sábado, 27 de septiembre de 2014

El jueves 25 venció la poesía

 Foto: Iván Soca
E. U. G.
En la tarde-noche del jueves 25 –cumpleaños 79, por cierto, de mi madre–, tuvo lugar la peña mensual de Vicente Feliú en la Casa del Alba, que es punto de encuentro y partida de su cruzada a favor de la canción trovadoresca latinoamericana. En esta ocasión, el invitado fue Rey Montalvo. Excelente concierto, de buena música, y de textos irónicos, certeros, filosóficos. Al público habitual se sumó la presencia de los fieles de Rey, que a pesar de su juventud (o gracias a ella) son de todas las edades. Confabulados, desde el mismo inicio, estaban también algunas personalidades de la cultura: el poeta Waldo Leyva, Víctor Casaus y María Santucho y ya en las postrimerías, Abel Prieto. Como las noches de poesía suelen terminar en conversaciones de corte social y político (ya lo dijo Serrat), Yirmara, Roche y el hijo de ambos, locos hermosos, antes de regresar a Matanzas –desde donde vinieron para no perderse el concierto–, compartieron sueños y preocupaciones en casa. Al día siguiente, no llegó el huracán que yo anhelaba y tuve que partir de madrugada hacia la Isla de la Juventud, no en plan de vacaciones sino de trabajo, así que apenas hoy cuento esta historia, que ya es vieja. Pero puedo agregar ahora una satisfacción: el Partido, nuestro Partido, sin aspavientos mediáticos, movilizó su autoridad y hoy en la madrugada supimos que los perfumes que supuestamente homenajeaban al Che y a Chávez, no saldrán al mercado. Algo bueno tuvo ese incidente: nos mostró hasta dónde puede avanzar la "desideologización" del mercado. El jueves 25 venció la poesía.

Los símbolos son sagrados

En el Congreso recientemente organizado por LABIOFAM, se incluyó la presentación de dos perfumes que, según declaraciones a la prensa internacional de funcionarios de esa empresa, llevarían como marcas los nombres de “Ernesto” y “Hugo”, en un supuesto “ho­menaje” a los comandantes Ernesto “Che” Guevara y Hugo Chávez Frías.
Los pormenores de esta acción irresponsable fueron analizados a fondo en la noche de ayer, viernes 26 de septiembre, con el director de la empresa y los funcionarios que presentaron el producto, aún en fase de desarrollo, por lo cual no está producido comercialmente ni mucho menos registrado. Quedó esclarecido que no es cierto que los familiares del “Che” y Chávez hubiesen aprobado semejante utilización de sus nombres, como afirmó uno de los funcionarios a la agencia de noticias norteamericana AP.
Por este grave error serán tomadas las medidas disciplinarias que correspondan.
Iniciativas de esta naturaleza no serán aceptadas jamás por nuestro pueblo ni por el Gobierno Revolucionario.
Los símbolos ayer, hoy y siempre, son sagrados.
Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros

jueves, 25 de septiembre de 2014

Contra el catastrofismo

Emir Sader*
El que quiera refugiarse en el catastrofismo tiene un puerto seguro donde recalar. Puede seguir, diariamente, destacando los descalabros del mundo de hoy, entre guerras, miserias, crisis económicas, inestabilidades políticas, amenazas medioambientales, entre otros.
Total, el capitalismo, habiendo triunfado en la Guerra Fría, no ha logrado retomar un ciclo expansivo de la economía. Al contrario, en el centro mismo del sistema, en sus regiones más ricas, ya hace 6 años que está en crisis profunda, que destruye el Estado de bienestar social –su mejor construcción histórica–. Las economías norteamericana y europea no tienen horizonte para volver a crecer, difundiendo sus tendencias recesivas hacia la coyuntura del sistema.
La hegemonía imperial norteamericana, aun habiendo triunfado en la Guerra Fría, tropieza en un mundo de guerras cada vez más prolongadas, brutales y sin perspectivas de paz. Afganistán, Irak, Libia, Siria, Palestina, entre otros, son epicentros de guerras y violencias cada vez más sangrientas, sin que ninguna instancia intervenga para buscar soluciones de paz.
En un mundo de riquezas, la miseria, la pobreza, la exclusión social, la desigualdad sólo se multiplican. Desde Europa hacia Africa, pasando por Asia y por países de Latinoamérica –como México, por ejemplo–, la situación social se deteriora.
Un catastrofista puede desde su ventana –o desde su computadora– hacer su diario del fin del mundo, con materiales fértiles. El mundo está al borde de una crisis ambiental que lo llevará a la desaparición. El capitalismo presenta un escenario de estancamiento, de predominio de la especulación sobre la producción, de eliminación de empleos formales y de derechos sociales en general. Habrá quien diga que terminará en 50 años, sin explicar qué es lo que lo sustituirá ni cómo se daría ese final.
Total, el mundo es un caldo de cultivo para el catastrofismo. El denuncismo prolifera por todas partes. Hay generaciones de cronistas del caos, que nunca han construido nada, cuyas denuncias son reiteradamente desmentidas por la realidad, sin que cambien sus posturas.
El catastrofismo le hace el juego al mantenimiento del mundo –catastrófico, por cierto– tal cual él existe. Busca descalificar todo intento –realizado o no– de construir alternativas –que serían y son fatales para los catastrofistas. Parece una posición radical, intransigente, profunda, pero en verdad es una posición conservadora, resignada, que transita entre el escepticismo y el cinismo.
Es cómodo, se exacerba la crítica radical de todo lo existente, “todo es igual, nada es mejor”, como canta “Cambalache”. Pero es una invitación a la inactividad, que logra a veces conquistar a jóvenes que, precozmente, asumen actitudes de renuncia a asumir la realidad –con su complejidad y sus contradicciones– como ella efectivamente es.
El catastrofismo no es resultado de un análisis, es una postura psicológica, cómoda, perezosa para encarar la realidad. Tiene, como efecto, quitar fuerzas –intelectuales y políticas– a las luchas de trasformación de la realidad.
Toda visión catastrofista toma una o más de una tendencia real, para proyectarla a futuro, sin considerar las –siempre existentes– contratendencias. Ninguna tendencia catastrofista tuvo tanta difusión como la visión malthusiana respecto de la expansión demográfica y la supuesta incapacidad para producir alimentos en ese mismo ritmo. Una proyección que se reveló equivocada: hoy se producen alimentos para el doble de la población mundial, pero muy mal repartidos. A la vez en varias partes del mundo hay decrecimiento demográfico.
Al igual que hoy, hay síntomas de contratendencia, que terminan por desmoralizar las previsiones catastrofistas. Sí, el mundo no está bien, guerras, miseria, contaminación, pero pregúnteles a los chinos qué les parece la idea de que se va al peor de los mundos. Y no son pocos los chinos. Pregúnteles a los brasileños si han mejorado o empeorado sus vidas, si piensan que van a seguir mejorando o no, si están contentos de vivir en su país. Pregúnteles a los bolivianos, a los ecuatorianos.
Esos que han mejorado se han opuesto y contradicho a los fatalismos, el pensamiento único, las fórmulas económicas que pretendían ser insuperables o las previsiones pesimistas, catastrofistas. Porque todos los grandes cambios, que mejoran la vida de la gente, son hechos en contra de los catastrofismos.

*Sociólogo y filósofo brasileño, director del Laboratorio de Políticas Públicas (LPP) de la Universidad del Estado de Rio de Janeiro. Master en filosofia política y doctor en Ciencia política. En sección opinión del diario argentino Página12, el 25.09.14.

Obama va a la guerra (II)

Ángel Guerra Cabrera
Estados Unidos siempre ha necesitado un enemigo externo para atemorizar y disciplinar a su población y justificar sus aventuras bélicas, cada vez más frecuentes por cierto. Asesinado Bin Laden y duramente golpeadas las estructuras de Al Queda según la versión obamiana, hacía falta un plato más fuerte.
Este llegó con la súbita y desmedida exposición mediática del Estado Islámico (EI), surgido en fin de cuentas a consecuencia de las políticas belicosas y anti islámicas de Washington y sus amanuenses europeos, y saltó a los espacios estelares con el grotesco montaje sobre la urgencia de socorrer a los yazidíes –un pequeño pueblo milenario de cuya existencia probablemente ni Obama conociera hasta ese momento–, así como las teatrales escenas de video sobre las decapitaciones de dos estadunidenses.
Ambos espectáculos reiterados en la pequeña pantalla sirvieron para que unos estadunidenses cada vez más renuentes a las aventuras bélicas, aceptaran la guerra aérea, “sin botas sobre el terreno”, otra promesa del ocupante de la Casa Blanca.  La llamada guerra contra el EI no es más que la continuación del mismo conflicto bélico contra Irak iniciado hace un cuarto de siglo por George W. H. Bush, mantenido por William Clinton con la denominada zona de exclusión aérea y las crueles sanciones, reanudada por el menor de los Bush a un costo de cientos de miles de vidas iraquíes y ahora relanzada por el presidente que  prometió solemnemente retirarse del país árabe.
Esta guerra es una nueva fase de la estrategia estadunidense-israelí de lograr un profundo rediseño, desmembramiento y balcanización de los estados soberanos de Medio Oriente en micro estados ordenados según líneas confesionales y étnicas, después de haber sometido deliberadamente a sus pueblos a una exacerbación de sus seculares rencillas, religiosas o de otro tipo. Con ello, asegurar su división, debilitamiento y subordinación a los planes de control de los hidrocarburos, el agua y otros recursos naturales y a la vez liquidar todo foco de resistencia a su hegemonía en la región. No han podido lograrlo con Irán, la resistencia patriótica libanesa de Hezbolá ni con Siria y Palestina.
Al bombardear Siria, Obama viola descaradamente el compromiso contraído hace un año con Vladimir Putin cuando el líder ruso persuadió a su aliado Assad de destruir todas sus armas químicas a cambio de que Estados Unidos y sus aliados suspendieran definitivamente el ataque aéreo contra Damasco. Cabe recordar que Siria es un Estado de extrema sensibilidad estratégica para Moscú, cuyas relaciones actuales con Washington son todo menos amistosas ya que este las ha colocado en un rumbo de creciente y franca confrontación debido a su constante hostigamiento a la otra gran potencia nuclear.
A la vez Obama pisotea la ley internacional, la Carta de la ONU y la propia Constitución de Estados Unidos pues ninguna de ellas lo autoriza a atacar a otro Estado soberano que ni siquiera ha agredido al suyo.  Ya recibió una advertencia de Putin, que no acostumbra realizarlas en vano, pues suelen ser acompañadas o sucedidas por contragolpes. También Irán y Hezbolá han condenado el bombardeo yanqui.
La ridícula participación –al parecer eminentemente nominal– de las petromonarquías árabes ultrarreaccionarias en la fuerza aérea de la coalición que ataca a Siria agrava aún más la vulneración por Obama del derecho internacional y puede complicar mucho a futuro el desarrollo de este conflicto.
No conforme con montar una peligrosísima provocación a Rusia en Ucrania, a cuyas llamas continúa vertiendo gasolina, Washington recurre nada menos que a la reanudación de la guerra en Irak y su extensión por ahora a Siria, aunque ya el secretario de Estado Kerry dijo que los límites geográficos no les impedirán perseguir a los terroristas, por lo que puede esperarse el desbordamiento territorial de las operaciones.
Escenarios bélicos intercambiables mediáticamente, ayer Tel Aviv y Washington estaban arrasando con Gaza como parte de su objetivo de dividir y destruir a la resistencia palestina. Si tomamos en serio la declaración de Kerry, quién sabe a dónde se propongan atacar mañana.
Aunque Estados Unidos cambia de una semana a otra los objetivos y límites de sus guerras, según Obama esta persigue degradar y destruir al EI y llevará tiempo, o sea rebasará su mandato. La doctrina bushista de la guerra permanente se ha impuesto y por lo visto las promesas del premio Nobel de la paz son agua y cenizas.

martes, 23 de septiembre de 2014

Homenaje a mis compañeros de la Universidad de Kíev (dibujos)

Enrique Ubieta Gómez
Rastreando en mi papelería vieja, encontré estos dibujos de 1980 y 1982. Tenía entonces 22 y 24 años, respectivamente, y estudiaba filosofía en la Universidad de Kíev, en la Ucrania soviética. Son apuntes de mis compañeros de aula o albergue en Kíev, y un "autorretrato" que me hice frente al espejo. Espero que los vean con indulgencia –no aspiro a ser considerado artista de la plástica–; son solo eso, recuerdos queridos. Y es también un pequeño homenaje a los muchacho(a)s con los que compartí un trayecto decisivo de vida.
Jorge Carlos González, aunaba al parecer todas las virtudes de un Don Juan criollo: inteligente, con sentido del humor, trovador de voz potente, tenía siempre la palabra y el gesto precisos para cada tipo de interlocutora. Fue uno de los tres jóvenes cubanos que estudiamos filosofía entre los años 1978 y 1983 en Kíev. Profesor de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, falleció sin llegar a cumplir los cuarenta de manera absurda, después de una al parecer insignificante operación. Dejó una hija.
María Antonia Simeón, una de las más bellas e inteligentes condiscípulas. Fue profesora universitaria, y es desde hace algunos años traductora e intérprete de idioma ruso.
Cheo le llamaban –no recuerdo ahora sus apellidos–, el envidiado novio de María Antonia, estudiante del Instituto de Aviación Civil de Kíev. No conozco su actual paradero.
Adrián Castro Febles, entrañable amigo de aquellos años, guajiro avileño con vocación literaria, fue después profesor de filosofía del Pedagógico de su ciudad. Vive actualmente en España.
Mayda, no recuerdo sus apellidos ni conozco su actual paradero. Condiscípula.
Luis J. Suárez Martín, mi mejor amigo. Fuimos compañeros de estudio en la Escuela Vocacional Lenin, en la Preparatoria Hermanos Saínz y en Kíev, donde compartimos la habitación de la beca hasta que me casé (por primera vez). Doctor en Filosofía por la Universidad de La Habana y profesor titular del Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana, donde sus alumnos solían reconocerlo cada año con el título de "Tiza de Oro", que la FEU otorga a los mejores docentes. Padece de una enfermedad que le impide hoy impartir clases.
Autorretrato, 1982.

A propósito de Cuba y la colaboración internacional (II)

 Guatemala, 1999, médicos cubanos. Foto de Enrique Ubieta Gómez
José Luis Rodríguez
La iniciativa venezolana de considerar como bienes transables los que se incluyen en la colaboración cubana, no solamente representó una notable muestra de solidaridad con los esfuerzos que venía realizando el gobierno cubano en la ayuda a otros pueblos, sino que permitió que la Isla comenzara a percibir ingresos que llevaron el saldo de la balanza comercial total de déficit a superávit a partir de ese momento, lo que posibilitó hacer sostenible y ampliar esa política.
Otras naciones como Ecuador y Sudáfrica también procederían a compensar los servicios médicos brindados por Cuba en base a sus posibilidades económicas.
El caso más reciente que asumió esa modalidad ha sido Brasil, donde el gobierno de Dilma Rouseff decidió emprender hace un año atrás la operación “Más médicos”, con vistas a expandir los servicios a las regiones más desfavorecidas en el norte y el nordeste de ese territorio, tomando en cuenta que la densidad de médicos por habitante era de solo 1,8 por 1000.
Para esta operación se requerían 15 460 profesionales de la salud, de los cuales se contrataron originalmente 3 891 facultativos brasileños, los que finalmente se redujeron a 938, evidenciando la necesidad de acudir a otros en el extranjero, fundamentalmente de Uruguay, Argentina, España, Portugal y Cuba. 
Hasta el presente, Cuba ha aportado 11 456 médicos a esta operación a través de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), los cuales cubren con sus servicios más de dos mil pueblos en 26 estados brasileños, brindando así una asistencia que abarca el 74,1% de la demanda planteada.
Al igual que ha ocurrido con la presencia de médicos cubanos en Venezuela y otros países latinoamericanos, también ahora se ha desatado una intensa campaña mediática contra los especialistas cubanos, a los que se acusa de desplazar a sus homólogos en esos países. Se trata así de esconder otras realidades, no por ocultas menos objetivas y en muchos casos dolorosas también.
En primer lugar, los cubanos acuden allí donde no hay servicios médicos. En países muy pobres la ausencia del personal de salud es casi absoluta, pero donde existe –como es el caso de Venezuela o Brasil– muchos médicos no se contratan para trabajar en los servicios públicos y mucho menos acuden a las regiones donde más se les necesita. Desafortunadamente, más allá de recibir un ingreso acorde con su aporte social, la lógica de la competencia en una economía de mercado impulsa a ir allí donde más se gana y no donde más lo requiere la sociedad.
En segundo término, si los gobiernos de las naciones que contratan médicos de otros orígenes se decidieran a captar personal compitiendo con el muy rentable sector privado de la medicina, tendrían que enfrentar erogaciones insostenibles para el presupuesto público. Baste recordar que, según estudios realizados en América Latina, el gasto de un paciente atendido en Brasil por la medicina privada, basada en el sistema del seguro médico, equivale como promedio a 606 dólares por año, mientras que en Venezuela una consulta básica de medicina puede llegar a costar el equivalente a 127 dólares.
Desde luego que no son estas las bases de cálculo de los programas de colaboración cubanos, que no se rigen por la cotización del mercado internacional para estos servicios, ni por los costos de la formación del personal de alta calificación.
Lo que se pretende ocultar es que si hoy Cuba recibe ingresos que alcanzan miles de millones de dólares no es por las tarifas que impone, sino por la presencia de 64 362 especialistas en 191 países, muchos de ellos sin costo alguno.
En tercer lugar, la colaboración cubana con otros pueblos no es el resultado de esfuerzos individuales, sino que debe entenderse como una política defendida por el Estado cubano durante más de 50 años, y que se apoya en el uso de los recursos que ingresan al país no únicamente para el disfrute personal de los que crean la riqueza, sino en las necesidades de toda la sociedad.
Esto no excluye que en la medida en que la sociedad cubana pueda reconocer mejor el esfuerzo de sus trabajadores no incremente los ingresos personales de estos. El aumento salarial recién aprobado el presente año para el personal médico, unido a una mayor participación en los ingresos en las divisas que generan mientras permanecen en el exterior, ofrece un evidente testimonio de esa política.
Cuba ha desarrollado una colaboración con otros pueblos basada en brindar servicios de alta calidad y bajo costo, compensando parte de los gastos en la misma medida en que los ingresos no entren en conflicto con los principios de la más profunda solidaridad.
La motivación esencial que ha llevado a miles de nuestros médicos y maestros a trabajar voluntariamente alejados de su familia y en muy difíciles condiciones, salvando vidas o enseñando a miles de kilómetros de su patria, es la convicción de que nada hay más importante que la vida y la dignidad del ser humano. El valor de esos principios no tiene una expresión monetaria.

lunes, 22 de septiembre de 2014

A propósito de Cuba y la colaboración internacional (I)

Nicaragua, 1999, después del Mitch. En la foto aparece el editor de este blog, junto a un médico cubano
José Luis Rodríguez
La colaboración internacional brindada por Cuba a otros países es un tema cuyo análisis objetivo no abunda en los medios de casi todo el mundo. Sin embargo, en los últimos tiempos han aparecido referencias al tema en diversos trabajos que cuestionan el cobro de servicios a un grupo de naciones que se encuentran en condición de compensar sus elevados costos. Da la impresión de que este tipo de consideraciones busca trasladar la imagen de que el país persigue ganancias millonarias con la asistencia médica o educacional que brinda a otros pueblos, o que trata de adquirir influencia política a cambio de esos servicios.
En este sentido, resulta importante recordar que tras el triunfo de la Revolución cubana ha habido pruebas, durante más de 50 años de vocación humanista y solidaria, que desmienten otras interpretaciones con las que se pretende juzgar la comercialización de servicios de fuerza de trabajo calificada que el país exporta en la actualidad.
Desde que Cuba formó una brigada médica para ayudar a las víctimas de un fuerte terremoto que azotó Chile en 1960 –en medio de la deserción masiva del 50% de los del país que marcharon a los Estados Unidos– hasta el pasado año, el país envió 836 142 civiles a 167 naciones diferentes como ayuda para enfrentar graves carencias, especialmente en la esfera de la salud. De esa cifra actualmente permanecen trabajando más de 64 362 especialistas en 91 países, unos 48 270 como personal de salud, incluyendo alrededor del 20% de los médicos del país.
Durante los primeros años de la Revolución, la asistencia médica se otorgó prioritariamente a aquellos países que luchaban por su liberación y que –a su vez– presentaban situaciones sanitarias críticas. De tal modo, dos de las brigadas médicas más importantes de aquellos años se dirigieron a Guinea y Tanzania. Esa línea de acción en África se extendería hasta los años 70 y 80 del pasado siglo, con una participación destacada de nuestro personal médico en Angola y Etiopía.
En los años 90 se estableció el Programa Integral de Salud, mediante el cual se dio un enfoque más efectivo a la asistencia brindada por Cuba, incluyendo los medicamentos, equipos médicos y preparación de personal.
Los desastres naturales a partir de los huracanes que azotaron Centroamérica y Haití en 1998-99, así como las inundaciones en el estado de Vargas, en Venezuela, generaron el despliegue de brigadas médicas cubanas integradas por cientos de especialistas que posibilitaron una mayor eficiencia en el trabajo asistencial.
Una estructura más especializada en el enfrentamiento emergente a desastres naturales se creó con la Brigada Henry Reeve en 2005, que ofreció sus servicios al gobierno de los Estados Unidos para enfrentar los efectos del huracán Katrina en Nueva Orleans. Este ofrecimiento inicial no fue aceptado pero la brigada cumplió hasta el 2012 doce misiones en diferentes países, especialmente en Pakistán, con 2 250 efectivos para hacer frente a las consecuencias de un fuerte terremoto, y nuevamente debido a un terrible huracán en Haití, con 923 participantes en 2010-2011.
En lo referido a la preparación del personal médico por parte de especialistas cubanos, entre 1976 y 2005 Cuba fundó escuelas de medicina en Yemen, Guyana, Etiopía, Uganda, Ghana, Gambia, Guinea Ecuatorial, Haití, Guinea Bissau y Timor Oriental. A ello se añadiría la creación de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) en 1999, que ha graduado a más de 20 mil médicos desde entonces, y el Programa de Formación de Médicos venezolanos, que tenía una matrícula de 30 mil jóvenes en 2012, entre los proyectos de mayor envergadura.
Además de todo lo anterior, en el ámbito de la colaboración internacional brindada por Cuba no puede pasarse por alto que también en la esfera de la educación se ha brindado una importante contribución. Basta señalar los más de 1 200 maestros que enseñaron en Nicaragua a inicios de los años 80 y los 21 mil profesores que integraron el Destacamento Pedagógico Internacionalista Che Guevara para impartir docencia entre 1978 y 1984 en Angola. A ello habría que añadir la implementación del método de alfabetización “Yo sí puedo”, que ha beneficiado al menos a 8,1 millones de personas en 29 países.
Hasta 2004 todas estas misiones fueron asumidas mayoritariamente con recursos aportados por Cuba. De tal forma, siguiendo la metodología empleada entonces para calcular la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), se estimó que en los años 80 Cuba destinó a ese objetivo el 0,72% de su PIB, cifra que se elevaría al 2% en 2004, muy por encima del compromiso de 0,7% asumido por los países más desarrollados del mundo, pero escasamente cumplido solo por un pequeño número de ellos.
La enorme magnitud de ese esfuerzo fue valorada en diciembre de 2004 cuando el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, propuso que la masiva asistencia médica que Cuba brindaba a su país desde años anteriores pasara a ser un bien transable y –por tanto– fuera compensada monetariamente a partir de los recursos de Venezuela como país petrolero.
Fue a partir de esa decisión cuando –tomando en cuenta el monto de los recursos que ya se empleaban en el caso venezolano, y considerando las favorables condiciones económicas de ese país– se comenzaron a cobrar en una magnitud importante los servicios médicos brindados por Cuba, así como otros servicios en las esferas de la educación y el deporte básicamente. (Continuará)

domingo, 21 de septiembre de 2014

Buitres recargados: Madelein Albright entra en escena

Atilio A. Boron
Con su respuesta dejó estupefacta a su  entrevistadora. Le había preguntado si el medio millón de niños que habían muerto a causa del bloqueo decidido por los Estados Unidos contra Irak desde 1990 (y convalidado, a su pedido, por el Consejo de Seguridad de la ONU) había sido un precio justo a pagar, si este terrible genocidio infantil había “valido la pena.” La pregunta que en 1996 le hiciera Leslie Stahl, conductora del Programa “60 Minutos” a la por entonces embajadora de Estados Unidos ante la ONU durante el primer turno de la Administración Clinton, decía textualmente: “Hemos oído que medio millón de niños han muerto. Quiero decir: esto es más que los niños que murieron en Hiroshima. … ¿Valía la pena pagar este precio?” Sí, dijo Madelein Albright sin hesitar, pues de ella se trataba: “nosotros creemos que valió la pena”. El “nosotros” aludía a su jefe, Bill Clinton, su gabinete, los congresistas que apoyaron la agresión y, por supuesto, ella misma. Lo dijo sin inmutarse, sin que ese perverso holocausto dibujara siquiera fugazmente una huella de compasión o arrepentimiento en las duras facciones de su rostro. Un atroz crimen de guerra había “valido la pena” para este siniestro personaje. Y muchos más crímenes se perpetrarían en los siete años siguientes, durante el segundo mandato de Bill Clinton –y con ella como Secretaria de Estado- y por George W. Bush hasta la invasión y destrucción producida en 2003 del país que muchos historiadores, arqueólogos y antropólogos no vacilan en caracterizar como una de las fuentes de nuestra civilización.
Albright es una arquetípica representante del imperialismo norteamericano, de su desprecio por la legalidad internacional y del racismo genocida que informa su vida política tanto al interior de Estados Unidos (recordar lo ocurrido en Ferguson hace unas pocas semanas) como en el exterior. Si ahora nos ocupamos de ella es porque días atrás la firma consultora que preside anunció que había sido contratada por los fondos buitre para buscar “una solución satisfactoria” al litigio desatado por el fallo del juez Thomas Griesa. Obviamente, Paul Singer y sus compinches buscaron a alguien con enorme experiencia política y fluidos contactos con los grupos dominantes del imperio (amén de su espeluznante orfandad de criterios morales) para colaborar con  la gavilla de tahúres financieros empeñados en poner de rodillas a la Argentina y concretar así un fabuloso negocio.  Una persona cuya inescrupulosidad fue templada durante los ocho años de la Administración Clinton, cuando siendo Secretaria de Estado defendió los bombardeos indiscriminados sobre Afganistán y Sudán en 1998 y, al año siguiente, justificó la intervención de Estados Unidos para destruir a la antigua Yugoslavia propiciando el bombardeo que durante dos meses devastó a ese país. Esta decisión, instrumentada por la OTAN bajo el liderazgo de Washington fue llevada a cabo en flagrante violación de la Carta de las Naciones Unidas y sin contar con la imprescindible aprobación del Consejo de Seguridad de esa organización, cuestiones estas que fueron desdeñosamente ignoradas por la Sra. Albright. La intrusión  de los Estados Unidos junto a sus lacayos europeos en los Balcanes desencadenó –tal como luego ocurriría en Libia y ahora en Siria- una de las guerras civiles más sangrientas que se tenga memoria, en ocasión de la cual  se produjo “por error” el bombardeo de la embajada de la República Popular China en Belgrado. Súmesele a todo lo anterior el protagonismo de Albright en el mantenimiento del  bloqueo y los periódicos bombardeos sobre Irak; el velado apoyo del gobierno norteamericano a la operación “Hermanos al Rescate”, una provocación montada por la mafia anticastrista de Miami y que culminó con el endurecimiento del bloqueo contra Cuba y la sanción de la infame Ley Helms-Burton;  y, por último,  el golpe de estado en Haití y la imposición de un gobierno, el de Jean-Bertrand Aristide, con la condición de que ejecutara el programa económico dictado por la Casa Blanca para aventar cualquier esperanza de que algo bueno para la Argentina podría provenir de la mediación de un personaje que fue artífice o apologista de todas estas tropelías.
Dos consideraciones finales en torno a esta noticia. Primero, para destacar la inmoralidad de una persona que finaliza su carrera política y administrativa y que pese a gozar por el resto de su vida de una espléndida jubilación vuelca sus energías para acrecentar su fortuna traficando influencias para favorecer a ricos y poderosos, porque esto es lo que hacen consultoras como las de Albright o la más famosa de Henry Kissinger. Podría utilizar su tiempo libre y su generosa pensión para el logro de fines más elevados, pero este razonamiento no encuentra eco en esta clase de personajes. Segundo, es un dato bien significativo (y que los retrata de cuerpo entero) que los fondos buitre hayan solicitado los servicios de alguien con la catadura moral de la ex Secretaria de Estado para que “solucione” el diferendo que enfrenta a la Argentina con la fracción más predatoria y repugnante del capital financiero internacional. Fiel a sus profundas convicciones es de esperar que Albright proponga una “solución” en línea con su defensa del genocidio infantil practicado en Irak: un ajuste salvaje en la Argentina donde mueran los que deban morir, se enfermen los que deban enfermarse, se excluya y oprima a los que deben ser excluidos y oprimidos, y caigan en la miseria y la pobreza más abyecta quienes deban necesariamente caer para cumplir con el insanablemente injusto, ilegal e inmoral fallo de Griesa y que los buitres se apropien de la carroña que los alimenta en todo el mundo. Si llegara a consumarse esa tragedia, cosa que no creo, seguramente que en una futura entrevista Albright también diría que  todo este sufrimiento que gracias a sus buenos oficios le infligió al pueblo argentino “valió la pena.”

sábado, 20 de septiembre de 2014

Palabras Cruzadas: Con el fuego en la línea

Antonio Rodríguez Salvador
Tomado de Escambray
En 1943, José Ángel Buesa publicó Oasis, un poemario menor que devino extraordinario fenómeno de ventas. No había bar, boda, fiesta de quince donde no se recitara: “Pasarás por mi vida sin saber que pasaste/ pasarás en silencio por mi amor, y al pasar/ fingiré una sonrisa como un dulce contraste/ del dolor de quererte… y jamás lo sabrás”.
Ese mismo año, Virgilio Piñera publicó un poemario medular: La isla en peso. Apenas 120 ejemplares numerados que casi íntegramente debió regalar. Dos años antes, José Lezama Lima también había publicado otro libro imprescindible para la literatura universal: Enemigo rumor, e, igualmente, fue un desastre de ventas.
En los años 50, cuando Angelito Valiente y Jesús Orta Ruiz improvisaban décimas en abarrotados estadios de béisbol, Eliseo Diego, muy deprimido, no sabía qué hacer con los 300 ejemplares de ese gran libro que es En la calzada de Jesús del Monte. Lezama, que ya tenía bastante experiencia en materia de bancarrota literaria, lo aconsejó: “Divide los ejemplares en tres grupos: en el primero estarán los libros para los amigos y los poetas que admiras. En el segundo, los de la gente que te interesa que los tenga. Y en el tercero, los de la gente que no te interesa, pero que es conveniente que sepan, al menos, que publicaste un nuevo título”.
En cambio, el poeta griego Constantino Cavafis se tomaba a bien ser un autor de pocas ventas. En 1907 escribió: “Cuando un escritor tiene certeza de que se venderán pocos volúmenes de su edición, obtiene una gran libertad en su trabajo creador. El escritor que tiene ante sí la seguridad de vender toda su edición, es a veces influido por la venta futura… Y no hay nada más destructivo para el Arte (tiemblo con solo pensar en esto) que cierto fragmento sea redactado de manera diferente o sea omitido”.
A este influjo se resistió Luis de Góngora y Argote, un grande del Siglo de Oro español. En 1623 intentó publicar su obra, sin lograrlo, porque no quiso cumplir exigencias del patrocinador.
Traigo a colación estas anécdotas por dos razones. Primero, porque la comunión de las palabras venta y arte no siempre convergen con la combinación calidad, trascendencia y genio —incluso, diría que la divergencia es mayor cuando se habla de poesía—. Y segundo, porque recientemente leí en Escambray un artículo titulado Líneas a fuego lento, donde este asunto no parece quedar claro.
Hay una diferencia significativa entre vender arte y vender pan. El pan tiene un valor inmediato: lo consumes ahora o se pone duro; pero el arte reta al tiempo: si es de ley, su valor crece con los años. Creo que el campeón de esta máxima es Van Gogh. Apenas vendió un par de cuadros en su vida y, sin embargo, hoy cualquiera de sus obras vale millones. De Cervantes se podría decir otro tanto: su Quijote siempre será contemporáneo.
Desde luego, no seré yo quien diga que no es bueno vender muchos libros. También hay excelentes poetas muy comerciales: Neruda, por ejemplo; Benedetti en menor medida; pero el mencionado artículo fue publicado en la página 6, cuyo tema es la cultura, y no en la 5, donde se abordan asuntos de la economía.
De tal modo, creo que el verdadero valor de un poemario no debe medirse por su venta inmediata, sino por su originalidad e interés estético, su trascendencia y capacidad de poner cotas altas al ser humano. La cultura es nuestra gran riqueza, el invaluable tesoro que nos distingue y, como Cavafis, tiemblo cuando la veo sometida a las leyes de oferta y demanda.
Pero bien, ya que otro es el rumbo, vayamos entonces por él. Mecanismos para vender más, hay muchos. De entrada, descender la literatura a lo que el común de los lectores quiere leer es un buen artilugio. Emita un libro de burlas a la gastronomía, o a los precios del agro, y verá. Escandalice, proponga ideas menores; como dice el eslogan: “lenguaje de adultos, violencia y sexo”, y su libro competirá con otros fenómenos de mucho ruido y pocas nueces como el thriller o el reguetón.
Así el autor tendría muchos lectores, pero en igual medida se alejaría del arte. Naturalmente, el reto es lograr que el libro despierte interés, pero sin acudir a sacrificios de estilo, trivialidades o “tecniquerías” (según Borges, esta palabra es de Unamuno).
En cualquier caso, Ediciones Luminaria suele publicar pocos ejemplares: unos 500 por título. Esto nos lleva a dos razonamientos. Primero: considerarse muy leído porque 500 personas compren tu libro es, cuando menos, una presunción. Segundo: en Cuba hay más de 200 librerías —los 30 ejemplares que tocan por provincia caben en una bolsa—; de modo que no hay razón para que se acumulen los libros de Luminaria en una sola de ellas. Decir entonces que se ha promovido bien al autor es otra presunción.
El libro en Cuba está fuertemente subsidiado. Hace unos meses pregunté a Senel Paz cuánto costaba en Europa su novela En el cielo con diamantes. Veinte euros, respondió. Sin embargo, aquí se vendió a 20 pesos.
Ahora bien, ya sabemos que rentabilidad y subsidio son dos palabras que se riñen por opuestas; de modo que si el Estado cubano decide subsidiar el libro, no es porque precisamente lo vea como una mercancía. En cualquier caso, vale la reciente precisión de Zuleica Romay, presidenta del Instituto Cubano del Libro: “En Cuba el libro nunca será mercancía en primer lugar, sino siempre en último”.
Y esto porque nadie tiene derecho a malgastar los recursos que el país dispone para la producción de libros: un derroche que no solo ocurre cuando la tirada es excesiva, o no se distribuye bien, o se sobredimensiona la plantilla de una editorial, sino también cuando se tuerce el concepto literario y se publican libros con evidente intención mercantilista.
Por último, me detengo en la palabra traza (polilla) empleada por el autor del artículo. Como imagen de poca venta me parece inexacta, porque, a fin de cuentas, las trazas tampoco perdonan los libros comprados por el cliente, ni aun aquellos que se atesoran en las bibliotecas. Pero cuando se habla de arte hay otro tipo de traza a la que sí debemos temer. Una polilla metafórica que se come y reduce al olvido todo lo que huela a mediocridad.
En fin, para cerrar con algo de poesía este asunto de tan poco favor poético, quizá aquí quepa el concepto expresado por José Martí: “Poesía es poesía, y no olla podrida, ni ensayo de flautas, ni rosario de cuentas azules, ni manta de loca, hecha de retazos de todas las sedas, cosidos con hilo pesimista, para que vea el mundo que se es persona de moda, que acaba de recibir la novedad de Alemania o de Francia”.

XOCHICUICATL CUECUECHTLI

Alberto Híjar Serrano
El anuncio ofrecía una opera en náhuatl pero resultó otra cosa anotada como subtítulo: “canto florido de travesuras”. Una hora antes de la representación, una mesa con tres invitados y el autor, explicó que el náhuatl no sólo es un idioma, sino una cultura con usos y costumbres bien diferenciados y sobrevivientes a la invasión española y a la destrucción de todo aquello que comunicaba el modo de ser indígena. Se salvó de la pira, el Xochicuicatl rescatado por Fray Bernardino de Sahagún por ahí de 1540. Otras dos versiones existen en códices. Los piadosos inquisidores consideraron en su barbarie eurocéntrica que el texto era inofensivo por narrar relaciones entre pájaros, flores y mariposas. El sentido simbólico originario quedó a salvo para los estudiosos y ahora la ópera, por llamar de alguna manera inteligible a la puesta en escena, muestra con articulaciones significantes variadas, el profundo uso del erotismo en todo su esplendor gozoso, telúrico, complejo.
Gabriel Pareyón, el joven autor, explica su obra como resultado de un trabajo de investigación de los Mexicacuicatl o Cantares Mexicanos incluyentes del género Xochicuicatl Cuecuechtli, narración erótica con recursos significantes variados que aluden al placer sexual entre metáforas y juegos de palabras que van dejando en claro lo que construyen las esplendorosas flores cantarinas y sensuales frente al visitante tohuenyo alburero y ofrecedor del chile y otras suculencias. Cuicamatini- Xochipilli enuncia y vigila todo lo que está en juego con su calidad de numen mayor. Las percusiones de 20 huehuetls y 20 teponaztlis acompasados con ocarinas, sonajas, silbatos agudos y un caracol con su grave solemnidad, alternan con las voces que prolongan notas agudas para construir las palabras integrales de la narración asumida con los cinco sentidos. Un telón con espigas de maíz verticales, los atavíos discretos de color crudo y los movimientos de los cuerpos, dan a entender lo que la síntesis en español en una pantalla en las alturas va narrando. Un erotismo ajeno a las vulgaridades de la industria del espectáculo, construye una dimensión estética clara y emocionante sin estridencias.
Patrick Johansson explicó en la conferencia introductoria y en el excelente programa-folleto que “en el Cuecuechcuicatl (canto travieso) palabras y frases con un tenor sexual explícito o encubierto se combinaban con gestos, circunvoluciones y contorsiones lúbricas para exponer un erotismo ritual o lúdico” o las dos cosas según se pudo apreciar. La aportación del grupo Kuauhkiauhtzintli, (Lluvia de Palos), resulta tan fundamental como el diseño escénico de Enid Negrete y la dirección general de José Navarro.
El grupo de tres ahuiani, “las alegradoras de delicioso aroma”, se deslizan con discreta sensualidad mientras usan la voz como instrumento musical capaz de sonidos agudos, susurros, gritos, al ritmo de sus movimientos cadenciosos. Discretos trazos coloridos en los brazos, muslos que salen de un corte en la saya, el torso desnudo del Tohueyo contribuyen al erotismo en el que cuentan las largas cabelleras. César Juárez
-Joyner es Cuicamatini-Xochipilli-, las ahuiani con atributos diferenciados son Silvia Moreno, Priscella Uvalle y Abril Mondragón o Juana Libertad. El Tohueyo es Ricardo Díaz. Todo el equipo de actuación y producción está encabezado por estudiosos de muy alto nivel académico. Los actores y actrices alternan la preparación musical o acrobática y dancística, con el conocimiento histórico.
La obra cuenta con el apoyo de la Universidad de Colima y el Centro Cultural El Tecolote de Arcelia, Guerrero, donde estrenaron la “ópera” con buena recepción. Johansson advierte que el erotismo peculiar que inspira a los participantes y en especial a Gabriel Pareyón que escribió entre junio de 2011 y enero de 2013, “después de más de diez años de investigación en fuentes literarias, musicales y lingüísticas”, están movidos por el sentido del cuecuech definido por el lexicógrafo decimonónico Rémi Siméon como “osado, desvergonzado, imprudente” que da nombre a Cuextlan, un lugar en la Huasteca reconocido por su alegre erotismo.
Una vitrina con el huehuetl tocado en el estreno de la Sinfonía India de Carlos Chávez, ocarinas, sonajas y cascabeles de la colección del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical Carlos Chávez del INBA, fue instalado en el vestíbulo para gozo de quienes asumimos la apreciación de Johansson de saber lo que se siente.   
Septiembre 2014

jueves, 18 de septiembre de 2014

Diálogo con los estudiantes de la facultad 5 de la UCI, a propósito del libro Ser, parecer, tener

Ayer, sostuve un intenso y gratificador diálogo con jóvenes estudiantes y profesores de la Facultad 5 de la Universidad de Ciencias Informáticas, a manera de presentación de mi libro Ser, parecer, tener (La Habana, Casa Editora Abril, 2014).
Aquí está el link de la nota que pusieron los muchachos de la UCI
Y aquí los enlaces con los comentarios que aparecieron en julio sobre el libro, en La Jiribilla y en este blog
Alpidio Alonso Grau
Omar Valiño 
Elier Ramírez Cañedo
Pedro Pablo Rodríguez
Raúl Antonio Capote
 Escultura de Julio Antonio Mella, en la Plaza de la UCI que lleva su nombre, realizada por José Villa
Mella, el eterno estudiante revolucionario
Plaza y escultura Niemeyer: un monstruo de boca abierta y un cubano de bandera en puño que lo enfrenta, como símbolo de la resistencia de nuestro pueblo frente a las agresiones del imperialismo
FOTOS DE LA PRESENTACIÓN (fotos de Daynet Rodríguez)

Obama va a la guerra (I)

Ángel Guerra Cabrera
La solemne declaración de guerra del presidente de Estados Unidos Barak Obama contra el llamado Estado Islámico(EI), además de patética, es una evidencia cristalina del cinismo cada vez mayor de la elite política de “Occidente”. El comandante en jefe de la primera potencia militar del planeta y premio Nobel de la Paz declara la guerra a otra pandilla de asesinos gestados por ella misma, como en su momento hizo Bush contra Al Quaeda y Osama Bin Laden. Sus palabras, por cierto, recordaban mucho las de su antecesor.
No he podido encontrar mayor diferencia entre el planteamiento ideológico y político del EI y de Al Queda pues ambos propugnan el establecimiento de un califato islámico y la aplicación de una versión aberrante de la sharia, o ley islámica,  en el mundo entero.
Lo que sí une muy claramente a estas dos organizaciones es el hecho de haber surgido a consecuencia de las políticas de guerra, saqueo, pillaje y masacre de civiles llevadas a cabo por Estados Unidos y sus aliados contra los pueblos musulmanes, en particular contra los sectores que adhieren a la vertiente sumnita del islam. Sabido es de sobra que Washington también agrede a pueblos, Estados y organizaciones de integración mayoritariamente chiíta –la otra gran rama del islam- como es el caso de Irán y de Hezbolá en Líbano, con más odio si cabe que a los sumnitas, toda vez que el estado persa y la resistencia patriótica libanesa están entre las fuerzas que rechazan más eficazmente las políticas imperialistas y sionistas.
Un resumen de las guerras de Estados Unidos en las últimas décadas nos lleva a Afganistán, donde la CIA, en alianza con el ultrarreaccionario reino saudita y los servicios especiales de Pakistán armó una legión de extremistas fanáticos(los futuros talibanes) para combatir a las tropas de ocupación soviéticas, destruir al estado laico y suprimir las corrientes progresistas existentes dentro del país. De esa alianza surgió Al Quaeda bajo la dirección de Osama Bin Laden, príncipe saudita y destacado operador de la CIA contra los soviéticos. Aunque no es materia de este artículo cabe señalar que la invasión de Afganistán fue uno de los más graves errores de la política exterior de la Unión Soviética.
Entre las consecuencias fundamentales de las guerras recientes de Estados Unidos está la destrucción del Estado iraquí y la muerte de cientos de miles de sus habitantes, incluyendo decenas de miles de niños. Irak era un estado laico que, con todos los peros que se quieran, mantenía una actitud de resistencia a la expansión imperialista y sionista en el Medio Oriente. País floreciente por su pujante desarrollo económico, político, social y cultural, donde no existían apenas rencores entre sunitas y chiítas, ni entre estos y las minorías cristianas y turcomanas, Estados Unidos destruyó sistemáticamente su extraordinaria infraestructura industrial, de servicios y comunicaciones con la suma de sus odiosas sanciones y la llamada guerra del Golfo(1990).
Su última agresión en 2003, basada en la repugnante mentira de que Irak poseía armas de destrucción masiva, pulverizó lo que podía quedar en pie y  mediante una política deliberada de contrainsurgencia empujó al odio entre sus comunidades confesionales y étnicas, que ha llevado a una cadena de masacres sectarias y a la muerte o emigración de miles de profesionistas, científicos e intelectuales de ambos sexos, así como de clérigos.
Una vez ocupado Irak, Washington escogió gobernarlo apoyándose en los más deleznables personajes de su mayoritaria comunidad chiita, que siguieron un política de exclusión y represión de los musulmanes sumnitas, cuando menos apoyada tácitamente por los ocupantes.
Renglón aparte merecen los kurdos de Irak, realmente oprimidos desde siempre, como en general, en todos los estados donde reside esa minoría, pero cuya dirección política actual en Irak es aliada de Estados Unidos e Israel.
El huevo de la serpiente del EI se concibió en Afganistán, más tarde se empolló en Irak y se multiplicó exponencialmente con las guerras imperialistas contra Libia, Siria, las zonas tribales de Paquistán y Yemen así como Somalia. En Libia y Siria Estados Unidos congregó a decenas de miles de extremistas sumnitas financiados y espléndidamente armados por Quatar, Arabia Saudita y otras petromonarquías árabes para lanzarlos al cuello del gobierno legítimo de Bashar al Assad. Jordania y Turquía facilitaron el paso a Siria, inteligencia y el entrenamiento de muchos de ellos.