony los que abrieron la tarde:
Del manto del amor/
se envuelve la ternura,/
la ternura más pura/
que es lucero y es flor.
La ternura que engendra/
el arbol de la vida/
la que hace que uno aprenda/
lo que nunca se olvida.
La ternura infinita,/
la que todo lo abre,/
la que nada la imita,/
la que ofrece una madre.
Ayer en la tarde, un numeroso grupo de familiares, amigos y activistas por la liberación de los Cinco, nos reunimos en el Memorial José Martí para homenajear a Mirta Rodríguez en su 80 cumpleaños. Madre del héroe Tony Guerrero, Mirta ha luchado incansablemente, durante más de una década, por su liberación y por la de sus compañeros. Espera poder sobrevivir al injusto encierro del hijo. Obsequiada con una obra del pintor Ernesto García Peña, a quien acompañó en la apertura de su exposición personal, y agasajada por los asistentes, Mirta apagó la simbólica vela con forma de Giraldilla sobre el cake, para después disfrutar de un pequeño concierto del pianista Frank Fernández. A su lado, durante toda la velada, como una hermana mayor, estuvo nuestra entrañable Fina García Marruz, quien recientemente recibiera el Premio Reina Sofía de Poesía. Precisamente, fueron estos versos de Tony los que abrieron la tarde:
Del manto del amor/
se envuelve la ternura,/
la ternura más pura/
que es lucero y es flor.
La ternura que engendra/
el arbol de la vida/
la que hace que uno aprenda/
lo que nunca se olvida.
La ternura infinita,/
la que todo lo abre,/
la que nada la imita,/
la que ofrece una madre.
En primer plano, Mirta Rodríguez y Fina García Marruz. Un poco atrás, Magalys Llort, madre del héroe Fernando González Llort.
Además de Magalys, Mirta y Fina, aparecen en esta foto Aurora, esposa de Fernando, y Olga, esposa del héroe René González, entre otras personas.
El pintor García Peña entrega su obsequio de cumpleaños a Mirta.
Apertura de la exposición personal de García Peña.
Durante el recorrido por la sala.
¡Feliz cumpleaños Mirta! ¡Libertad para los Cinco!
lunes, 21 de mayo de 2012
Crónica del primer juego de la gran final: Industriales 2, Ciego de Ávila 3.
Enrique Ubieta Gómez
Fotos de 10kbzas
Ayer estuve en el Latino. Tuve suerte, porque llegué al filo de las dos –el estadio repletísimo, bullente–, y un amigo me coló en la ansiada zona de los palcos, a la izquierda del home. Un aficionado con su cornetín destrozaba con alevosía los tímpanos de quienes nos hallábamos indefensos en la fila anterior a la suya. El Latino con Industriales discutiendo el cetro es, como la Tropical con los Van Van, uno de los momentos (lugares) imprescindibles de la cultura cubana. Pero hay que ir preparado para perder la audición y la voz, al menos por dos días. Por suerte, eliminaron los aplausos grabados que escuché en la subserie pasada. En el Latino la gente tiene que gritar y aplaudir lo que estime: el sonido grabado no debiera jamás suplantar o disminuir la reacción espontánea (el sonido natural, con sus tambores y cornetas) del público. Cuidado con esto. Cero tras cero, el juego llegó a la séptima entrada. Los azules apenas conectaron un hit en seis entradas. Vladimir cortaba el aire con envíos de 95 millas y excelente control; Odrisamer se las arreglaba para espaciar los hits y desesperar a los potenciales impulsores, con su sonrisa burlona y su gorra de medio lado. Buena noticia para el béisbol cubano es la presencia de, como mínimo, cuatro lanzadores de primera línea, que podrían aportarle profundidad al equipo nacional. Pero el cielo se vino abajo, y lo que había atribuido a la buena suerte se convirtió en su contrario: estaba sentado en uno de los pocos lugares sin resguardo de la zona techada. Resistimos unas cuantas jugadas, hasta que el juego fue aplazado. Entonces, decidí regresar a casa y ver la continuación del partido, que se anunciaba para las seis y media, por televisión. Mala decisión. En estas cosas puedo ser muy supersticioso. Una entrada fatal, la del reinicio, en la que el guante de Correa se tornó resbaloso –dos errores, uno para el lanzador, otro para el receptor, pero ambos debidos a la impericia del segundo–, permitieron las carreras decisivas del choque. Odio perder los juegos así: prefiero el jonrón del adversario, al error propio. Vargas sin embargo estuvo bien en la conferencia de prensa inmediatamente posterior al encuentro –que por fin, están siendo televisadas en vivo–, cuando defendió a su máscara, una noche mala la tiene cualquiera, dijo, y no le endilgó la derrota. En la última entrada, dos outs, hombres en primera y segunda, y el Tabares de los grandes momentos, casi producen la infalible fórmula del infarto: jonrón que dejaba al campo a los tigres. Dije casi, porque después de saltar de júbilo –pues sí, soy industrialista–, alguien me zarandió para advertirme: oooye, fue foul. Durante varios minutos estuve furioso con el árbitro, pero la sonrisa abierta de Tabares me convenció. Y claro, la magia no se repite. El juego terminó 3 x 2, favorable a los avileños, que jugaron con coraje, en un escenario temible. Hoy vuelvo al Latino. Me gustan las emociones fuertes.
Fotos de 10kbzas
Ayer estuve en el Latino. Tuve suerte, porque llegué al filo de las dos –el estadio repletísimo, bullente–, y un amigo me coló en la ansiada zona de los palcos, a la izquierda del home. Un aficionado con su cornetín destrozaba con alevosía los tímpanos de quienes nos hallábamos indefensos en la fila anterior a la suya. El Latino con Industriales discutiendo el cetro es, como la Tropical con los Van Van, uno de los momentos (lugares) imprescindibles de la cultura cubana. Pero hay que ir preparado para perder la audición y la voz, al menos por dos días. Por suerte, eliminaron los aplausos grabados que escuché en la subserie pasada. En el Latino la gente tiene que gritar y aplaudir lo que estime: el sonido grabado no debiera jamás suplantar o disminuir la reacción espontánea (el sonido natural, con sus tambores y cornetas) del público. Cuidado con esto. Cero tras cero, el juego llegó a la séptima entrada. Los azules apenas conectaron un hit en seis entradas. Vladimir cortaba el aire con envíos de 95 millas y excelente control; Odrisamer se las arreglaba para espaciar los hits y desesperar a los potenciales impulsores, con su sonrisa burlona y su gorra de medio lado. Buena noticia para el béisbol cubano es la presencia de, como mínimo, cuatro lanzadores de primera línea, que podrían aportarle profundidad al equipo nacional. Pero el cielo se vino abajo, y lo que había atribuido a la buena suerte se convirtió en su contrario: estaba sentado en uno de los pocos lugares sin resguardo de la zona techada. Resistimos unas cuantas jugadas, hasta que el juego fue aplazado. Entonces, decidí regresar a casa y ver la continuación del partido, que se anunciaba para las seis y media, por televisión. Mala decisión. En estas cosas puedo ser muy supersticioso. Una entrada fatal, la del reinicio, en la que el guante de Correa se tornó resbaloso –dos errores, uno para el lanzador, otro para el receptor, pero ambos debidos a la impericia del segundo–, permitieron las carreras decisivas del choque. Odio perder los juegos así: prefiero el jonrón del adversario, al error propio. Vargas sin embargo estuvo bien en la conferencia de prensa inmediatamente posterior al encuentro –que por fin, están siendo televisadas en vivo–, cuando defendió a su máscara, una noche mala la tiene cualquiera, dijo, y no le endilgó la derrota. En la última entrada, dos outs, hombres en primera y segunda, y el Tabares de los grandes momentos, casi producen la infalible fórmula del infarto: jonrón que dejaba al campo a los tigres. Dije casi, porque después de saltar de júbilo –pues sí, soy industrialista–, alguien me zarandió para advertirme: oooye, fue foul. Durante varios minutos estuve furioso con el árbitro, pero la sonrisa abierta de Tabares me convenció. Y claro, la magia no se repite. El juego terminó 3 x 2, favorable a los avileños, que jugaron con coraje, en un escenario temible. Hoy vuelvo al Latino. Me gustan las emociones fuertes.
¿Quién pone en hora el reloj biológico?
Santiago Alba Rico
Ilustración de Zardoyas
Ilustración de Zardoyas
Tomado de La Calle del Medio No. 48
Hace algunos días me impresionó
mucho la muerte de una mujer a la que apenas conocía; con discreción, sin
dolor, sin lucha, a los 90 años volvió a la naturaleza sin haberse apartado
nunca mucho de ella. Me impresionó asimismo la belleza rotunda con que su hijo
anunció la noticia: “se fue dejando una huella ecológica minúscula y llevándose
con ella todo el neolítico”. Así imagina su muerte también la abuela Margarita,
otra mujer de pueblo, enraizada contra el mundo, que vivirá hasta los 100 años
después de haber conocido todos los dolores, salvo el del remordimiento, y que
se acostará por última vez sin ganas de un suplemento celestial: “como la
siesta de un árbol seco; pa la tierra y pa'l sol”.
Si de algo no muere ya nadie, o
casi nadie, es de “muerte natural”. O, más exactamente, de muerte “biológica”.
El hecho de que la muerte se siga llevando un soporte físico -apenas cambiado
desde hace un millón de años- y deje un residuo material, induce la ilusión de
un proceso espontáneo y fatal, regido sólo por sus propias leyes orgánicas.
Esto es cada vez menos cierto en un mundo en el que es la tecnología la que
cura cánceres que en algún sentido la propia tecnología ha producido, de manera
que tanto la causa de la muerte como su aplazamiento tienen un origen humano.
Basta pensar, por ejemplo, en los 10 millones de personas que mueren todos los
años, según la ONU, como consecuencia directa del cambio climático. Sobre las
guerras y bombardeos nadie tiene la menor duda, pero, ¿son naturales los
tumores? ¿Las inundaciones? ¿Los terremotos? ¿Los infartos?
En realidad la muerte nunca ha sido
“natural”. El llamado “reloj biológico” de los humanos se ha visto siempre
retrasado o acelerado por el medio social y cultural vigente; digamos que ha
estado “siempre en hora” con las condiciones materiales y espirituales
asociadas a la reproducción del conjunto. Sólo como excepción -legendarios
casos de longevidad asocial o irracional, como el del bíblico Matusalem- los
seres humanos han vivido más de lo normal; es decir, más allá de la
norma ecosistémica correspondiente al desarrollo de las fuerzas productivas y a
las jerarquías culturales, a veces infames, que las reflejaban o deformaban.
Mientras soñaban con la inmortalidad y generaban mitos y cuentos sobre edades
de oro sin enfermedad ni dolor, todos los pueblos del mundo, durante 15000
años, han sucumbido naturalmente a sus límites sociales y algunas comunidades,
conscientes de ellos, han tratado de controlarlos de forma artificial y a veces
cruel. El amor a los niños no impedía el infanticidio, por ejemplo, para
regular los equilibrios demográficos. Y el respeto casi sagrado a los ancianos
no impedía la eutanasia social. Los tasmanios, los esquimales o los fueguinos
no dudaban en abandonar o sacrificar al anciano que ya no servía para el
trabajo; y entre los chukchis y los bororos, era el propio anciano el que se
retiraba y se dejaba morir para no representar un obstáculo. En condiciones muy
duras, allí donde la media de vida era muy baja, la longevidad se convertía en
una amenaza: pasar de una cierta edad convertía en sospechoso de brujería al
agraciado, que era por eso mismo ejecutado.
En fin, teníamos un reloj y eran
las condiciones sociales las que lo ponían en hora. Es casi una banalidad
afirmar que no era uno mismo, pero tampoco Dios, el que decidía la fecha y hora
de nuestra muerte; aunque había alguna sensatez en creer que, si no éramos
nosotros los que la decidíamos, era Dios el que lo hacía. El capitalismo, que
ha liberado fuerzas productivas sin precedentes y cuyas tecnologías médicas
prolongan vidas insostenibles en sociedades anteriores, parece haber roto esta
maldición milenaria. Somos hasta tal punto dueños de nuestra existencia que no
sólo podemos decidir el sexo de nuestros hijos sino también el día de nuestra
muerte. La industria farmacológica y las corporaciones médicas invierten todos
los años millones de euros en producir cremas, pastillas y prótesis que
garantizan una longevidad cada vez mayor; aún más, una reciente investigación
sobre las mitocondrias promete alterar las enzimas que producen el
envejecimiento de las células y prolongar la vida media hasta los 120 años
edad. Potencialmente, cada generación humana podría abarcar el arco cronológico
de un siglo entero.
Potencialmente. Porque los mismos
periódicos que anuncian en grandes titulares la superación de nuevas barreras,
un poco más abajo y de manera mucho más discreta declaran la permanencia de los
viejos límites: “Los ricos viven treinta años más que los pobres”. Para que nos
hagamos una idea, mientras que entre 1975 y 2005 la edad media de vida de los
ingleses aumentó en ocho años (hasta casi los 79), la esperanza de vida en el
Africa subsahariana apenas se incrementó en cuatro meses (para llegar a los
46,1 años). Estos datos de la revista The Lancet revelan asimismo que el corte
no es nacional sino económico-social, de manera que los ciudadanos más pobres
de Glasgow, por ejemplo, tienen una esperanza de vida de 54 años, inferior a la
media de la India. ¿Quién decide sobre la vida y la muerte de los seres
humanos? No la ciencia, que podría fabricar más antibióticos y mejores hasta
cubrir el conjunto del mundo; ni la producción agrícola, que podría alimentar a
tres planetas Tierra; ni la razón y la bondad humanas, que podrían regular y
acariciar las relaciones humanas en todas partes por igual. Es el mercado -de
mano de obra y de mercancías- el que, mientras produce las condiciones
materiales del máximo bienestar y la máxima longevidad, impide su aplicación y
generalización. Dios, sin duda, era una ilusión más sensata y menos dañina.
Digamos que durante las últimas
décadas podíamos creer que la “naturaleza” inglesa era más resistente que la
frágil “naturaleza” africana. Pero ahora ya no es posible ocultar que se trata
de una cuestión de clase. La guerra que llamamos “crisis” ha retirado algunas
pudorosas cortinas ideológicas. Los tiempos demandan el regreso a la eutanasia
social también en Europa. La sociedad pretendidamente más avanzada y libre de
la historia tiene que comportarse como los fueguinos, los bororos, los chukchis
y los esquimales; no hay ninguna diferencia entre las decisiones del FMI y las
costumbres de los tasmanios. En su último informe, la institución internacional
declara: “Los riesgos asociados a un aumento de la expectativa de vida son muy
altos: si hasta el año 2050 la vida media creciese en tres años por encima de
la media actual, aumentarían en un 50% los ya elevados costes del Estado del
Bienestar”. ¿La solución? Obviamente vivir menos. ¿Y cómo reducir la vida media
de los europeos? Obviamente multiplicando las causas de mortalidad; es decir,
la pobreza. Los llamados “ajustes” de Rajoy en España, por ejemplo, con sus
amputaciones en el presupuesto de educación y sanidad, no están destinados sólo
a alimentar a los bancos sino -ahora lo sabemos- a reducir la esperanza de
vida. La eutanasia social ha sido siempre la solución de los pueblos bárbaros y
primitivos a los problemas estructurales.
Lo que también cuenta el informe de
The Lancet (no el del FMI) es que el aumento de la longevidad está ligado, no
tanto a las tecnologías médicas como al “estatus”, en el sentido muy amplio de
autogobierno, empoderamiento social, recursos intelectuales y autoestima.
Quizás por eso, con todo lo que aún puede mejorar, la pequeña Cuba sigue siendo
un milagro. Porque no es la eutanasia social del mercado sino la trabajosa y
trabajada naturaleza humana la que preside sus intercambios económicos y
sociales.
Eusebio Leal: “No podremos entender la Revolución sin la República”
Pedro
Martínez Pírez
A propósito del 20 de mayo de 1902, nacimiento de la República neocolonial
cubana, compartimos esta entrevista concedida por el Historiador de La Habana Eusebio Leal,
a la Revista Temas:
Eusebio, ¿República
mediatizada, seudo- república o simplemente República, la cubana que nació el
20 de mayo de 1902 y terminó el Primero de enero de 1959?
Creo que República, y que, además, es una República que nace
bajo las circunstancias de no ser la hija legítima de la Revolución, sino su
aborto. Quiero decir: se había fundado una república en Guáimaro, ahí está
nuestra tradición revolucionaria, democrática. Los principios fundamentales de
nuestras esperanzas futuras se sentaron en Guáimaro, en abril de 1869. Si
observamos el proceso que vino después, vamos a ver cómo a partir de la
creación de ese territorio libre del colonialismo español -el que el Ejército
Libertador pudo sostener y donde, queramos o no, estuvo el gobierno revolucionario
con todas sus luces y sombras-, nace ese proceso.
Y se extingue cuando se declara disuelto el Gobierno
Revolucionario, no el que fenece con la paz de El Zanjón, y ni aun con el
Consejo Revolucionario que se crea después de la Protesta de Baraguá, y
que persuade a Antonio Maceo la necesidad de su partida al exterior,
convenciéndolo de que no perezca en una reyerta inútil, cuando ya no había
esperanzas materiales y solamente quedaba y quedaría el eco y la luz del acto
moral de Baraguá; sino el que termina después de los hitos posteriores, aun el
de 1895, con la disolución del Ejército Libertador más tarde, y con la del
gobierno presidido por Bartolomé Masó.
Podríamos analizar todos y cada uno de estos hitos: la
primera república, la cespediana; la que se extingue con el pacto de El Zanjón;
la que sobreviene con el Consejo Revolucionario, presidido por el venerable
Silverio del Prado, por Manuel Calvar, por Maceo, por Vicente García; la que
sobreviene después, en el 95, con posterioridad a la discusión en La Mejorana entre Martí,
Gómez y Maceo, en la que se debate la forma de gobierno. Esto queda atrás en el
momento en que, de hecho, se declara disuelto el Ejército mambí, se extingue el
gobierno revolucionario, y comienza ese lapso oscuro que es la ocupación
norteamericana, enjuiciada por Máximo Gómez, de forma breve y precisa, en su
anotación del 8 de enero de ese año 1899: “tristes se han ido ellos [los
españoles] y tristes nos hemos quedado nosotros, porque un poder extranjero los
ha sustituido”.
Máximo Gómez reconoce implícitamente que había un poder real
-el español-, que a lo largo de siglos había privado al pueblo cubano de
ejercer, llegado a la madurez de su vida, estando presentes en la sociedad
cubana los elementos formativos que la favorecían, una opción independentista
-a la que nunca tuvimos en realidad acceso-, fallido primero el intento de que
Cuba se incorporase al movimiento de liberación hispanoamericana iniciado en
México, y en todo el sur por Bolívar y por los padres fundadores; el resultado
del 68 después, y finalmente el desastre de la intervención norteamericana, que
Gómez en ese mismo párrafo señala. En esa misma anotación, dice que es una
“intervención impuesta por la fuerza”. En esta entrevista no podemos
explayarnos en criterios diversos sobre el hecho, pero lo cierto es que los norteamericanos
llegan, eso es lo histórico; desconocen al gobierno revolucionario; utilizan al
Ejército Libertador como unos cargadores, como unas tropas de adelanto que van
limpiándoles el camino, hasta que se esfuma la ilusión de que los americanos
vienen a Cuba como aliados.
El propio Gómez -para volver a citarlo- en su célebre carta
de respuesta al Capitán General Ramón Blanco, que le insta a una alianza entre
tropas cubanas y españolas para arrojar fuera a los yanquis, le responde: “Me
asombra su atrevimiento, al proponerme nuevamente términos de paz, cuando usted
sabe que cubanos y españoles jamás pueden vivir en paz en el suelo de Cuba.
Usted representa en este Continente una monarquía vieja y desacreditada y
nosotros combatimos por un principio americano; el mismo de Bolívar y
Washington [...] Yo solo creo en una raza: la Humanidad; y para mí no
hay sino naciones buenas y malas; España habiendo sido hasta aquí mala, y
cumpliendo los Estados Unidos, hacia Cuba, un deber de humanidad y
civilización, en estos momentos”; para, poco después, con aquella agudeza que
tenía, y como hombre que conocía demasiado la cuestión cubana por dentro, y
había oído tanto a Martí, diga: “No veo el peligro de nuestro exterminio por
los Estados Unidos, a que usted se refiere en su carta. Si así fuese: la
Historia los juzgará”. El juicio está montado en la ocupación americana, en ese
período de ocupación -1900-1902-, cuando quedan claras todas las intenciones;
cuando estas se ponen de manifiesto, con brutalidad absoluta, en la asamblea
constituyente de 1901 en el Teatro Martí; cuando se les advierte a los
asambleístas que si no hay enmienda no hay República. Y a la constituyente, que
tenía como único objetivo -para el cual había sido elegida-, preparar una base
constitucional para la
República futura, le impone el deber de legislar sobre cómo
serían las relaciones futuras entre Cuba y los Estados Unidos, y le impone la Enmienda Platt, que
no solamente merma, sino mutila todos los atributos de soberanía de la República que nace el 20
de mayo de 1902.
Sí, fue una República, fue reconocida por las grandes
potencias, por España, por los Estados Unidos; fue reconocida por Europa, por
Japón, por China. Ahí tenemos las cartas de reconocimiento de todas aquellas
personalidades. Fue reconocida por todos los pueblos iberoamericanos; pero en
realidad la República,
como tal, no existió, porque desde el punto de vista jurídico, el gobierno de
los Estados Unidos podía intervenir en Cuba sin consultar al Congreso ni al
Presidente. Y eso lo ejerció entre 1902 y 1905, en todas las presiones sobre el
gobierno de Tomás Estrada Palma, y de una forma brutal cuando ese propio
presidente, prevaricando de sus deberes, llama al gobierno norteamericano, en
una acción en la cual participa el Ministro de Cuba en Washington, Gonzalo de
Quesada, quien pide al presidente de los Estados Unidos la intervención en
Cuba. Ambos, Gonzalo de Quesada y Estrada Palma, eran discípulos amados de
Martí. Hasta el último momento de su vida está refiriéndose con cariño y con
afecto a Estrada, a quien él había llamado “el cenobita de Central Valley”. En
la carta del Secretario de Estado norteamericano está citado el telegrama de
Quesada que dice: “esto aquí nadie lo sabe, solamente el Presidente y yo”.
Es decir, se hizo a espaldas del Congreso, a espaldas de los
sectores de opinión. En medio de un conflicto interno, se solicita la
intervención norteamericana. Es un acto de soberbia del presidente Estrada
Palma, al no querer reconocer los resultados de unos comicios electorales que
estaban viciados, porque la
República que se entroniza nació con todos los vicios de
corrupción propios del modelo que le había sido propuesto como fórmula de
existencia. Dicen que el Presidente norteamericano estaba muy molesto, porque
la torpeza de los políticos cubanos venía a deshacer la imagen “grande y
generosa” que los Estados Unidos habían dado ante el mundo. La nación
norteamericana había cumplido el compromiso solemne de ambas cámaras -expresado
en la fórmula de que el pueblo de Cuba es y de derecho debe ser libre y
soberano- al intervenir en Cuba. Esa libertad había sido conculcada por la Enmienda Platt,
pero quedaba una formulación pública, un teatro montado, y ese teatro venía a
ser disuelto por Tomás Estrada Palma, y eso no convenía a los intereses
norteamericanos. Ellos no querían estar aquí, la escena maravillosa había sido
la partida, la entrega de la
República; pero tuvieron que volver, y cuentan que el
Presidente norteamericano le expresó a Gonzalo de Quesada: “Dígale al
presidente Palma que yo puedo enviar ahora mismo los barcos que me pide, pero
que piense en la mancha imborrable que caerá sobre su nombre”.
sábado, 19 de mayo de 2012
Bienvenida La Jeringa

Otro aniversario: por La Calle del Medio
Tomado del blog Apuntes desde Cuba
“La Calle del Medio cumple 4 años, increíble”. Eso me decía su Director – mi colega y amigo- Enrique Ubieta. Y quizás en ese momento ninguno de los dos aún sentíamos la magnitud de esas palabras.
“La Calle del Medio cumple 4 años, increíble”. Eso me decía su Director – mi colega y amigo- Enrique Ubieta. Y quizás en ese momento ninguno de los dos aún sentíamos la magnitud de esas palabras.
Pero para los que la vimos nacer
y la hemos visto llegar hasta su número 48, y traspasar las fronteras de los primeros
años, saliendo airosa en su enorme interés por conversar “con sentido crítico
de cultura, no solo de arte” - como lo enunciaron en su primer número-, resulta
halagador haber estado cerca y compartir
como colaboradora, como amiga, como colega, como lectora, con este grupo de
locos incansables que aunó desde el inicio este proyecto.
LEA TEXTO COMPLETO
P. D. Hoy en la noche, amigos y colaboradores nos reuniremos para festejar el aniversario. Si no alcanzamos a vernos, y se entera ahora, no deje de pasar. Usted también es bienvenido.
P. D. Hoy en la noche, amigos y colaboradores nos reuniremos para festejar el aniversario. Si no alcanzamos a vernos, y se entera ahora, no deje de pasar. Usted también es bienvenido.
viernes, 18 de mayo de 2012
El Ángel que cayó en Dos Ríos
“Se
lanza un ángel de la altura,
caída
libre que da frío.
La
orden de su jefatura
es
descender hasta Dos Ríos.
Es
diecinueve y también mayo:
Monte
de Espuma y Madre Sierra,
cuando
otro ángel, a caballo,
cae
con los pobres de la Tierra.”
Silvio Rodríguez
Cita
con ángeles
Carlos Rodríguez Almaguer
Es
sabido que la Historia humana se escribe con sangre. Del alma o de las venas. Aquel
aciago mediodía del 19 de mayo de 1895, el “balazo final que venía silbando
desde la carta a Collazo”[1]
había llegado a su destino: el cuerpo donde había encarnado el verbo, la
palabra de Cuba. Muerto el hombre, aún nos quedó su verbo: la palabra luminosa,
y eso fue suficiente para alumbrar los destinos de un pueblo que, en la
búsqueda incesante de “toda la justicia” para sí y para los demás, habría de
crecer en los próximos cien años como no creció nunca en los cuatro siglos
anteriores.
Cayó
aquel que fue Apóstol de su propia verdad, de cara al sol, cuando recién comenzaba
a desplegar sus alas el “águila de luz” que traía en la coraza que le vestía el
pecho; y cuando apenas empezaba a desbrozarse el camino que, una vez expulsada
España de Cuba, abriría las puertas para erigir, en el crucero del mundo, la
República Moral que concibió tomando para ella lo mejor de todos los modelos a
su alcance, pero conservando la originalidad salvadora y la ventaja que le daba
la experiencia adquirida en otras repúblicas, pequeñas y grandes, donde, en
unas, la mano de la colonia se les había venido encima “disfrazada con el
guante de la república”, y en otras, el amor excesivo a una riqueza material egoísta
e injusta había trocado el cetro de la libertad en cepo liberticida.
Llamó
así a su república porque sabía que en la sociedad humana no puede perdurar una
revolución social, ni económica, ni política, si no tiene como sostén más
sólido y definitivo la revolución moral que forja a sus defensores y sus beneficiarios en la fuerza que da la “fe
en el mejoramiento humano, en la vida futura y en la utilidad de la virtud”.
“Seamos honrados, cueste lo que cueste, después seremos ricos”, había dicho en
sus discursos fundadores aquel hombre lúcido y previsor que reconocía, por un
lado, que “en pueblos como en hombres la vida se cimenta sobre la satisfacción
de las necesidades materiales”, y al propio tiempo alerta por el otro, apelando
una vez más a su teoría del equilibrio,
que “importa poco llenar de trigo los graneros si se desfigura, enturbia
y desgrana el carácter nacional. Los pueblos no viven a la larga por el trigo
sino por el carácter”. Así invita a los hombres y mujeres de buena voluntad a
sumarse a su causa que no sería jamás la del odio, que “no construye”, sino la
del amor, que “engendra melodías”.
Para
dar una categoría más elevada a la condición humana, aquel a quien Gabriela
Mistral definiera como “el hombre más puro de la raza” le creó, entre otras,
una palabra más a la ya poderosa lengua de Cervantes: “homagno”, es decir,
“hombre magno”, que sería superior por su capacidad de mejorarse en el servicio
de la justicia y del bien a los demás. Y de este hombre superior él fue, a la
vez, el escultor y el modelo.
La
clave de su éxito ha estado en que su paradigma no se aleja del común de los
mortales hacia las imposibles regiones de los héroes mitológicos, sino que se
queda a habitar entre ellos, pero en una dimensión distinta cuya puerta de
entrada es la cotidiana capacidad de sacrificio en bien de los demás, lo cual
convierte a la criatura biológica que somos en un ser esencialmente humano. “El
genio no puede salvarse en la tierra si no asciende a la suprema dicha de la
humildad”. Esta es su tesis al respecto, en apariencias contradictoria para el
sentido común, que es el menos común de los sentidos, pero en esencia
visionaria y definitiva. Por eso coincido con el maestro Cintio Vitier cuando,
refiriéndose a Bolívar y a Martí, habló de “…estos hombres que no tenemos que
mitologizar ni humanizar, porque su humanidad fue su mitología y son ellos los
que en todo caso pueden humanizarnos…”[2]
De
mirar en las esencias humanas se ha vuelto intemporal. Si su cuerpo físico
existió apenas 42 años en la segunda mitad del siglo XIX, su pensamiento ha
quedado suspendido sobre la raza de los hombres como guía e inspiración, pues
la naturaleza humana no ha cambiado. De ahí que no sería justo hablar de sus
ideas en pasado, sino, sobre todo, en futuro, aunque de su muerte biológica,
amargamente prematura, podamos transcribir hoy estas mismas dolorosas palabras
vertidas por él con motivo de la muerte de otro grande: el venezolano Cecilio
Acosta, y se verá cuán legítimamente se le ajustan: “Ha muerto un justo (…).
Llorarlo fuera poco. Estudiar sus virtudes e imitarlas es el único homenaje
grato a las grandes naturalezas y digno de ellas. Trabajó en hacer hombres; se
le dará gozo con serlo. ¡Qué desconsuelo ver morir, en lo más recio de la
faena, a tan gran trabajador! (…) Pudo pasearse, como quien pasea con lo
propio, con túnica de apóstol. Los que le vieron en vida le veneran; los que
asistieron a su muerte, se estremecen. Su patria, como su hija, debe estar sin
consuelo; grande ha sido la amargura de los extraños; grande ha de ser la suya.
¡Y cuando él alzó el vuelo, tenía limpias las alas!”[3]
jueves, 17 de mayo de 2012
Controversia beisbolera (leones versus cocodrilos)
Excelente controversia sobre la serie semifinal del play off beisbolero, que finaliza hoy, entre los equipos de Industriales (los Leones) y Matanzas (los cocodrilos). Sus autores son el industrialista Alexis Díaz Pimienta, poeta, narrador y ensayista, y el anti-industrialista villaclareño Jesús Álvarez López. En Cuba hoy, hay dos tipos de aficionados en disputa: industrialistas y anti-industrialistas, los segundos aferrados a cualquier otro equipo si el suyo ya fue eliminado, por aquella máxima beisbolera de que gane "cualquiera, menos Industriales".
Alexis Díaz Pimienta Cuidado con el león / no podrás dormir tranquilo / porque el pobre cocodrilo / tendrá mala digestión. / El cocodrilo en cuestión / sé que busca un alimento / altamente suculento / pero aunque Víctor dirija, ¿no será una lagartija / vista con cristal de aumento?
Jesús Alvarez López Me pasé la noche en vilo, y soñé con el tesón, conque trataba el león, de escapar del cocodrilo, Alexis toma tu tilo, te lo digo con franqueza, el azul muestra tibieza, tú nunca has sido simplón, Matanzas será campeón, y que viva Víctor Mesa.
Alexis Díaz Pimienta Victor Mesa entre otros males / ya no sabe discernir / qué equipo va a dirigir / para ganarle a Industriales / primero, equipos centrales / ahora uno de Occidente / cualquier día uno de Oriente / pero no será Campeón / porque a la piel del León / no es fácil hincarle el diente.
Jesús Alvarez López Yo sé que es controvertido, pero Alexis la verdad, es que si Víctor no está, no sé, no sirve el partido, hasta tu verso encendido, no oculta su admiración, cuídate del pisotón, que te darán en Matanzas, guárdate tus alabanzas y cambia tu gorra, león.
Alexis Díaz Pimienta Mi gorra azul, mi melena / mi rugido a estadio lleno / son símbolos de lo bueno /que tiene nuestra novena. / Tu cocodrilo da pena / y a Victor, aunque lo admiro / le recomiendo el retiro / o si quiere bien-estar / que se vaya a Limonar / a escuchar punto guajiro.
Jesús Alvarez López Aunque no soy matancero, porque nací en Villa Clara, mi voto de forma clara, doy a ese equipo guerrero, yo siento tu desespero, y créame me da pena, porque admiro tu novena, pero tu saldrás en coche, si en el juego de esta noche, solo cortan tu melena.
Alexis Díaz Pimienta No morirá mi novena / aunque pelen al león / no somos como Sansón, / con la fuerza en la melena. / Cuando acabe la faena / dirás cosas diferentes / Y mis azules, rugientes, / ni mirarán hacia atrás: / León calvo asusta más / que cocodrilo sin dientes.
Alexis Díaz Pimienta Cuidado con el león / no podrás dormir tranquilo / porque el pobre cocodrilo / tendrá mala digestión. / El cocodrilo en cuestión / sé que busca un alimento / altamente suculento / pero aunque Víctor dirija, ¿no será una lagartija / vista con cristal de aumento?
Jesús Alvarez López Me pasé la noche en vilo, y soñé con el tesón, conque trataba el león, de escapar del cocodrilo, Alexis toma tu tilo, te lo digo con franqueza, el azul muestra tibieza, tú nunca has sido simplón, Matanzas será campeón, y que viva Víctor Mesa.
Alexis Díaz Pimienta Victor Mesa entre otros males / ya no sabe discernir / qué equipo va a dirigir / para ganarle a Industriales / primero, equipos centrales / ahora uno de Occidente / cualquier día uno de Oriente / pero no será Campeón / porque a la piel del León / no es fácil hincarle el diente.
Jesús Alvarez López Yo sé que es controvertido, pero Alexis la verdad, es que si Víctor no está, no sé, no sirve el partido, hasta tu verso encendido, no oculta su admiración, cuídate del pisotón, que te darán en Matanzas, guárdate tus alabanzas y cambia tu gorra, león.
Alexis Díaz Pimienta Mi gorra azul, mi melena / mi rugido a estadio lleno / son símbolos de lo bueno /que tiene nuestra novena. / Tu cocodrilo da pena / y a Victor, aunque lo admiro / le recomiendo el retiro / o si quiere bien-estar / que se vaya a Limonar / a escuchar punto guajiro.
Jesús Alvarez López Aunque no soy matancero, porque nací en Villa Clara, mi voto de forma clara, doy a ese equipo guerrero, yo siento tu desespero, y créame me da pena, porque admiro tu novena, pero tu saldrás en coche, si en el juego de esta noche, solo cortan tu melena.
Alexis Díaz Pimienta No morirá mi novena / aunque pelen al león / no somos como Sansón, / con la fuerza en la melena. / Cuando acabe la faena / dirás cosas diferentes / Y mis azules, rugientes, / ni mirarán hacia atrás: / León calvo asusta más / que cocodrilo sin dientes.
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